El Respeto ha muerto

El Respeto ha muerto

El Respeto ha muerto

Para comenzar establecer el profundo pésame de esta entidad y anunciar su inevitable muerte.

Parece que hemos olvidado y dejado de lado unas de las características mas enriquecedoras del ser humano, en general la impronta del YO ego ha ido de mal en peor, la pusilánime vida cotidiana, la dificultad por empoderarse de las cosas que realmente importan y la banalidad con que obedece el destajo, han sido unas de las tantas acciones a contratiempos para ir olvidando aquella característica tan noble.

Hoy, al precipitarnos en aquello llamado progreso y modernidad, nos hemos subido al carro del carnaval y la vida fácil, del YO Primero antes que todo, del sopesar inclusive la dignidad para alcanzar la meta en el primer lugar y aunque éste alegato no tiene la intención de una proclamación para enfrentar la vida con pasividad, sino todo lo contrario, enfrentar con hidalguía y coraje, pero como bien ciñe la palabra, con respeto.

Solo mencionar algunas áreas donde conforman entorno y se constituye el entorno cotidiano.

La política está  mostrando cada vez su peor cara, con decisiones tomadas a través de pseudo donaciones de grandes grupos de empresas, de hecho grito a voces, es conocido que grupos económicos al momento de las elecciones apuesta a ganador donando a ambos sectores.

Grandes sumas de dinero se pasan de mano en mano como si se tratase de pesos más, pesos menos, por supuesto no acorde a la realidad país.

La televisión entretiene con contenidos donde muestran realidades de sectores privilegiados y para empatar audiencia rellenan con documentales para que la mayoría de los sectores mas pobres se sientan participes.

En arquitectura, los cascos históricos son derrumbados para construir legos supuestamente con el discurso del progreso y la modernidad.

El cobre ya casi no le pertenece al país, las grandes ganancias son para las transaccionales cuyo impuesto cobrado por extraer riquezas de nuestro país es insuficiente e insólito.

El agua en sectores mineros es contaminada, los pueblos aledaños presentan fuertes químicos donde el agua ya no alcanza a ser potable y niños están acarreando problemas serios de salud.

En los servicios de salud públicos, basta llegar con un corte en la mano para salir con una pierna amputada, sin mea culpa alguna del centro medico ni presentación de la negligencia siquiera por un poco de caballerosidad ni honor.

En el transporte público, nos jodimos el viaje discutiendo unos a otros sin darnos cuenta en lo que estamos inmersos, simples animales en un carro tecnológico, y los dueños riendo ante paneles llenos de cámaras, donde los operadores de algún modo asienten y agachan la cabeza.

Las redes sociales, atestadas de pseudo lenguajes listos para batallar al primer indicio de desacuerdo o descontento, preparando el teclado para el próximo brote de impaciencia.

La educación, ni hablar de la sarta de deudas históricas, promesas incumplidas por una razón tan sencilla como un bien común para toda la sociedad que pide a gritos comenzar a mejorar.

La pesca y la agricultura, ya está usurpada por las industrias dejando las sobras para quienes puedan recoger lo que boto la ola y hacerlas artesanía en un puesto o en una alfombra en la avenida principal de la playa.

La naturaleza sufre poniendo cara triste cada día como aquel hombre la ultraja con la violencia de toneladas de maquinaria automatizada.

Los gobiernos se cierran el ojo uno a otros en señal de cooperación y desconcierto por saber cual es el real vivir de ellos y de los que piden, por supuesto también de los que callan y asumen.

Como no olvidar las fiestas patrias y las largas filas para el carnaval, donde cada quien celebra obedeciendo por primera vez su ser sincero embriagando todo aire al pasar.

Demas esta mencionar las fiestas de fin de año donde el consumo abre sus brazos en gloria y majestad, llegando a la comida principal entre empujones, manotazos y groserías para conseguir el regalo que causa felicidad, olvidando todo objetivo final donde la búsqueda de la familia no está en el señor consumo sino en el señor abrazo.

Ya los ancianos son un lastre para la sociedad, la mirada de la sabiduría y el reposo fue tirada a la basura.

Solo algunos ejemplos de la vida cotidiana y urbana para dar cuenta y mejorar conciencias, para que las nuevas generaciones y actuales educadores puedan dar su pésame y a ver si en una de esas se logra resucitar a tan noble entidad.

Firma: El Respeto

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