De la Trascendencia al Cónclave Reformista

De la Trascendencia al Cónclave Reformista

De la Trascendencia al Cónclave Reformista

De una u otra forma, siempre ha existido en el inconsciente colectivo de las civilizaciones la conceptualización de la trascendencia, ya sea en la visión de una mera herencia material como de la más profunda emocionalidad espiritual a manera de un alma voluntariosa.

Todo esto, de la mano de un desarrollo evolutivo del pensamiento y entendimiento, alimentado culturalmente por el contexto histórico inherente a cada época.

Este último aspecto, el que está más allá de la simple tangibilidad, es el que tiene y cobra especial relevancia en nuestros tiempos, aún más que en anteriores, y sin duda debiera sentar precedente al mañana, para dar comprensión y comprehensión al singular movimiento de engranajes individuales, pero que no están ajenos a la confabulación cosmológica del devenir.

Salir de la inercia inmanente para ser trascendente en la proximidad, para aportar y nutrir nuestro entorno íntimo al alcance de nuestra limitada y física capacidad

Un ejercicio que sin dudar requiere de una voluntad consciente y alimentada epistémicamente, que aún pudiendo carecer de la formalidad aprehendida, intuitivamente es parte de nuestra esencia presente, la cual está dormida en algunos casos, aislada en otros, pero que aún escondida en lo más recóndito del ser, siempre permanece a la forma de implacable certeza propia de nuestra naturaleza.

Ya de por sí, es posible denotar e incidir en consecuencia que nuestra propia existencia es semejante al eterno retorno que da cuenta de nuestro pasado, de nuestra historia, de nuestro recorrido, símil a las huellas del caminante en la orilla de una playa, porque si no vislumbro mi destino, mal podría sensibilizar mi actuar, y más aún desconocer mi avance.

La figura trascendental asoma cuando somos conscientes del alimento colectivo que cosecha el futuro, fruto del incansable esfuerzo por proyectar una temática intangible y enriquecedora, ajena al egoísmo de nuestra sombra mediata.

Aquella que tornándose del cimiento evolutivo, afanosa de prosperidad, nutrida en lo aprehendido de las cosas, define irrestrictamente nuestro curso o plan de ruta evolutiva.

Hoy por hoy, tenemos un trascendental llamado ligado a nuestra Reforma al Sistema Educacional, un ejercicio transversal no exento de vicisitudes y discusiones que aunque parecen nublar el puerto al horizonte, como a Odiseo por arribar a Itaca, es así como no podemos cesar el esfuerzo.

Debemos ser capaces de distender al máximo nuestro arco de posibilidades.

Empecemos de una buena vez a caminar esta nueva etapa que nos llama desesperadamente al avance,

no a cualquier costo,

no a sesgar en pos del fin,

no a alimentar vanamente retóricas sin sentido,

no a desangrar nuestra sociedad,

no a soslayar nuestras competencias y virtudes,

no a la fútil y torpe salida pobre de sustento,

no al conformismo y estancamiento odioso,

sino a un abrazo reivindicador, a un plan que tiene tanto de atraso como de promesa, y que así como la caja de Pandora, guarda la esperanza valórica de una sociedad que adolece de un salto cualitativo, de la acción interior que no deja de pulsar para su trascendencia.

 

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