El transporte público con la libido al rojo vivo

El transporte público con la libido al rojo vivo

El transporte público con la libido al rojo vivo

El transporte público con la libido al rojo vivo

El transporte público con la libido al rojo vivo

El deseo se ha inmiscuido en lo público, para escabullirse cotidianamente en los medios de transporte de los capitalinos

Día a día viajan miles de personas en el centro de la ciudad para dirigirse en un alto porcentaje a sus trabajos.

Para ello los pasajeros deben hacer uso del sistema público de transporte, para estos casos el transantiago como lo nombraron las autoridades es la alternativa, ya sea por subsuelo o por otras vías.

En las horas punta y en el caso del metro o transporte de subsuelo debido a la gran aglomeración de personas dada la poca capacidad del servicio, los pasajeros se ven en la obligación de ir apretujados unos con otros de estación en estación, acomodándose como puedan tras cada estación.

Aprovechando esta situación, al parecer a la fauna masculina, se le ha activado la libido viajera, el deseo se ha apoderado del macho alfa que pretende hacer de la cercanía con las féminas una oportunidad.

Entre cada estación los vagones van atosigados, con suerte seis personas en un metro cuadrado si es que no mas, las manos locas y casuales de los hombres cobran vida y no se dejan esperar para el zarpazo, los empujones para lograr contacto con las partes íntimas limitadas por la ropa habitan el hecho.

Por supuesto que todo este hecho es “fortuito”, no hay para donde ir, solo hay que acomodarse un poco para encontrarse en posición, total los pasajeros se sientan en la galería como voyeristas para mirar la acción.

Somos un pueblo reprimido nos gusta hacer este tipo de actos, estar ocultos dentro de las masas, sin duda que a muchos hombre se le ha pasado por la cabeza la fantasía del metro, o la aventura casual de estos tiempos, el sexo casual y rápido.

Para la suerte de algunos, la ley no resguarda el caso, y lo más cercano a la denuncia de una víctima es apelar a la moral y las buenas costumbres siendo esta opción inclusive rebuscada para una posible denuncia.

La animalidad ha visto la oportunidad en el hacinamiento, el instinto animal inconsciente de cada individuo es presa fácil del deseo.

Por ahora las autoridades están ocupando el lugar que siempre han tenido, “la galería”, mirando como estos individuos se hostigan unos a otros dejando la moralidad al merced de la selva del instinto.

Seguramente esto no tendrá solución, el sistema de transporte esta desordenado y colapsado no vislumbra una pronta ni posible salida, muchas personas ya se acostumbraron al sistema, simplemente porque no hay otra alternativa, simplemente porque hay que ir a trabajar a pesar de las molestias y de la ocasión ambiental.

Las mujeres, aquellas que logran mantener su intimidad y moralidad, están siendo violentadas bajo el sistema de transporte, por otra parte los hombres al parecer están cediendo ante su instinto animal y no haciendo uso de su racionalidad pertinente.

Todo esto es el resultado del abuso de un sistema mal concebido, de mala educación de devastación e impunidad en general, no reviste secretos para gritar que ya nuevamente el respeto no logra poner fronteras donde corresponde y cava a si mismo su tumba más profunda.

¿Que seguirá después? los niños, en este es el país que construimos todos, a la merced de lo que la selva ejecutiva sin parangón dicta.

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