Libres en tan solo un parpadeo

Libres en tan solo un parpadeo

Libres en tan solo un parpadeo

Libres en tan solo un parpadeo

Hoy como todos los días, he despertado con mucho sueño, me pongo en pie y me dispongo a emprender el viaje a mis labores rutinarias.

El trayecto fue auspiciado por empujones, codos, puños y rodillas, pero finalmente he de llegar a la estación que conduce a mi destino.

Una vez llegando, me dispongo a realizar unas de las actividades más preciadas que entrega cada mañana, la de hacer un café porsupuesto para aliviar el desgano matutino.

Me he de sentar en el aposento cotidiano y precipito a tomar un delicioso café, de pronto y sorprendentemente el escritorio se curvó, los objetos que componen el escritorio comenzaron a vibrar -que está sucediendo aquí-

Los lápices comenzaron a dar pequeños saltos y a deslizarse por el escritorio, ellos, los pequeños flaquitos estaban marchando y reuniendo a todos sus iguales para formar un gran batallón.

Y yo aislado.

El teléfono llamaba a sus demás pares e informaba a la comunidad para que se unieran a la magna fiesta.

Y yo, mudo.

El computador organizaba los listados y chequeaba la asistencia, corregía errores y  configuraba la producción y reproducción de música y comunicaba a las pantallas colorear sus caras para adornar y destellar en la gran fiesta que se aproximaba.

Y yo, pálido.

Las impresoras liberaban y expulsaban sus hojas tintadas, para que cubrieran el cielo como pájaros danzantes al compás de la música.

Y yo, sonso.

Los libros tampoco quedaron ausentes, revoloteaban y hacían gala de las hojas que contenían, algunos abriendo sus brazos y mostrando cada una de sus páginas como el vuelo de un gran cóndor sobre la cordillera.

Y yo, parco

Es un gran momento me dije, para ellos yo les era indiferente, al parecer tenían un gran motivo para festejar

Luego de danzar y armar una gran fiesta se oye un fuerte estruendo y todo queda en silencio, pues eran los líquidos traperos escobas, paños y limpia vidrios

Era el conglomerado de los sucios limpios aquellos que mantienen relucientes a toda la comunidad, aquellos que hace que todos luzcan jóvenes eternamente, los magos con la fuente de la juventud.

Y yo, borroso.

No lo podía creer era impresionante nunca imagine la facultad de mi entorno ni menos la articulación y respeto por cada una de las tareas que cada uno realiza. Mientras se constituía la fiesta con los distintos integrantes de la comunidad, estos adhieren a bailar unos con otros rebosando de alegría, pues la fiesta esta candente como si fuera este el último de sus días.

Entre bailes y cantos se expresaba la comunidad, para ellos estar alegres, era lo esencial, aquel que los había condenado a la esclavitud no estaba y por tanto había que festejar

En ese momento me di cuenta que ellos tenían toda la razón para festejar y lo único que me quedaba era seguir tomándome el café de esta mañana mientras todo vuelve a la normalidad.

Y yo, somnoliento.

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