Los profesionales de papel y la vieja escuela

Los profesionales de papel y la vieja escuela

Los profesionales de papel y la vieja escuela

La vieja escuela de la educación ya es escasa, si es que ya no está muerta, el mercado laboral ha debido con urgencia crear más profesionales para cubrir la demanda global de los empleos con los profesionales de papel.

No resulta extraño que hoy en algunos trabajos estén solicitando al especialista del especialista, para cubrir tareas muy específicas de la organización. Por otra parte, las instituciones de educación se han posicionado como fábrica de especialistas para alimentar las organizaciones a la medida.

No es casualidad la creación de tantas instituciones de educación que han nacido prácticamente de la humedad como mohos para entregar aquellos conocimientos específicos que requiere el mercado.

La vieja escuela de los ingenieros, de los magísters y doctores no es la misma de antaño, aquella que algunos mirábamos con respeto hacia la inalcanzable sabiduría de aquellos que lograban alcanzar aquel camino anhelado.

En el camino se han dejado muchos elementos de lado, como lo es: el lenguaje, la autonomía, el ser autodidacta, las instituciones se han preocupado de crear robot para operar máquinas y no para mejorar los mismos robots ni menos poder crear nuevas formas de ellos.

Siendo más romántico, en la línea clásica hace un par de décadas atrás, el ingeniero era aquel sobreviviente de una universidad exigente y con responsabilidad profesional, los años de estudios generaban a una persona autónoma capaz de ingeniar un sin número de soluciones para cada problema, reparando en posibilidades y probabilidades para abordar la menor opción para aplicarla en algún tema, su ímpetu y precocidad para solucionar los inspiraban veloz mente.

En este proceso los ingenieros comprendían que ser autónomo y autodidacta era clave para investigar y comprender el mundo para desarrollarse en el campo laboral y en general en la vida cotidiana.

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En una segunda etapa, el magister era un maestro, aquel que había pasado un tiempo practicando su ingenio y por ende él tenía la obligación de traspasar sus conocimientos y experiencias a las nuevas generaciones, orientando a los nuevos ingenieros, teniendo la capacidad y la madurez para mirar los problemas de una forma reposada y crítica, encontrando la solución más simple a través de un pensamiento complejo.

Por de pronto el magister ya es un adulto maduro y listo para avanzar al siguiente nivel, al viejo barbón, aquel que osa de una sabiduría que deslumbra y por consiguiente apto para descubrir algo que pocos se han atrevido a abordar.

Es un doctor, aquel que tiene como alumnos a los maestros, aquel que ya de viejo está destinado a construir y visionar mejoras para la sociedad con la finalidad de contribuir al buen camino de ésta.

Todo lo anterior románticamente descrito, si es que aún existe, es escaso y se echa de menos, los destinos que han tomado estos tres roles han ido desapareciendo en el tiempo, las nuevas generaciones de especialistas han estancado la escalada de desarrollo de la sociedad.

No es casual que en los trabajos algunos sean los que resalten por una u otra labor de paso sin ser tan brillantes ni mucho menos.

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Los ingenieros de hoy no son los de antes, la especialización de cada persona ha dejado tras su paso, a un torrente de robot con armas en las manos que no darán de comer en el desierto, la inspiración y el deseo de desarrollarse se ha perdido, para agravar la situación, muchos de los especialistas de hoy se sienten orgullosos de lo que saben y no dan cuenta de los esclavos que son o mas bien profesionales de papel.

La educación y el desarrollo educacional del ser humano no es para el trabajo, es para su espíritu y como tal, es un camino integral que logra hacer de cada ser humano una mejor persona, solo basta mirar alrededor, ver a tus compañeros de trabajo para dar cuenta la brutalidad con que se avanza y se desarrollan las personas abrazando la técnica de otros y no la propia.

Por otra parte, la violencia con que se reprime la autonomía en las organizaciones es una trampa innegable, un ejemplo de aquello son las organizaciones y la realización de charlas de motivación, donde el discurso está enfocado a la innovación, sin embargo, si ocurre algún problema te dirán que probablemente no hay que pensar por eso ocurrió el problema.

Aún deben quedan esos viejos de barba que al dirigir dos frases nos hacen sentir lo poco que usamos el cerebro. La tarea noble de aquellos que seguirán este camino será agradecido por la sociedad aunque la misma sociedad no dé cuenta ni auspicie dicho camino.

Estos roles son solo un ejemplo de los profesionales del mercado actual, es muy probable que otras carreras naveguen por las mismas aguas de la ingenuidad.

Por lo pronto, las cartas están echadas y la única esperanza está en el despertar de las nuevas generaciones, porque al igual que la miseria, el hombre también está hecho de voluntad para mejorar el mundo donde habita.

2 Responses to Los profesionales de papel y la vieja escuela

  1. José Reinaldo Godoy Castillo noviembre 15, 2015 at 12:09 pm

    Brillante, no tengo otra palabra para definir su descripción de la “romántica instrucción pasada” Tal como lo plantea, aun existen algunas personas con las cualidades enunciadas. Cuando se está ante una de ellas, aunque sea gracias a un programa transmitido por televisión, no soy capaz de cambian el canal, porque a cada instante me sorprende con ideas que pese de estar a nuestro derredor no la percibimos. Esas nos parecen lógicas y tan transcendentales, que no podemos dejar de reconocer que estamos frente a un genio, y que el hecho de verle o escucharlo, es una manera de crecer.

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