Antología de un Estandarte Estrellado

Antología de un Estandarte Estrellado

Antología de un Estandarte Estrellado

Desde tiempos del Imperio Romano, el uso de un estandarte y señas tejidas o pintadas como suerte de representación de un poder establecido en un territorio, ha sido y es un símbolo de mancomunión para quienes están bajo su amparo.

La evolución formal de estos estandartes como los conocemos hoy, se da gracias al uso de telas provenientes del intercambio comercial con Oriente, quienes precisamente usaban telas coloridas como representación del poder señorial.

Así, de esta evolución artística, emblemática y política, la primera bandera formal asociada a una nación, en términos ya territoriales, corresponde a Noruega, en la medianía del Siglo XV, uso que sería rápidamente difundido y adoptado por el resto de las naciones.

En los albores de nuestro país, con la llegada de los españoles, es en medio de la Guerra de Arauco cuando se data el uso de una bandera por el lado de las huestes araucanas, no como emblema nacional, sino como identificación de un grupo que mantenía la lucha armada en defensa territorial de los invasores.

Durante este período, al menos dos banderas mapuches tienen data bibliográfica, ambas con una senda estrella en el centro, aunque en ningún caso se pueda atribuir una real antiguedad en el uso. Por el lado español, era la bandera española con algún emblema o escudo modificado en ella, o símbolo de tropa o casa colonial. Este uso quedó normado con la bandera española y un escudo simbólico de los dominios o territorios conquistados hacia fines del Siglo XVIII.

Cuando inició el Proceso Independentista en nuestro país, incipiente aún, no existía un estandarte local o regional, por lo que se mantuvo la bandera española al momento de celebrarse la Primera Junta Nacional de Gobierno el 18 de Septiembre de 1810.

En plena disputa independentista, surge la primera bandera patria, conocida hoy en día como la bandera de la Patria Vieja, izada por primera vez el 4 de Julio de 1812 durante el gobierno del Gral. J.M. Carrera, quien fuera su autor.

Esta bandera tuvo, durante su breve tiempo de uso oficial, cierta modificación en la alternancia de los colores, y en la inclusión de alguna simbología en ella, tal como la Cruz de Santiago y el primer escudo chileno, para ser ya destituida como emblema patrio en Octubre de 1814, lo que marcó formalmente el inicio de la Reconquista española.

Con el triunfo patriota y el fin de la reconquista, se dio paso a un nuevo estandarte patrio, la llamada Bandera de la Transición, que anecdóticamente, y luego de su amplia difusión al mundo, tuvo que ser rápidamente modificada a causa del reclamo formal de Francia y Holanda dado el evidente parecido que tenían estos emblemas entre sí, lo que derivó en que este emblema patrio fuera modificado meses más tarde sin tener una connotación oficial.

La primera modificación de esta bandera, que tuvo un muy breve uso, fue la incorporación de una estrella de cinco puntas en el centro de ésta, siendo poco difundida y bastante olvidada.

Ya con la adopción de la estrella de cinco puntas, se creó la nueva bandera, llamada de la Patria Nueva, que es casi como la conocemos hoy, y el casi es porque la estrella de cinco puntas tenía una semi rotación hacia el vértice superior izquierdo, teniendo en su interior un asterisco de ocho puntas, antiguo resabio del estandarte mapuche que llevaba la estrella guñelve en su centro, la estrella de Arauco mencionada por el Gral. O’Higgins en algún momento.

A principios del Siglo XX es cuando ya se normaliza oficialmente el uso y diseño de nuestro estandarte patrio, tal y como lo conocemos hoy, y que por estos días ilumina nuestro espíritu y auna nuestros corazones en torno a “La Estrella Solitaria”, unos de los nombres coloquiales con los que se denomina a nuestra hermosa bandera.

Hoy símbolo ineludible de nuestra historia aguerrida expresada en sus colores, testigo omnisciente de nuestra espiritualidad libre identificada en su estrella, testigo del arraigo que nos transporta y une a esta tierra más allá de la temporalidad física en la que podamos estar.

Es tiempo de celebración, es tiempo de rememoranza, es tiempo de reflexión respecto del posicionamiento que hemos logrado como nación, es tiempo de ver un poco más allá con una mirada en el futuro pero siempre con los pies en nuestra historia, para hacer valer, preservar y cumplir viejos anhelos que aunque podamos ir modificando en términos de desarrollo, igualdad y participación social, siempre nos van a hablar de nuestro orgullo, de nuestra tierra, de nuestro arraigo, de nuestra amada bandera, nuestro estandarte estrellado.

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