Evasión y elusión como la ilusión del precio justo

Evasión y elusión como la ilusión del precio justo

Evasión y elusión como la ilusión del precio justo

Toda causa tiene su efecto, nada es casual, además, la casualidad no toma sentido cuando han pasado años de injusticia y maltrato cotidiano, por tanto, lo que viene a quedar en el consiente colectivo habla de la evasión y elusión como la ilusión del precio justo.

Las promesas por el nuevo trasporte público, que mejoraría la calidad de vida, adornaban los discursos del bienestar, mientras que el usuario de este transporte estaba dispuesto a hacer un esfuerzo por el cambio pero hasta cierto punto y por un precio justo.

De pronto ya han pasado ocho años de inestabilidad, promesas de cambios y mejoras, las que no se han cumplido obviamente, el transporte público por lo demás, ha pasado a ser uno de los dolores de cabeza de los gobiernos de turno que sin hacer grandes cambios han optado por el parche brutal de generar grandes subsidios por parte del estado.

El problema de los subsidios es que a pesar de los topes y manejos económicos, finalmente el poco compromiso del gobierno para solucionar el problema de fondo ha provocado que su negligencia y  falta de responsabilidad, produzca que el subsidio lo terminen pagando los usuarios a los empresarios.

Los empresarios aquí sólo han actuado conforme a las condiciones, han obedecido como siempre a la oportunidad sin importar la solidaridad, sino más bien a cumplir con lo establecido, simpatizando y contando con la floja y pobre capacidad de fiscalización del gobierno.

Por otra parte, un condimento adicional proviene de la información global del planeta, donde su versatilidad y flexibilidad permitido por las redes sociales logra develar los problemas de otros países y su forma de actuar ante eventos similares.

No obstante las redes sociales corresponden a una cultura global distinta a cada nacionalidad, pero no se pueden dejar de lado, que los fenómenos y tendencias, en relacion a los problemas de implementación de los servicios en las empresas transnacionales, son los mismos técnicamente.

Lo anterior alimenta la disconformidad con el transporte público y la poca atención por parte de las autoridades, en consecuencia a gatillado que las personas comienzan a exigir lo que creen debiera ser el precio justo.

Para ello a través de la evasión y elusión, esta la forma de pegarle en primera instancia al poder judicial, desafiándolo y poniéndolo en duda lo asociado al límite del respeto y el sentido común y en segunda instancia, pegarle de refilón al sistema económico evadiendo un pasaje, lo que nuevamente pone en duda el respeto y el sentido común.

Lamentablemente el respeto y el sentido común deja mucho que desear hoy en día y moralmente el poder judicial ha perdido credibilidad dejando en la práctica al usuario con la ley del más fuerte.

El poder económico sólo ha dejado continuar el negocio y que las cosas caigan por su propio peso, el lenguaje de evasión y elusión se ha hecho parte al momento de hablar de ganancias, por tanto, lo que queda en el consiente colectivo a raíz de la experiencia empresarial, es que si alguien elude o evade es sólo alguien inteligente y oportunista y no necesariamente esta en materia de lo indebido.

Por tanto y al parecer, la elusión y evasión están tomando sentido también en loa sectores populares como parte de lo que hay que hacer si quieres ganar, porque definitivamente la justicia no paga y por tanto “yo no pago”, si no se me dan un servicio por un precio justo.

Lo cierto es que la elusión y la evasión han llegado a divertirse y a visitar al transporte público, las campañas no han tenido efecto y si lo han tenido alguna vez, ha sido por lo demás marginal, en las micros se ve a diario y las personas lo aceptan por que el discurso es de sentido común, yo no pago por un mal servicio pero lo ocupó porque es un derecho, pero ahora se sumó el metro, aquel transporte público que lucía de prestigio, y que hoy se ve trastocado por su calidad de servicio que se vio disminuido frente a la llegada del nuevo transporte público donde tuvo que adaptarse y adecuarse y que al día de hoy, el metro no ha podido lidiar con una carga y capacidad que no tuvo nunca en su agenda.

No obstante la elusión y evasión también ha llegado al metro de manera masiva y accesible por su espaciada arquitectura y el problema tiene esta vez una matemática simple que esta data por la capacidad de seguridad pública o privada versus la cantidad de estaciones y accesos, versus cantidad de pasajeros en horario punta.

Si cruzamos estos tres números es bastante inviable evitar la elusión y evasión, más aún, si a esto le agregamos la capacidad de organización de las redes sociales versus la inteligencia de protección ciudadana, bajo estas variables anteriores nos encontramos con una capacidad probabilística muy deficiente para enfrentar el fenómeno.

El pueblo unido jamás será vencido, en esta ocasión, con una matemática simple, un poder judicial con cuasi nula credibilidad, un sistema económico que parasita en el precio y un gobierno que elude y evade responsabilidad cuando realmente los ciudadanos los necesitan.

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