La Carestía Social de un Café

La Carestía Social de un Café

La Carestía Social de un Café

Es normal que las vicisitudes y fluctuaciones de mercado presenten de vez en cuando una carestía o escasez de productos y/o bienes de consumo.

Aún más cuando el orden interno de un país se ve afectado por crisis económicas de otras latitudes, las que más temprano que tarde impactan nuestra sociedad, aún con mayor celeridad  en tiempos de globalización, donde la inmediatez está a la orden del día.

Por muy previsores que seamos, y aún con políticas austeras de gasto, de un modo u otro finalmente nos impactará con mayor o menor fuerza según lo eficiente que hayan sido nuestros resguardos.

En tiempos de carestía, aguda o no, es un hecho que el impacto rasga la sociedad y desnuda aún con mayor evidencia las diferencias y brechas en torno al status económico de la gente, afectando brutal y directamente el quehacer familiar sobre todo en los sectores más desprotegidos.

Es entonces cuando echando mano al Gasto Fiscal, aparecen en vitrina esta suerte de lotería de bonos y regalías que sólo enmascaran una situación que raya en lo dramático pero que no hacen más que refrendar la gran diferencia de alcance económico de unos y otros.

Estas medidas paliativas de pseudo estabilidad se materializan gracias a una oportuna lectura economicista del status mundial (de la mejor manera que se pueda) que a la suerte de hormigas recolectoras, recaudan un ahorro importante para períodos de estrechez.

Pero esta carestía es de un segundo orden cuando lo que se pretende rescatar y alimentar es el consumo de valores humanizadores que aun cuando son ajenos a toda materialidad, no acostumbramos a relucir ni siquiera para un entendimiento pacífico del entendimiento interno.

Esta carestía apunta a valores y habilidades que si bien pudieran no estar en la tierra del olvido, por lo menos si están alejados de nuestra primera línea de comunión, y en específico hacen referencia, por ejemplo, a la solidaridad, transparencia, empatía, generosidad, etc., que no necesariamente están enmarcadas a un ámbito económico.

Lo vivimos en el día a día cada vez que usamos el transporte público, al caminar las calles de la ciudad, en el lenguaje que usamos para comunicarnos, en la forma que tenemos incluso para atender o desatender a quien pudiera requerir nuestra palabra, en el egoísmo que nos invade para dar comprensión a tal o cual situación que afecta a los nuestros, socialmente hablando.

Entre otros, a la suma del conflicto que se arrastra por tanto tiempo con nuestra gente de la Araucanía, al desenfado e indiferencia que nos sorprende, alucina e indigna para solucionar temas básicos frente a crisis derivadas de catástrofes como terremotos e incendios, o temas urbanos que afectan a comunidades específicas, pero que al final son nuestros también, ahora más encima ensalzamos la situación con la construcción de una “cafetería” parlamentaria que parece de otra realidad.

Y es que resulta totalmente indignante que una ciudad asolada por un evento calamitoso como un gran incendio, que movilizó a gran parte de la comunidad, que despertó grandes sentimientos de solidaridad nacional, sea testigo de la primera obra de remodelación en una Cafetería VIP para los honorables diputados en desmedro de otras realmente prioritarias.

Con un costo altísimo y desmedido para el alcance que realmente tiene, con unas justificaciones que se adecúan a las de una comedia de humor negro pero que a la larga son vanas excusas de lo indefendible, con un mobiliario totalmente excedida de nuestra realidad, y denotando un envanecimiento de personajes que en nada reflejan el sentir de las personas a quienes representan, además de todo esto, ni siquiera contaba con el permiso municipal con el que debe operar.

Dista de ser una ironía, no califica como paradoja y es demasiado evidente como para caer en el sarcasmo, simplemente es una burla, una muy mala broma, un desenfado total para los que testificamos, una ausencia brutal de conciencia, una herida a mansalva en lo más íntimo de nuestro sentir.

Suena normal que enfrentemos carestía en tiempos de crisis económica, que efectivamente posterguemos la adquisición de bienes de consumo es pos de mantener un confort austero en términos familiares, pero esta carestía no se condice con nuestros valores intrínsecamente humanos, los que de un modo u otro nos salvaguardan y enaltecen como sociedad, los que de un modo u otro nos estructuran y acercan, para solidarizar, para empatizar y para compartir, no un café VIP, para nada, prefiero un café Social.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Acerca de…

Revista PiojoChile está compuesta por una red de colaboradores con opinión, orientada a generar Conciencia Social a través de escritos urbanos.


Sitio Principal Piojo.cl
Twitter @PiojoChile
Pagina Facebook
Grupo en Facebook
Pagina en Google+
Canal de Youtube