Festejo Lúdico de la Buena Esperanza

Festejo Lúdico de la Buena Esperanza

Festejo Lúdico de la Buena Esperanza

La concepción del Estado de Buena Esperanza es sin duda una de las mejores y nobles referencias que se puede hacer del estado de gravidez de la mujer, denotando semánticamente una espiritualidad activa, luchadora, positiva y atenta.

Originalmente, en términos históricos, la esperanza, así como la suerte, mantenía una dualidad calificativa de “buena” y “mala”, lo que en el devenir de los tiempos ha perdido su uso dado fundamentalmente por una percepción optimista del futuro, y es que en rigor no se espera en términos de deseo, algo distinto a la prosperidad y a un “mejor pasar”.

Resulta así que el deseo de “buena” en la esperanza, radica en el íntimo anhelo que todo resulte de la mejor manera y sin mayores contratiempos, algo que hoy por hoy podría resultar hasta trivial, pero no perdamos el foco en el origen de la expresión, remontada a tiempos en que la gravidez planteaba duros desafíos en el desempeño de la mujer y en el ejercicio del parto, con niveles de mortalidad bastante importantes.

Entonces, no estaba de más acompañar con buenos deseos todo este proceso que vivía la mujer, y que el trabajo de parto finalizara con un nuevo ser entre nosotros, lo que reivindica una vez más la esperanza en la posibilidad cierta de materializar un proyecto de futuro mejor.

No en términos estrictos ni formales, el entorno más íntimo de la futura madre, de los padres en términos integrales, celebra y comparte de un modo u otro, la llegada del nuevo ser, algo que tradicionalmente, en mayor o menor grado, se remonta a incipientes tiempos de civilización.

Aterrizando ya en nuestros tiempos, posicionándonos en América, en particular en nuestro Chile querido, esta celebración de la buena esperanza trasciende entre nosotros como la homologación de la celebración anglo de la época Victoriana respecto del nacimiento, denominada baby shower, concepto que denota la “lluvia” de regalos recibidos en honor del bebé por nacer.

Visto de esta manera, en términos prácticos, provee una base de entorno y relativa materialidad ya antes del nacimiento, algo que sin duda se agradece por parte de los padres, sean primerizos o no, y que era parte de un período no cubierto, en parte porque la tradición apunta a obsequiar una vez el nacimiento se concretó, algo que culturalmente llevamos desde los tiempos del Nacimiento más “importante” de la Fe Cristiana

Tomando una relativa y cauta percepción respecto de la internación de esta celebración por la buena esperanza, prácticamente podemos denotar que inicialmente sólo era una manifestación fémina, o por lo menos así llegó a nuestra sociedad en términos originarios, excluyendo a la pareja sin tener un real asidero lógico en términos de nuestra concepción social.

Es así como este desajuste y desbalance ha sufrido cierta transformación y adecuación a lo que realmente expresa nuestro sentir, y que en términos muy sanos, promueve la integración de ambos padres y no sólo la madre del bebé por nacer, lo que se repliega a los participantes del círculo de la pareja, descartando una disgregación de sexo.

A pesar de una primigenia y noble intencionalidad histórica, luego denostada y deformada mercantilmente por un interés bastante más superficial que el real sentir por un óptimo desenlace del estado de buena esperanza, estamos encausando y retomando la valorización intrínseca de esta celebración, que no es otra más que la instancia de compartir y festejar con motivación alegre y esperanzadora del nuevo ser que pronto ya nos acompañará.

Masivamente conocida aún como baby shower, ya hay quienes le han cargado un tono personalista y peculiar a esta celebración de la esperanza, denominándola baby sour (entremezclando el juego de palabras a modo de divertimento), lo que sin duda rompe el estatismo del que somos presa, y es que la hora de equilibrar y dar un poco más de rienda al lúdico interno que llevamos dentro, cada vez es algo que nos llama con más fuerza.

Obviamente, este sentido más integrador, a la suerte de una celebración familiar íntima “a la chilena”, es la sentida adecuación social que está más sujeta a nuestra línea fraterna, algo que ya ha sido replicada en algunas manifestaciones importadas y que de algún modo, también hemos podido adaptar, algo que debe ser extendido y fortalecido, en pos de responder al llamado latinoamericano al que estamos circunscritos, integrarnos socialmente, integrarnos como región, integrarnos en un abrazo fraterno.

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