Generación NiNi, los herederos del desencanto social

Generación NiNi los herederos del desencanto social

Generación NiNi los herederos del desencanto social

Los jóvenes en la actualidad, de brazos cruzados y ceño fruncido, parecen estar como niño amurrado en un rincón, sin el interés de realizar las supuestas tareas sociales que les corresponden como cada ciudadano.

Esta generación ha visto el reflejo de sus padres y de la sociedad que los envuelve, sus ídolos a sus ojos, que trabajan  inmersos en un sistema maltratador que les quita el aire, les absorbe el tiempo y les desgasta los músculos que les permitirían generar los espacios emocionales para ellos.

Estos jóvenes piden a gritos, inconscientemente, lo más noble y básico que apuestan tener en sus vidas, el amor natural de sus progenitores para que los guíen en su preparación personal.

Si tomamos como ejemplo la brecha socio económica como una carretera en términos generales, nos damos cuenta que curiosamente el desencantamiento en los tiempos modernos es un rebalse provocado por la acelerada vida que llevan las familias en distintos estratos sociales.

En un costado de la carretera, los padres con estrato social alto, generalmente ausentes, se preocupan del gimnasio y de los negocios, para que sus herederos a punta de cuidado de la nana, tengan un futuro de riqueza, seguridad y prosperidad económica, sin importar la ausencia cotidiana de sus progenitores, y por tanto, el reflejo que reciben estos jóvenes de su futuro, recae en el aseguramiento económico y de las relaciones que establecen en sus círculos similares, donde yacen sus falencias familiares y sus libertades descontroladas.

En el otro lado de la vereda, los padres son el ejemplo del sustento dadivoso del gobierno y de lo cruel que es el país para generar las oportunidades correspondientes, de modo tal, que  su futuro sea más próspero, por tanto, para este caso el reflejo que obtienen respecto del acceso para tomar el control de su futuro es nublado y a punta de disparos, maltratos, angustias, esfuerzos e inseguridades, donde el saco de los estigmas que han de cargar son tremendamente pesados.

Por último, en el medio de la carretera se encuentran aquellos padres qué, por diversas circunstancias, o han bajado su estrato social o bien han aumentado sus oportunidades, de cualquier modo, el esfuerzo para sostener la vida cotidiana aspiracional ha de tener un esfuerzo doble, por el hecho de no obtener beneficios ni estar a la misma velocidad económica del otro, por tanto, el reflejo de los jóvenes del medio de la carretera está en tierra de nadie, por la doble intencionalidad de caer o subir; no existe en este caso una opción más cómoda que les permita tomar el tiempo ni la libertad para pensar.

Bajo estas tres circunstancias anteriores, y el rebalse de los padres ya agitados por su andar con problemas y dificultades, los jóvenes ven de sopetón la cobija del “para que”, ya muy desencantados de lo que viven a diario.

En este contexto, lo jóvenes ya anómicos se sienten desencantados y socavados ante sus deseos y esperanzas frustradas como miembros de la sociedad, tras una percepción de la cotidianeidad simple, que les genera a su vez una lejanía y distancia respecto del acceso de sus fines, donde no encuentran cabida bajo normas institucionales que los encaminen en sus actos culturales.

Y por ende, la no adecuación del acceso y sus objetivos culturales a los que ellos aspiran, producen como resultado la disociación o anomia juvenil.

Por otra parte, la institucionalidad no favorece, en gran medida por la falta de solidaridad, la construcción de los valores morales necesarios para que puedan auspiciar el enrolamiento de los jóvenes.

La falta de voluntad en la creación de las normativas institucionales, no permiten volcar los esfuerzos de una solidaridad orgánica que les entregue a los jóvenes el acercamiento necesario para que puedan cambiar su percepción que traen de cuna.

Antiguamente, los hombres se preocupaban de la naturaleza de la sociedad y de las relaciones con los individuos en un orden social, pero en los tiempos actuales, lamentablemente, ya poco queda de esa intención, lo que adiciona una variable más al desencantamiento de los jóvenes, nuevamente por la falta de la solidaridad que enfrenta la institución gubernamental, política y judicial al momento de ejercer su acción social desnaturalizada.

Esto ha provocado también, que muchos a jóvenes talentosos, por falta de solidaridad de las instituciones, no se les permita su desarrollo, terminando en un estado de anomia, desencantados con el entorno y con ellos mismos.

Otro factor relevante para tomar en cuenta es la moral de la autonomía, donde a través de la voluntad, algunos jóvenes logran avanzar desprendiéndose de los prejuicios sociales negativos, sacando pecho y avanzado en un duro camino, rebasando la no auspiciosa solidaridad institucional.

Por eso es necesario accionar respecto de la construcción y reconstrucción de las normas sociales de nuestro país, con el fin de mediar y captar la reconfiguración de la conciencia social y cultural, para que los jóvenes ordenen su mirada despreciativa contra la institucionalidad y no terminen estigmatizándose como la generación «NiNi», ni trabajo, ni estudio.

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