Paradigma Energético en el Juicio Solar

Paradigma Energético en el Juicio Solar

Paradigma Energético en el Juicio Solar

La Teoría Geocéntrica planteada por Aristarco en el Siglo III a.C. y reafirmada empíricamente por Ptolomeo casi cuatro siglos después, sólo pudo encontrar su némesis definitivo a mediados del Siglo XVI en la publicación póstuma de un modelo matemático desarrollado por Nicolás Copérnico y que dispone en su Teoría Heliocéntrica al Astro Rey como eje de un sistema ordenado de cuerpos celestes rotando a su alrededor, lo que conocemos como Sistema Solar.

Observado, venerado y ritualizado desde tempranas edades, la majestuosidad solar se encumbró como punto común para las civilizaciones primigenias respecto de la idea impulsora de la vida, asociado a improntas de nacimiento, fuerza, poder, crecimiento, conocimiento, etc.

Resulta más que una simple conjetura, el hecho que desde la formación del planeta en sí, toda la evolución y adecuación se ha establecido, de un modo u otro, en torno a la influencia solar, desde los más elementales procesos bioquímicos, hasta la manera o “ánimo” en que enfrentamos un nuevo día, estructurando así un ritmo de absoluta precisión, heredado del entendimiento natural de nuestros ancestros y sostenida hoy por hoy en la base empírica de la ciencia.

Entonces, nuestra íntima y profunda relación solar de toda la vida, de la que está por venir por sobre todo, necesita estrechar y ampliar lazos y vinculaciones que propicien un mejor aprovechamiento mutuo de quien ha auspiciado nuestra existencia aún ya desde los tiempos en que las condiciones climáticas debían ser severamente ajustadas.

No hemos hecho suficiente ya? pareciera rezar el argumento retrospectivo en torno a lo que hemos aprendido en términos humanos de esta convivencia solar, de hecho, tecnologías nuevas han permitido desarrollar distintos artilugios que permiten ir un paso más allá en el entendimiento y génesis de nuestra Astro Rey, parte de la incansable búsqueda por entender y responder al origen de la vida.

Aparentemente, en algún punto caímos en una desaceleración respecto de la manera en que manejamos nuestra relación solar, como si ya las raíces o lazos vinculantes fueran tan profundos, que no ameritan mayor esfuerzo o voluntarismo, simplemente “estar” ya es tributo y merecimiento absoluto.

Valoración por sobre la simple admiración y/o fascinación es lo que necesita ser implementado socialmente, porque la evidencia del combustible que requiere nuestro motor, nuestra vida, está hoy en condiciones de lograr una nueva dimensión en los alcances del aprovechamiento solar, algo que debe ser compartido con los nuestros, adoptado como Política de Estado e implementado desde ya, sintetizando largos, engorrosos y tediosos preámbulos en nada constructivos, y que en nada asemejan la celeridad con que otras discusiones logran “consenso” entre los legisladores y regentes.

Tenemos la tecnología al alcance, algo que años atrás sólo nos mantenía como testigos excluidos de un beneficio mérito de países desarrollados, pero eso ya fue, distante están esos tiempos de las actuales condiciones, distante incluso de los costos originales de implementación, de las tributaciones a las que estaba expuesta la importación de esta tecnología de aprovechamiento solar, o sea, las señales respecto a una reivindicación de nuestra relación son tan evidentes que cuesta dar crédito a la exigua educación que se hace al respecto, a la distribución del beneficio, a la integración social finalmente.

Es difícil comprender que nuestra sociedad íntima no esté abocada en la tarea de potenciar y expandir la utilización y aprovechamiento energético solar y por el contrario, desvíe esfuerzos en prolongar el uso de depredadores mecanismos de obtención energética, que degradarán nuestro entorno natural de una manera tajante y definitiva.

Así es la manera en que nos comportamos? agotando nuestro medio al punto de la devastación, al borde de la extinción de recursos, provocando graves y terminantes desequilibrios al medio? y es que al parecer, este comportamiento no es una herencia ancestral, la mirada breve a nuestro pasado primigenio nos habla de un comportamiento que preserva el entorno, al estilo simbiótico y no parasitario como el imperante hoy.

Mientras otras naciones ya implementaron hace largos quince años, políticas medioambientales y de aprovechamiento energético solar, nuestro paradigma chileno sigue en pañales, con discursos y aventurillas que no denotan un real horizonte de utilización de recursos y menores niveles de toxicidad volcadas al entorno, lo que debiera estar cifrado ya en la implementación y construcción de proyectos de Plantas de Energía Solar en base a Paneles Fotovoltaicos, lo que hasta ahora tiene un tratamiento de mero hobby y curiosidad científica.

O es que los intereses privados, una vez más superan con creces el beneficio público? en que estante burocrático quedó la iniciativa de entregar subvención estatal para masificar el uso de paneles que aprovechen la energía solar? qué tan cierto es el hecho de modificar y adecuar la red eléctrica para disponer de una energía limpia y de libre disposición? o es que acaso se estudia la manera de que el uso solar esté sujeto a tributo? la verdad, el ejercicio es simple, basta con revisar esquemas de componentes y analizar costos para dar cuenta que la inversión no guarda proporciones con los inmensos beneficios de tal implementación, la que como toda tecnología, requiere de cierta expertise, pero para un estado comprometido en políticas sociales, esto es sólo una arista totalmente subsanable cuando la real voluntad de un mundo mejor es eje de la institucionalidad gobernante.

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