Chilenos culposos producto de una solidaridad inflada

Chilenos culposos producto de una solidaridad inflada

Chilenos culposos producto de una solidaridad inflada

Chile es un país atrapado en una solidaridad inflada donde esconde su culpabilidad de los ciudadanos en un discurso de grandeza soportada en palos de fósforos, ocultando sus falencias y responsabilidades en problemas de discriminación y brechas sociales en términos de salud, educación, economía y agricultura.

Este país confunde el sentido de solidaridad por un manto de culpa, eludiendo y haciendo caso omiso de la responsabilidad de la nación, el estado y el gobierno, para la construcción de igualdad y equidad respecto de los problemas urgentes que enfrenta la ciudadanía

Chile es un país territorial y climatológicamente sufrido, atrapado entre mar y cordillera, con regiones al norte seco, el centro un hoyo y al sur frío, ni hablar de las posibilidades latentes de terremotos, maremotos, tsunamis e incendios forestales latentes.

El mal diseño de las ciudades han provocado hoy, que los altos índices de contaminación sean un problema para muchas ciudades a lo largo del país, los problemas energéticos y la distribución de los recursos en un país centralizado que la capital ha decidido marginar.

Los trabajadores artesanales de la minería, pesca y agricultura se ha visto coartada bajo la depredación de la industria con el discurso del progreso de un proceso no solidario precisamente.

A pesar de las condiciones anteriormente mencionadas, cuando ocurre algún episodio que ponga en peligro o vulnere el vivir de nuestros compatriotas, el pueblo responde, el ciudadano lleva su mano desde el corazón a su bolsillo sin cuestionamiento.

Cuando hay que ponerse con dinero, ahí está el chileno motivado, sacando sus pesos para apoyar al desposeído, pareciera ser un acto reflejo como un espasmo de voluntad, el ciudadano va y apoya a ojos cerrados, como si fuera hasta divertido.

Pero, ¿es realmente Chile un país solidario? ¿es realmente solidario el chileno?

Cuando ocurre una catástrofe, el chileno culposo acude en ayuda, se proyecta psicológicamente poniéndose en lugar del otro preguntándose si es que a él le pasara quien irá en su ayuda, y si bien este es un sentir inherente al ser humano como ser social y por tanto social, su construcción cultural histórica aumenta ese sentir.

Porque los chilenos saben que cuando se trata de ser campeones en solidaridad deben estar ahí, de otro modo le caerá el peso social sobre él y se sentirá culpable porque el chileno es aquel que en la masa grita desde atrás cuando no le gusta algo, porque es aquel que tira la piedra y esconde el brazo, porque el chileno es chaquetero, y eso, a la hora de hablar de solidaridad, pesa.

Es solidario el chileno, si cuando ocurre un terremoto lo primero que piensa es en robar televisores de última tecnología y electrodomésticos sabiendo que no tiene luz?

Es solidario el chileno, cuando dona ropa usada en vez de tirarla a la basura y encuentra ese método como la solución de deshacerse de lo que no le sirve?

Podemos hablar de solidaridad, cuando algunos canales de televisión buscan el morbo del espectador en favor de la libidinosa y torcida mentalidad de potenciales espectadores?

Es solidario el chileno, cuando los jóvenes voluntarios en busca en auxilio de manera noble se embarcan en los más desposeídos y van en la aventura para machacar su conciencia ante el desastre para probar y saborear un poquito de realidad?

Es solidario el chileno, cuando en lo cotidiano usa el transporte público y las personas se hacen las dormidas o desentendidas para no dar el asiento, o en las calles no están dispuestos a ayudar a la anciana a cruzar la calle, algo así como lo que llama el chileno “la caballerosidad”, que no es más que el resabio de la solidaridad olvidada?

Mientras que la caballerosidad del chileno y su abandono se apila en el baúl de los recuerdos despojada del mundo masculino que sale a flote normalmente para cortejar y tapuja lo poco que queda de ella con el objetivo libidinoso que hay detrás.

La teletón es una de las más nobles cruzadas que se realizan en el país, pero no por menos un show televisivo y la fiesta de solidaridad empresarial libre de impuestos y la enorme voluntad de los chilenos y su liberación de culpabilidad.

Si de verdad el chileno fuese solidario, no le importaría que hicieran una cruzada del tipo teletón, porque él apoyaría todo el año, impulsaría iniciativas en su trabajo y no andaría a codazos para ganar un cargo o puesto en el trabajo, y por otra parte las empresas no discriminarían generando más accesibilidad.

Si las empresas y o empresarios fueran solidarios con sus ganancias y sus empleados, los sindicatos serian un aliado integral del empresariado y no un rival ideológico con un discurso añejo, y los empresarios no tendrían la reputación “maleada” que tienen.

Pero las personas en general no piensan en los discapacitados hasta que los ven; se ha avanzado en estos temas, pero aún al discapacitado le cuesta enormemente vivir bajo las trabas estructurales del desplazamiento en la ciudad.

Los gobiernos de turno se hacen los desentendidos, eludiendo responsabilidad, discurseando que el chileno es solidario, no haciéndose cargo de las herencias culturales culposas, enmascarando el gatillo intrínseco del ADN cultural instalado subjetivamente en su culpa, transfiriéndole la responsabilidad de ayudar a su compatriota.

En la vida moderna, los chilenos individualistas piensan en su anhelada felicidad exitista, lo cual hace bastante ruido con aquellos solidarios que ganan los trofeos de solidaridad a la hora de las campañas de ayuda.

Inclusive las personas en sus trabajos han caído como presa de una anomia bajo la descuidada solidaridad orgánica que ejercen las instituciones por parte del estado, que refleja el descuido de un país que no se ha preocupado de la transformación del trabajo moderno.

En la clase política actual tampoco se aprecia solidaridad, de lo contrario se estaría discutiendo como mejorar lo que hemos avanzado como país y no crear teleseries de poder para ver quien la tiene más grande a punta de gallitos políticos que no aportan en la construcción de un legado cultural para las nuevas generaciones.

Si los chilenos fuéramos de verdad solidarios, el país claramente no estaría donde está, todos tendrían educación, salud, trabajo, una jubilación digna, etc. No nos engañemos.

Y aún así los chilenos se sienten orgullosos de su solidaridad, aunque se trate de un pequeño placebo egoísta como válvula de escape donde pueda liberar su culpa que los azota día a día.

Porque los chilenos merecemos un futuro mejor, ausente de solidaridad falsa, ausente de discursos de campeones de la ayuda; como chilenos debemos ser inteligentes para crear soluciones inteligentes que les permitan a los discapacitados hacer su vida un poquito más fácil para que puedan explotar sus potencialidades como todos sus compatriotas.

Chile es un país hermoso, con problemas geográficos que no podemos eludir, pero podemos aprender a convivir con ellos de una manera más tranquila y no paranoica ni llena de incertidumbre.

Es cierto que falta equidad social y más responsabilidad política para llevar a cabo las mejoras que se requieren, sin embargo, no nos podemos quedar culpándonos por lo que pasa sino echar mano a lo que esté cerca y ampliar nuestra conciencia social para construir el futuro de las próximas generaciones, para que ellos tengan un Chile más maduro y realmente solidario.

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