Del Voluntarismo y la Absolución del Voluntarioso

Del Voluntarismo y la Absolución del Voluntarioso

Del Voluntarismo y la Absolución del Voluntarioso

La definición más cercana que podemos tener para entender la voluntad, podemos encontrarla en la capacidad de “empujarse” intencionalmente en pos de un propósito, acto medido conscientemente, y que lleva a adoptar y elegir en libertad cierta conducta o ejecución.

Originada en la espontaneidad, pareciera que no fuese el consciente quien dirigiera las acciones de la voluntad, sino más bien, un fin efectista de hacer cosas, claro que no cualquier cosa, sólo las que inconscientemente nos parecen necesarias y obligadas dada la convicción absoluta que sobre ellas tenemos, aunque esta convicción pudiera ser visceral más que racional, o por lo menos en la armonía de la percepción y entendimiento del medio, lo que paradigmáticamente nos lleva al voluntarioso.

Racionalmente hablando, la voluntad tiende a ser, ésta vez y a diferencia de la anterior, la que es arrastrada al mundo de los hechos producto de un análisis (acucioso o no) que nos muestre internamente la factibilidad de lo deseado, y nos aporte ese grado de convencimiento que nos pareciera faltar, algo que ya de por si denota un desarrollo e intelectualización de una escala un poco más intensa.

El camino del voluntarioso pudiese ser, consideran los polos descritos anteriormente, bastante directo y simple cuando es uno el que tiene directa injerencia entre lo que se pretende, el cómo se pretende y finalmente lo que se ejecuta, y por cierto, la generalidad de los casos apunta, en lo extremo, a un círculo íntimo de cercanía al individuo.

No obstante lo anterior, y aún pretendiendo la simpleza del camino de la concreción, la audacia queda en entredicho cuando la convicción voluntariosa del deseo ya no cuenta con nuestra exclusiva injerencia, sino que debemos apelar a compartir nuestra visión y convicción de la correcta y necesaria ejecución, vía retórica o no, para contar con la necesaria aprobación colectiva ex ante materializar nuestra idea.

Aparentemente simple, la concepción de voluntad tiene un peso y espectro de entendimiento y discusión bastante amplio, teniendo discursos filosóficos que la acercan y promueven hacia lo espiritual por sobretodo, mientras que otros discursos le restan este carácter metafísico para acercarla más a la realidad de cada uno en términos de individuo.

Visiones más o visiones menos, la forma de la discusión no puede apartarnos del fondo de ésta, que en el sustento reclama (apelando a los conceptos de Newton) a dejar la inercia conformista y observante que nos desvincula de la participación de la sociedad en términos integrales, y de la que sólo nos acordamos cuando nos vemos afectados flagrantemente, pero que hasta ese minuto ni cuenta nos habíamos dado que la escalera mecánica del devenir ya nos llevaba de la mano, aunque fuera a tirones, a escenarios distintos, y del que como entes sociales, obviamente somos parte.

Tener en primera línea vital a una voluntad efervescente y amparada en el “servicialismo”, por ejemplo, es lo que a manos del voluntarioso resulta el escudo perfecto para amparar cualquier ejecución de idea, la que aún teniendo un decantamiento de dudosa relevancia y participación, es plausible de materializar sin mediar previa consulta, aún en el fuero interno.

Esta concepción voluntariosa consigue el perdón y consuelo colectivo con mayor sencillez y celeridad fundamentalmente porque su esencia está asociada y motivada, en términos generales, por una causa que pudiera ser noble, solidaria y por sobretodo, altruista, disculpando así el retraso de la convicción consciente producto de la racionalidad materializada en la reflexión de lo adecuado que pudiera resultar llevar a cabo determinada tarea.

A la política se refieren incontables causalidades producto de la voluntad, tanto de la voluntariosa (como suerte de anécdota) y la más racional por sobretodo, que es la que debiera primar frente a la consideración y convencimiento absoluto en la búsqueda del bien común como fin del Estado que el gobierno de turno debe velar por alcanzar en términos de la programática de sus lineamientos, lo que trae a la mesa conceptos como “voluntad política”, unos de los cliché más requeridos y manoseados de la vitrina contingente, y que refiere a aunar esfuerzos en pos de alcanzar la realización de intereses, que a pesar de ser de motu proprio, sin duda tienen el estigma de “beneficio social”.

Modernamente, el concepto de voluntad en política lo lleva Rousseau a fines del Siglo XVIII en la denominación de Voluntad General, que no es otra cosa que la voluntad en pos del bien común, aún en el entendido que cada uno como individuo puede y debe tener una voluntad propia, ý que ésta puede ser coincidente o no con la voluntad general, pero que aún así está en armonía con el logro de un fin de mayor alcance.

Orientado en ese prisma, los gobiernos que han asimilado desde esa época la manera de referir y enfocar la voluntad en términos democráticos, han redefinido y reflotado conceptualizaciones de participación e integración de la sociedad en la materialización de las ideas a concreta, basado en el amplio y retórico debate que parlamentariamente se sostiene para acordar la forma idónea en que tal o cual iniciativa debe ejecutarse, algo que tiene un especial aroma y cariz cuando los temas a tratar son de tan profunda y directa incidencia, como los tema Educación y Economía, en los que definir las bases sobre las cuales se asientan estos temas, resulta tan vital para el funcionamiento del Estado, que cada paso que se da, a veces pareciera que requiere dos de marcha atrás para retomar, o que requiere se generen ciertas concesiones particulares que permitan destrabar discusiones, y que aunque esta se mantenga, su grado sea menor y no obstruya el paso libre a la impulsión gubernamental, algo que raya en la soberbia de la ejecución per se, y que sólo por no contar con una mirada “demócrata”, queda relegada al sombrero de copa, donde cohabita entre los trucos cartas y el suave pelaje del conejo blanco.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Acerca de…

Revista PiojoChile está compuesta por una red de colaboradores con opinión, orientada a generar Conciencia Social a través de escritos urbanos.


Sitio Principal Piojo.cl
Twitter @PiojoChile
Pagina Facebook
Grupo en Facebook
Pagina en Google+
Canal de Youtube