Las buenas intenciones del comercio discapacitado

Las buenas intenciones del Comercio discapacitado

Las buenas intenciones del Comercio discapacitado

Las buenas intenciones, en la mayor parte de los casos, son el camino al infierno y esta ocasión no parece ser la excepción a la regla.

La integración social de los discapacitados es un tema que para el estado no ha dejado de ser marginal al momento de escuchar la palabra progreso; no obstante, cuando se habla de inclusión y la organización del capital es para todos en aras del desarrollo, aparecen los resabios de la integración de todo aquel que tenga alguna discapacidad para su integración bajo el camino de las aspiraciones del desarrollo de una nación.

Las posibilidades de las personas con discapacidades para entrar al mundo laboral son reducidas, muchos hablan y vociferan sobre la igualdad y equidad para que las personas con menos condiciones puedan ser incluidas en los trabajos, pero finalmente son discursos que son enviados al baúl de los recuerdos hasta que los más sensatos tengan la fuerza suficiente para poner el tema en la mesa y salten a la palestra discusiones sobre el acceso, las opciones del mercado y las posibilidades de integración en el mercado laboral.

En general, algunas empresas han generado los espacios para personas con discapacidades mentales, ocupando puestos de aseo y ornato, empaquetadores, junior, comida rápida, donde sus habilidades puedan resolver problemáticas de menor grado.

Otro tipo de discapacidad son los problemas físicos, y quienes la padecen pueden acceder a puestos que no requieren tanta movilidad, lo que no impide que su habilidad mental pueda llegar a ocupar cargos normales como cualquiera persona sin discapacidad, si y solo si la estética y la lástima no entra en juego con la imagen empresarial a fin.

En un país donde las autoridades se preocupan de lo global y no de casos particulares, lograr que las instituciones sociales aborden estos casos pareciera que es pedir demasiado; muchos discapacitados se ven en la obligación de forjar su futuro de forma aguerrida, con un esfuerzo tremendo para abrirse paso dentro de los estándares normales de la sociedad.

En el largo y sacrificado tramo de su vida, no todos alcanzarán a estabilizarse dentro del sistema económico de mercado, quedando como legado agarrar lo que bote la ola.

Aquellos que no alcanzaron, y sus discapacidades no se lo permitieron, hoy están ávidos de una de las oportunidades comerciales que entregan varios de los municipios para que puedan al menos trabajar dignamente.

Estos trabajos se basan en puestos comerciales habilitados en lugares típicamente transitados y con afluencia diaria de público para vender aquellos objetos temporales y desechables que todos ocupamos al paso o que decoran el vivir cotidiano, tales como pinches, hilos, agujas, pulseras, artesanías, bufandas, en fin, todos aquellos objetos aptos para el paso del transeúnte que no reviste complejidad y que por los demás son bastantes útiles.

Entonces, las municipalidades han dispuesto de patentes para todos aquellos discapacitados, para que tengan la oportunidad de tener una entrada económica y logren hacer un tanto más fácil su difícil vivir, si es que ya su tramo vivido no les ha permitido establecerse.

Sin embargo, aquí nos damos cuenta como toda buena intención termina siendo un camino al infierno.

En apariencia, los puestos callejeros de los discapacitados están atestados de productos y objetos de ocasión, pareciera ser que estas personas están muy comprometidas con su posibilidad de negocio, tanto así que la compra de productos y las tendencias de los mercados las llevan en la sangre y que además su proceder pretendería también poner de acuerdo a todos sus vecinos comerciantes discapacitados para comprar por mayor y más aún, preparar los distintos productos de ocasión y temporada en una administración comunitaria.

Pues no se engañe, ellos no son, y no porque no puedan, sino porque su vida se ha forjado de esa manera; se les ha desterrado a algunos por voluntad propia, a otros por azares de la vida, pero no es su proceder ni se les ha ocurrido administrar u organizar su negocio, y por sus limitantes mentales y/o físicas, no tendrían la velocidad ni la organización para realizarlo a menos que tengan la ayuda, por cierto, de un actor externo.

Este actor externo ha llegado por supuesto para ayudar y quedarse, es un actor oculto y usurero que vino a tomar poseción del artilugio clandestino para apoderarse de los discapacitados y someterlos, básicamente por su condición de discapacitado, y aprovechar la legalidad de la patente otorgada con buena intención desde la Municipalidad.

Este actor externo está administrando los puestos, realiza las compras por mayor, dispone de las mercaderías, etc., para que los discapacitados, a la suerte de un asistente o intermediario, simplemente vigilen el negocio, dejando a las personas discapacitados como serviles del patrón.

Estos patrones se esconden tras los discapacitados, orientándolos y tranzando el porcentaje de las mercaderías, a través de porcentajes y cobros usureros por ventas, estableciendo así un gran negocio. Los discapacitados obtienen un porcentaje del producto vendido, y por lo tanto actúan como trabajadores por comisión, a expensas de los productos que les entregan y donde muchas veces, las personas discapacitadas ni siquiera están en sus puestos, y sólo se pueden apreciar a personas totalmente normales atendiendo los puestos.

Las excusas son variadas, reemplazos por enfermedad, tratamiento médico, en fin, estos actores externos y comerciantes se han apoderado de los puestos patentados para personas discapacitadas, donde el fin último y la buena intención otorgada por la municipalidad dejó de tener sentido hace bastante.

La municipalidad por su parte se venda los ojos sin una fiscalización, donde este fenómeno es el resultado y producto de las buenas intenciones aprovechadas por malandros, y en su implementación y mantención quedan supeditados los azares de un comercio depredador.

Finalmente, que pasaría si estos actores externos no movieran la mercadería o no organizaran los productos para la venta?, serían los propios discapacitados quienes podrían renovar productos, podrían administrar sus ventas y podrían proporcionar los productos adecuados para cada temporada para luego venderlos.

¿Tendría, entonces, la municipalidad que hacerse responsable de la iniciativa de la buena intención? solo así se logra que llegue a buen puerto y no sea un camino al infierno de un comercio discapacitado, para que no sea el aprovechamiento del actor externo que azuza como padrino comerciante vestido en su forma legal.

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