Sudamérica y el nuevo orden mundial

Sudamérica y el nuevo orden mundial

Sudamérica y el nuevo orden mundial

El proceso revolucionario que viven algunos países de la región, revela que aún hay posibilidades de desarrollo que difieren en contenido del capitalismo imperante. La irrupción de China en el escenario mundial abre un nuevo espacio para la divergencia.

Sudamérica no se rinde, Sudamérica es hoy un foco de resistencia y pelea.  De lucha y batalla ideológica. De esperanza de cambio este lugar del mundo, sabe. Lo vivió en la Guerra Fría, guerra caliente más bien en el patio trasero de los amos del mundo.

El ejemplo de Evo Morales, de Rafael Correa, el proceso bolivariano de Chávez, la valentía y consecuencia ética de José Mujica en Uruguay. Sudamérica resiste, vaya paradoja: América para los americanos proclamaba la doctrina Monroe, Sudamérica para los sudamericanos, parecen decir, en pleno siglo XXI desde este rincón del planeta.

Tal vez sea imperceptible,  pero estamos viviendo un proceso significativo de cambio histórico. Un proceso que reestructura el orden mundial y que da paso a una nueva era… un gigante asiático acecha y abre la puerta para que las naciones subdesarrolladas puedan levantar la voz y enarbolen banderas de justicia social y de real independencia. Pero se tratará solo de un breve periodo, ¿estaremos a la altura?

La historia latinoamericana sabe de esperanzas frustradas, de ilusiones rotas. Tras la emancipación del dominio español y el declive del imperio británico, Estados Unidos ha jugado un rol fundamental en el subdesarrollo de la región.  Pero también lo han hecho las elites y clases gobernantes, mandantes hacia adentro, subyugadas desde el exterior. En algunos países, actualmente ni siquiera guardan la compostura y obedecen ciegamente a la dominación extranjera.

Por eso, lo de Bolivia es un ejemplo que conmueve. El país más pobre de la región tras Haití, hoy conoce el significado de la palabra esperanza. Morales y compañía se atrevieron a desafiar al imperio. Nacionalizaron sus principales riquezas y pretenden ser dueños de su destino, un destino que solo conocía derrotas y sufrimientos, pobreza y miseria, explotación y desgarro, desgarro del alma que comienza a cicatrizar.

Pero… ¿y Chile? Atrapado en sus políticas neoliberales, Chile duerme, Chile sigue en el letargo, Chile aún teme, camina en silencio entre las naciones y no osa levantar la mirada y acompañar el proceso de resistencia de sus hermanos sudamericanos. 17 años con la bota en la cara no pasan en vano. El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y sus derivados solo tienen loas para un Estado que aplicó, de manera cruenta y sangrienta, el modelo de conveniencia para los amos.

Tal como Galeano describe con maestría, la industrialización es un asunto pendiente, llegamos tarde a la revolución industrial, y nos debimos conformar con ser meros espectadores y lo peor, sustento del desarrollo ajeno. Pero sectores de Sudamérica resisten y un gigante asiático acecha.

“Chile, la alegría ya viene”, rezaba el slogan que finalmente terminó convirtiéndose en la frase célebre que simbolizó la derrota de Pinochet. Pero fue una derrota pasajera, una derrota electoral; seguramente Pinochet la resintió en su fuero íntimo, pero su modelo hoy, salvo honrosas excepciones, sigue incólume.

Puede entenderse la política de Aylwyn, esa que propugnó cambios, e incluso justicia, en la medida de lo posible.  Pinochet comandaba el Ejército y era su Ejército, no el de todos los chilenos. Podemos incluso, en un acto de misericordia, tratar de entender a Eduardo Frei, un presidente gris y oscuro, casi un insulto a la memoria de su padre Frei Montalva, pero no puede perdonarse la traición de Lagos, quien en un momento levantó el dedo para desafiar a Pinochet, pero que una vez en el poder, gobernó para la élite económica del país. Mayol lo retrata sin ambages, sólo cabe recordar que fue Lagos quien entregó la educación a la banca, firmó una constitución espuria e incluso destruyó el movimiento sindical con su plan estrella: Transantiago, ¡vaya socialismo y vaya estadista!

Dicen que Piñera fue un paréntesis. ¡Optimistas!,  Piñera fue el quinto gobierno concertacionista, aunque con él, gobernaron los republicanos chilenos. Con Aylwyn, Frei, Lagos y Bachelet lo hicieron los demócratas y los demócratas parecen retornar con Bachelet. Políticamente y en micro escala, Chile es la copia (in)feliz del imperio.

Hoy, la presidenta tiene la palabra, pero como tantas veces, su silencio parece decir mucho más que su discurso. Bachelet no ha conjugado un verbo para su gobierno y todo apunta a que no lo hará. ¿Será reformista? Es la remota ilusión. Ni soñar con un proceso revolucionario, en Chile las utopías ya no existen y quienes en algún momento las encarnaron, hoy prefieren vivir el sueño de Hayek y Friedman.

Pero un gigante asiático acecha… Desde Mao, China vivió su propio proceso de industrialización, su propia revolución, tal como en su momento la encarnaron las potencias liberales que se repartieron el mundo: Inglaterra, Francia y posteriormente, Estados Unidos. Los reyes del librecambio siempre impulsaron medidas proteccionistas para sus economías. Es que desde su perspectiva, el liberalismo económico es bueno para el mundo, para lacayos y esclavos. No para el imperio que rige en el planeta.

Por algo Bachelet viajó a China. Por algo hizo lo mismo que hace algunos meses en Estados Unidos, explicar que Chile no vive una época de revoluciones y que por el contrario, sigue siendo un oasis de paz, un paraíso para la inversión extranjera, esa que desde los 80’ puso de rodillas a la industria nacional.

China hoy sale a competir al mundo y desafía la hegemonía estadounidense. Barack Obama incluso llama al orden al coloso asiático, que dicen los expertos, a diferencia de la Unión Soviética, sí tendría la capacidad para desafiar e incluso doblegar económicamente a Estados Unidos.

Los procesos históricos son lentos, no se alcanzan a percibir en el transcurso de una vida humana… Un cambio de potencia hegemónica podría dejar un vacío transitorio de poder. Es la esperanza, al menos mi esperanza. Los verdaderos liderazgos deben aparecer, tomar las riendas del país y conducirlo hacia su añorada independencia y desarrollo… Sí, una independencia verdadera que ponga fin a los mecanismos neocoloniales de dominación.

Pensar Chile y América Latina en el largo plazo, retomar la utopía que anhela un país igualitario y justo. La sociedad debe despertar y exigir de una vez por todas, que sus “líderes”, estén a la altura. Siempre vale la pena recordar, que la soberanía reside en el pueblo.

 

Pablo Andrés Sepúlveda Zárate

Periodista Universidad de Santiago de Chile. Por ahora alejado de los medios de comunicación porque no pretendo ser cómplice del silencio que caracteriza a nuestra sociedad. Digo y escribo lo que pienso y eso generalmente, es un problema.

Ciudad: Actualmente en Talca.

Twitter: @pablo_sepulveda

frenteestudiantesrevolucionario.blogspot.com

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