Acuerdos Desprogramados y Sincronismos Desajustados

Acuerdos Desprogramados y Sincronismos Desajustados

Acuerdos Desprogramados y Sincronismos Desajustados

La expresión “digno de Ripley”, en directa alusión a un programa de TV emitido en los 80’, da cuenta de lo insólito e inexplicable que puede parecer un suceso un suceso o acontecimiento que claramente raya lo absurdo, lo incomprensible o lo sorprendentemente extraño.

Obrar de manera conjunta, independiente la temática, implica ponerse de acuerdo y generar una proyección de lo que se va a hacer, y el cómo se va a hacer, algo que ya las tribus primitivas entendían (aunque fuera someramente) al definir estrategias de caza que implicaban una participación sincronizada y mancomunada sobre todo por el volumen de la presa a capturar.

Rescatemos también las grandes empresas que se hacían para construir enormes y magníficas obras, desde la Gran Muralla China, la Acrópolis, las Rutas Viales y Acueductos de la Roma, las Pirámides y la Ciudad de los Muertos, etc., un sinfín de monumentales desarrollos que a la sazón de esfuerzo, tenacidad y disposición, lograron ser erigidas en plazos que tecnológicamente hoy nos parecen exagerados.

En las propias campañas militares, como las de Alejandro o el Emperador Sheng, más tarde las de César o Napoleón, la coordinación y planificación era de una precisión y sincronización abismante, que en general daba con el resultado esperado en los plazos proyectados y con un nivel de daño colateral equivalente a la cuantificación inicial.

No hay ámbito, prácticamente, en que la planificación de los acuerdos sea eje de un resultado productivo y beneficioso para las partes involucradas, desde las estructuras de intercambio comercial o la simple explotación agrícola de los primeros asentamientos ancestrales, en los que el aspecto integrador del medio ambiente natural era fundamental para lograr la correcta mancomunión y la consecuente evolución próspera.

A la luz de estos hechos, mínimos ejemplos de una historia atestada de ellos, y aun pudiendo tener cierta inocencia de la percepción global de lo que esto significa, cuando estamos en presencia de eventos que aparentemente se superponen de mala forma, surge el natural cuestionamiento del por qué se está haciendo de esta manera? o si era posible hacerlo de esta otra forma? o simplemente especular con la falta de coordinación para ejecutar, algo que pareciera se está repitiendo más de lo que uno quisiera en nuestro Chile.

Voluntaria o involuntariamente, como sociedad, hemos sido perjudicados testigos de la falta de sincronismo, del desajuste, del desacuerdo, en fin, de las pocas ganas de conversar constructivamente para no afectar a una comunidad que inexorablemente sufrirá las consecuencias de una “mejora” en la vialidad, en la urbanidad, o más profundamente aún, en la forma en que definiremos el “qué y cómo hacer” de aquí en adelante respecto alguna materia.

Atestiguar cuando una calle recién habilitada, después de un largo tiempo en que no se podía acceder, y que ésta se debe volver a “romper” porque no estaban debidamente sincronizados los trabajos de cableado de alguna empresa, más de alguna vez levantan la suspicacia de la existencia de intencionalidad detrás de estos “errores” de planificación, en los que el perjuicio se extiende temporalmente a los simples y urbanos ciudadanos que pacientemente deben seguir prolongando una espera como si lo ya esperado no tuviera relevancia.

Resultan pruebas exigentes de tolerancia estas planificaciones mal acordadas, que se repiten con una facilidad tal, que el proceso de naturalización propia prácticamente ya no da cuenta de lo que realmente sucede, omitiendo lo que esté mal en pos de presentarnos una “novedad” en términos de absurdo, salvo se provoque un descalabro tal que nos lleve a un nuevo nivel de sorpresa, y dado que estamos en una sociedad sumida en la interpretación capital, pareciera que sólo basta cuantificar el costo monetario de la falta de voluntad sincronizada, minimizando el alto y humano impacto que sobre la ciudadanía urbana recae.

Durante un período importante de tiempo, y a modo de epítome de la insensibilidad urbana respecto de la ciudadanía, estuvimos privados de la Plaza de Armas dada una millonaria inversión que se estaba ejecutando, y que acompañaba la restauración de la Catedral cual competidor ansioso por terminar primero, y bien así fue como hace escasos días atrás, se reinauguró en medio de apoteósicos, orgullosos y vanos discursos de satisfacción respecto una “monumental” obra que se liberaba al disfrute ciudadano, enarbolado en la satisfacción del deber cumplido, y representando de un modo u otro, que un año de espera no es nada, como queriendo parafrasear un Tango de Gardel.

Escueto ha sido el instante en que la conciencia ha asimilado esta reapertura de la plaza, cuando de un modo incomprensible, en términos de planificación, se anuncia un cierre parcial por casi tres años más, una situación que aparentemente ya estaba en el consciente municipal desde hace casi diez meses atrás, y que hoy con sonrisitas más y sonrisitas menos, aderezados con voces pseudo graves que resuenan con lo de “esto no puede ser”, lo concreto es que la afectación urbana nos salpicará cual ola rompiente y furiosa, dispuesta a empaparnos totalmente, y que poco cuidará o dará cuenta del natural y claro reclamo ciudadano, mezcla de sorpresa e incomprensibilidad de la situación, lo más probablemente acuñada en lo que a las entidades regentes les gusta definir como “costos del progreso”.

One Response to Acuerdos Desprogramados y Sincronismos Desajustados

  1. ADRIANA RAMÍREZ diciembre 15, 2014 at 1:11 am

    Lo bueno para el municipio es que viene Navidad y la locura por comprarlo todo y eso va a provocar en el diario vivir de los Santiaguinos, un letargo, y para cuando pasen las fiestas de final de año, aparte del endeudamiento, para regocijo del comercio, Alguien se va a acordar que la Plaza luce igual, ? que es muy difícil reconocer alguna renovación, salvo que las hojas viejas de las palmeras fueron retiradas? que ya no importa esperar tres años más, para que se pongan de acuerdo por donde va la nueva línea del metro?los calculistas la llevan…..
    Que pacientes somos los chilenos!!!!! pero no todos.. gracias al Altísimo…
    Mis felicitaciones a todo el grupo…Adriana

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