El camino vocacional de la educación no es la profesión

El camino vocacional de la educación no es la profesión

El camino vocacional de la educación no es la profesión

La alicaída vocación en su camino desbancado, se ha alejado del desarrollo del espíritu y pareciera ser que en su reemplazo se ha levantado una profesión como una salvadora disfrazada de especialización.

La vocación llena de inspiración al hombre con el fin de emprender el camino que lo guiará hasta el final de los tiempos, donde él pasará por diversos obstáculos aprendiendo y fortaleciendo sus experiencias para convertirlas en herramientas en vías de las tareas que desarrollará de paso en la supuesta carrera profesional.

En el mundo laboral moderno, la profesión es un puntal de presentación social que establece a modo simplón un nivel educacional apalancado en una estratificación establecida por parámetros socio económicos, donde ser profesional en tiempos modernos pareciera ser una obligación que acompaña al progreso dependiendo de la cuna formativa del profesional, que más tarde entrará a trabajar por dinero para la obtención de mejoras materiales.

El trabajador adicionalmente alimenta la relación de trabajo y profesión como principios para mejorar las condiciones de vida, donde la experiencia que adquiere en su camino sesgado y alienado solo engendra una condición mecánica que gana en deterioro físico y no en vocación ni espíritu.

No es difícil encontrar profesionales que trabajan en lo que no les gusta y comparten actividades laborales con personas las cuales creen que el trabajo y el desarrollo profesional les traerá la satisfacción necesaria para producir la felicidad en su vidas entregándoles lo que necesitan como una adicción, un placebo o una sustancia farmacológica que les da placer momentáneo.

La especialización ha ido creciendo y disminuyendo el espectro del conocimiento en las carreras, donde los profesionales están condenados a elegir entre áreas humanistas o áreas científicas y por tanto destinados a ver sólo una cara de la moneda.

Tanto el arte, las ciencias sociales y naturales, son ramas integrales que desarrollan el conocimiento de la vida sin tener una relación con la profesión, el fin último es la mirada integral para el desarrollo del espíritu de cada ser humano donde no tiene asidero la cantidad de títulos que portan, ni donde los encontró, como un papel floreado para decorar el hogar.

El mercado laboral y su especialización también aportan y socavan la integración del conocimiento acotando el espectro de conocimientos, generando una debilidad en la capacidad de abstracción de las personas cuya afección se denota al momento de quedar sin trabajo.

En general el conocimiento de los profesionales especializados están orientados a aspectos técnicos que si bien al momento de realizar las tareas laborales son útiles, al fin de los tiempos no sirven de nada por su fuerte carga específica inútil.

El conocimiento técnico no es más que un detalle en el camino de la vida educativa,  tener conocimientos técnicos y específicos son pasajeros y dados por las condiciones ambientales volátiles que solo impulsan sin parangón que la experiencia ganada a través de la reflexión de la tareas aprendidas son las que dejan.

Por otra parte la flexibilidad y dinamismo de la sociedad guía el cambio de nuevas tecnologías donde la especialización cambia generando nuevas tareas y por tanto más especialización. Solo recordar la eliminación del oficio dada la industrialización como el resultado de la transformación del trabajo.

Es por eso que es sumamente relevante a la hora de educarse, imponer e impulsar las ciencias más duras como las matemáticas, la filosofía y  el arte desarrollando una visión integral y reflexiva para mejorar la capacidad de pensamiento y realizar cualquier tarea que nos deponga la vida al frente y no apalancarse en un conocimiento específico y en particular tecnológico donde día a día crece la obsolescencia.

Gastar el tiempo pensando que en una de las áreas del conocimiento esta la solución a todos los problemas es como buscar una aguja en un pajar, solo hay que entenderlas como las herramientas que ayudan al desarrollo del espíritu a través de la vocación.

Las personas que apuestan y se desarrollan en una escalada de especializaciones en los trabajos tapujan debilidades sociales y culturales por conocimiento técnico, no es casual que en fiestas o reuniones familiares las personas no pueden evitar hablar de trabajo y que insisten en dar  discursos técnicos que de nada sirven al momento de hablar sobre sus propias vidas y que por lo demás es lo que realmente importa.

No hay que perder de vista que el profesional tiene una ligazón al concepto de trabajo, cual concepción equivoca creada para ir de la mano con la vida solo tiende a quedar como una herramienta más de la fuerza de trabajo.

Si bien es cierto que en gran parte de nuestras vidas la pasamos en el trabajo y los tiempos dedicados a la convivencia con la familia es pobre, no se puede caer presa de la formación laboral violeta que ejerce y que no aprecia el valor de la vida y no vela por seres capaces de evolucionar como individuos

De hecho, si se es estricto, jamás se logrará alcanzar el desarrollo completo de la profesión que se busca, simplemente porque la vida no es una especialidad alcanzable ni por más capacitación que pase, porque no son aspectos alcanzables, socialmente los las instituciones establecen títulos que evidencian la meta alcanzada, sin embargo todos los profesionales tienen capacidades distintas para llevar a cabo sus trabajo y por tanto su desarrollo será distinto e inclusive si han tenido mismos estudios, tiempos, cursos y carreras.

Es por ello que la homologación de títulos profesionales no es lógica cuando la persona ejerce su vocación, porque lo importante está en lo que reside internamente en cada persona dispuesta a aprender de forma integral y que repare en conocimientos específicos solo con el fin de un rescate reflexivo y experimental y no como una medalla de guerra que no sirve si la guerra es distinta.

Para ello se debe trabajar en el desarrollo del fortalecimiento del espíritu en las distintas áreas del conocimiento explotando cada una de las habilidades que tiene el ser humano para expresarse y desenvolverse en cada ambiente que estime conveniente y necesario para la sociedad.

 

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