El lacayo encubierto de amo chilensis

El lacayo encubierto de amo chilensis

El lacayo encubierto de amo chilensis

Desde una perspectiva netamente económica, el hombre puede dividirse en dos clases sociales: las personas propietarias de capital y aquellos que son empleados de los dueños del capital: asalariados, proletarios, obreros, mineros, etc.

Sin embargo, como consecuencia del avance del neoliberalismo y del individualismo que lo caracteriza, nuestro país ha visto surgir una nueva clase: los lacayos.

Según la Real Academia de la Lengua Española, se entiende por lacayo a un criado cuya principal preocupación era acompañar a su amo a pie, a caballo o en coche.

En términos simples, se trata de hombres serviles, mortales que como usted o yo, deben acatar órdenes y obedecer para sobrevivir en este sistema, o si lo prefiere mejor, en esta verdadera jungla.

Pero de serviles, muchos han pasado a convertirse en seres viles. Despojados de toda solidaridad para con sus compañeros, se caracterizan por un exacerbado egoísmo y una inmoralidad que raya en lo ridículo.

Prepotentes por esencia, no vacilan a la hora de denunciar a un compañero de trabajo, ya sea para escalar posiciones en la jerarquía de una determinada empresa  o simplemente para granjearse la amistad del amo. Jefe, estoy aquí, usted mande lo que sea, yo acataré, parecen decir.

Así construyen un camino de “éxito”, un camino que muchas veces les reporta dividendos económicos y una que otra ventaja en relación a sus pares. Comienzan a ser incluidos en círculos sociales supuestamente más “refinados” y se codean a menudo con el poder.

No obstante, en su miopía que ya parece crónica, han descuidado el fondo del asunto. Su poder, o más bien su pseudopoder, emana de otra fuente: su amo. El determina que se hace, cómo se hace y cuándo se hace.

El lacayo solo debe obedecer, pues en la obediencia, asume, está su posibilidad de ejercer poder sobre personas que en algún momento compartieron su posición jerárquica dentro de la compañía.

Marionetas de este tipo hay, lógicamente, también en el aparato estatal, que suele ser secuestrado por la coalición de turno en el gobierno. Así, quienes realmente detentan el poder, ni siquiera necesitan ensuciarse, para eso están los lacayos.

El problema es que parece ser que cada día, hay más dispuestos a convertirse en lacayos y en el fondo en pequeños tiranos, déspotas para con sus inferiores, tímidos, silentes y timoratos para con sus mandantes.

Su nivel de esclavitud es tal, que han entregado su conciencia a los designios del dueño del capital. Como ya se dijo, están en todas las esferas del mundo laboral, ya sea en la empresa privada o el aparato público.

Si en el mundo privado se caracterizan por actuar como perritos falderos, en el Estado, replican políticas probadamente fracasadas, dictaminadas desde las alturas, con el propósito de perpetuar el sistema que les asegura ganancias, pero por sobre todo, una posición predominante.

¿Quiere un ejemplo?  Los planes de absorción de cesantía que se aplicaban en la época de Pinochet, hoy siguen siendo utilizados – con diferente nombre – para repartir lisonjas y migajas. Nadie lo cuestiona.

Parece ser que no hay espacio para la épica, para el idealismo, para el sueño. Parece ser que debiésemos ilusionarnos con llegar a ser lacayos, es todo lo que esta sociedad puede ofrecernos.

¿Es posible que profesionales que alguna vez soñaron cambiar el mundo, hoy actúen como autómatas, resguardando su “acomodado” nuevo status y sepultando las aspiraciones de miles, como fieles guardianes del poder que no se atreve a cambiar siquiera una coma en esta sociedad injusta, cruel y sistemáticamente autodestructiva?

El hombre actual, camina agachado, aunque su naturaleza le exige que marche erguido. Se ha tratado de levantar mil veces, y mil veces ha sido subyugado por quienes detentan la autoridad máxima en el mundo y lógicamente en Chile. A punta de balazos ha sido sometido.

Hoy el sistema le ofrece un nuevo mecanismo de dominación, más sutil, pero igual de repugnante, un mecanismo que lo lleva a olvidarse de sus pares y a convertirse simplemente en un desclasado.

¿Qué pasará con ellos, con los lacayos, cuando la revolución golpee las puertas de su casa? ¿Para qué lado de la balanza se inclinarán?

 

Pablo Andrés Sepúlveda Zárate

Periodista Universidad de Santiago de Chile. Por ahora alejado de los medios de comunicación porque no pretendo ser cómplice del silencio que caracteriza a nuestra sociedad. Digo y escribo lo que pienso y eso generalmente, es un problema.

Ciudad: Actualmente en Talca.

Twitter: @pablo_sepulveda

2 Responses to El lacayo encubierto de amo chilensis

  1. Iván Sepúlveda diciembre 16, 2014 at 5:47 pm

    Excelente.
    Cuando una sociedad no reflexiona y permite la restricción de oportunidades termina condenada, con sobre-producción de profesionales, monopolios, atosigamiento de las pymes, etc. Provocando que hasta los emprendedores sean siervos de los financistas.

    Responder
  2. Heraclio junio 4, 2015 at 5:54 pm

    Siendo un buen articulo y es imposible abarcarlo todo, creo que es más complicado el Hombre en su gran mayoría es un animal oportunista y se formó así desde mucho antes que fuera especie. Es repugnante esta estructura social y esta personalidad se desarrolla gracia a instintos atávico, más que culturales, que esta sociedad usa, algunos pueden defenderse mejor que otros. Los capataces con la reforma agraria de Allende, quedaron en entre dicho y muchos optaron por el trabajador.

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Acerca de…


Revista PiojoChile está compuesta por una red de colaboradores con opinión, orientada a generar Conciencia Social a través de escritos urbanos.


Sitio Principal Piojo.cl
Twitter @PiojoChile
Pagina Facebook
Grupo en Facebook
Pagina en Google+
Canal de Youtube