El Metro de los zombis inconsciencia equivale a esclavitud

El Metro de los zombis inconsciencia equivale a esclavitud

El Metro de los zombis inconsciencia equivale a esclavitud

Falla generalizada en las líneas 1, 2 y 5 del Metro: Santiago colapsa. Caos, desesperación, estrés por doquier. La urbe, orgullo de sus habitantes, se derrumba y las grietas se transforman en agujeros. Nadie comprende lo que pasa, el sistema está caído.

Colapso. El Metro, pieza clave del andamiaje de una ciudad que no descansa, interrumpe su servicio. No siempre fue así, en una época cercana, resplandecía por su eficacia, destacada incluso a nivel internacional. El tiempo transcurrido es breve, no obstante, parece una eternidad.

Es que la precarización de las condiciones de los obreros, se percibe incluso antes de llegar al sitio de faenas. Como consecuencia de la aplicación del Transantiago, Metro se asemeja a trenes de transporte de animales, ganado que marcha silente al matadero, sin derecho a queja, mucho menos a rebelión.

Graves problemas de conexión, sin embargo, los usuarios agotan los esfuerzos para seguir conectados. Atrapados en la necesidad, más imaginaria que real, de llegar sí o sí a su trabajo, buscan fuentes alternativas de movilización, colapsando también el transporte de superficie, como siúticamente se llama ahora, a las micros que circulan por las siempre frenéticas calles de la capital.

¿Por qué tanta resignación, tanta desesperanza? Pareciera ser que la atomización mental del individuo ha llegado, en la metrópoli, a niveles insospechados. Solo hay que trabajar, trabajar y trabajar. Muy similar a la época de la esclavitud.

Pero se supone que la esclavitud fue abolida, al menos en Chile. Lleguemos entonces a un acuerdo: en nuestro país no existen los esclavos. Entonces, ¿qué fue lo que vimos la mañana del 14 de noviembre? Y ¿Qué es lo que vemos tantas veces, en el campo, en la dura realidad de los temporeros, en las difíciles condiciones de la pequeña y mediana minería, en los trabajadores del retail, en los obreros de la construcción?

Como ya acordamos que  ninguno de ellos es esclavo, o mejor dicho no somos – también sufrí por años con los “desajustes” del tren subterráneo – busquemos otro nombre. El lenguaje es generoso y amplio, por lo que no se necesita un esfuerzo para encontrar algún calificativo: zombis; vimos zombis errando por las arterias santiaguinas en busca de un medio de transporte. Hay que salvar la “pega”, hay que producir, ¿cómo vamos a irritar al jefe?

Tal vez, si comenzáramos a pensar por un instante que nuestra misión en la vida, no es únicamente trabajar y adquirir bienes de consumo, casa, auto, etc, podríamos haber dado con una solución sencilla. Hubo personas que llegaron – según su propio testimonio –  después del mediodía a su destino. ¿Por qué no simplemente caminar a casa y esperar que el Estado resuelva de manera eficiente y digna, una problemática social, en este caso el transporte público? Seguramente, el privado, afectado en su bolsillo por la baja de la producción, pondría el grito en el cielo y utilizaría todo su poder económico para demandar del Estado, una solución rápida y eficaz para revertir las pérdidas.

Podría ser un camino. Silencioso pero significativo. Una simbólica afrenta, como respuesta a los múltiples golpes que el sistema se encarga de dar, muy a menudo, a las clases trabajadoras, como si quisiera recordar que no tenemos derecho a protesta. Pero lo tenemos y lo estaríamos ejerciendo.

También existe la posibilidad de salir a la calle, de la movilización, de la desobediencia. Esa será, no cabe duda, una vía violenta. Fuerzas especiales reprimirán a los manifestantes,  a personas que perfectamente podrían ser sus vecinos. Están adoctrinados para hacerlo, para defender al capital. ¿Debemos juzgarlos por ello? Si los juzgamos, también debiésemos juzgarnos personalmente, para tratar de dar con la razón de nuestra inconsciencia, de nuestro estado zombi. Hoy, zombis armados, apalean a zombis desarmados. Perdonar podría ser una alternativa válida, generosa y solidaria, pero ese es un camino que hay que recorrer posteriormente,  por ahora lo que está en juego es todavía más trascendente: se trata de justicia social.

Otra alternativa es simplemente, agachar la mirada, evitar la reflexión y la irritación, que seguramente devendrá, tras descubrir nuestra condición. Marchar ciegos, para evitar el conflicto, a costa de seguir siendo sacrificados. Pero esa es una vía que ya sabemos a qué nos conduce.  Silentes y timoratos, continuaremos siendo despojados de nuestros derechos más elementales. Basta con mirar lo  que actualmente somos para valorar el resultado de esa apacible, pero a la vez imperdonable, indolencia.

Por un minuto, imaginemos si Santiago entero se paralizaba, si los trabajadores optaban por la primera alternativa mencionada. Un mensaje claro y nítido, sin recurrir a la violencia, se hubiese escuchado fuerte y cristalino. Somos sujetos de derechos y exigimos que estos se respeten y se cumplan. Necesitas de mi trabajo, pues bien, asegura entonces las condiciones mínimas para que pueda desempeñar mi labor. Recuerda, la esclavitud fue abolida. Así lo dice la autoridad oficial, que además, desciende de la clase oligárquica que ha gobernado este país. Supongo que no querrán dejar a sus antepasados como mentirosos.

Pero en modo zombi es imposible pensar. Películas y videojuegos nos han mostrado, en innumerables ocasiones, como actúan los zombis. Revise las imágenes, mire fotografías, escuche testimonios y compare. Notará tristemente que no difieren significativamente de lo acaecido en Santiago. Dicen que la realidad siempre supera a la ficción.

Que se entienda bien, no se trata de un ataque al santiaguino. Sería injusto agredir a una víctima. Puede sonar contradictorio, pero el zombi es una víctima y el resultado que este sistema busca y pretende, el fin último. Trabaja, no cuestiones; trabaja, consume; trabaja, no cuestiones; trabaja y muere. Siendo más drástico, habría que pensar si en algún momento, estuvimos vivos.

Actualmente, las escuelas chilenas son fábricas de zombis. De hecho, son fábricas. La escuela pública replica el modelo de una fábrica. Ingresas siempre a un mismo horario, obedeces siempre al maestro situado delante de la clase que dicta sus materias. Simple y vulgar entrenamiento para que el día de mañana, cumplas un horario – marques tarjeta o en el siglo XXI marques digitalmente – y obedezcas a un jefe. No hay espacio para la reflexión ni el ejercicio intelectual.

La esclavitud fue abolida, pero si miramos el caso del Metro y los vericuetos que esconde, es posible apreciar un sistema mucho más sutil y perverso de dominación: desde pequeños somos adoctrinados para ser inconscientes, y para acatar sin preguntar, para dejar en manos de otros, decisiones que nos corresponden y que inciden directamente en nuestras vidas.  Despojados de espíritu crítico, nos convertimos en zombis. ¿Es peor ser zombi o ser esclavo?… No lo sé, la esclavitud cobró millones de vidas en el mundo, pero al menos los esclavos percibieron su condición y más de alguna vez, se rebelaron. Claro, es que hasta ellos conservaron un  nivel de conciencia, que hoy parece perdido. Por eso, el primer paso debe apuntar a la creación de un consciente, un ser pensante individual, para finalmente encontrar un ideal colectivo que supere la pobreza espiritual que caracteriza a esta época.

La batalla por el despertar, ya comenzó, espacio para la esperanza existe, nos dieron el ejemplo los pingüinos, nos dieron el ejemplo los profesores que hoy protestan pese al silencio de los medios de comunicación, es ejemplo para todos la lucha de los trabajadores de Líder, incluso el fútbol se ha organizado sindicalmente para detener los atropellos. La problemática de un trabajador es la problemática de todos los trabajadores, cuando lo comprendamos de verdad, dejaremos nuestro estado zombi y recordaremos que quien delega el poder, es siempre, el pueblo.

 

Pablo Andrés Sepúlveda Zárate

Periodista Universidad de Santiago de Chile. Por ahora alejado de los medios de comunicación porque no pretendo ser cómplice del silencio que caracteriza a nuestra sociedad. Digo y escribo lo que pienso y eso generalmente, es un problema.

Ciudad: Actualmente en Talca.

Twitter: @pablo_sepulveda

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Revista Piojo.cl

Acerca de…

Revista PiojoChile está compuesta por una red de colaboradores con opinión, orientada a generar Conciencia Social a través de escritos urbanos.


Sitio Principal Piojo.cl
Twitter @PiojoChile
Pagina Facebook
Grupo en Facebook
Pagina en Google+
Canal de Youtube