Feliz Navidad el Grinch tenía razón

Feliz Navidad el Grinch tenía razón

Feliz Navidad el Grinch tenía razón

Época de Navidad, hay que comprar regalos, adornar la casa, pensar en la comida, decidir el lugar del festejo y con quien de la familia o amigos para no herir susceptibilidades, un sin número de usanzas que en ocasiones hacen perder de vista lo principal, el espíritu, al parecer el Grinch tenía razón.

Época de Navidad, hay que comprar regalos, adornar la casa, pensar en la comida, decidir el lugar del festejo y con quien de la familia o amigos para no herir susceptibilidades, un sin número de usanzas que en ocasiones hacen perder de vista lo principal, el espíritu, al parecer el Grinch tenía razón.

Todos los años, como es de costumbre, las personas se preparan para una de las fechas más importantes del año, la navidad, coincidentemente suele ser la fecha más estresante y depresiva de todo el año, ya que la emoción es la invitada de piedra para el festejo, tomando en cuenta su cuota de abundancia o austeridad que dice presente a la hora de compartir con los seres más cercanos.

El Grinch tenía razón, él mira con una leve sonrisa irónica como las personas en estas fiestas llevan a cabo su compulsiva vida de consumo, viendo en los regalos la satisfacción y felicidad, preparando una comilona acompañada de destilados para los impacientes gulientos.

Todos los años nos recuerdan que lo importante es el espíritu y no lo que tengas para regalar ni para comer, no obstante, el bombardeo mediático auspiciador del mercado es majadero en darle la razón al Grinch, motivando al insulso espectador que solo puede pasar esta festividad si hace caso del consejo comercial y de mercado.

En lo laboral, muchos regalos comprometidos a fin de año, muchos logros esperando por su recompensa adornan la esperada fecha donde el buen comportamiento pareciera esperar su recompensa como niño tras su anhelado juguete.

También, la navidad produce sentimientos encontrados para las personas, para algunas la felicidad y emotividad de compartir con los seres queridos en tranquilidad y reflexión, para otras la frustración y tristeza de la superficialidad de las acciones que transcurren por la fecha y otras donde auspiciados por el apresuro y la enajenada actitud encandila la vista material que intenta olvidar su realidad por un momento de fantasía.

El Grinch tenía razón, pareciera ser que algunas personas podrían hasta lanzarse en los brazos de la fantasía de la Navidad solo para olvidar un momento su vida.

Inclusive los arboles de pascua se han dejado de adornar por la familia, los arboles prefabricados ya vienen listos para enchufar a la electricidad, adornados y con luces para que cumplan con el objetivo de solo ser adornos y no aquel árbol para recordar que es una época de reflexión de muchos colores y brillo solidario.

También las comidas que adornan la fecha, como el pan de pascua y el cola de mono quedan solo al alcance del negocio cercano a comprar, no hay esfuerzo ni tampoco el amor para hacerlo, ni siquiera porque en esta vida nada es gratis, inclusive sabiendo que puede ser mucho más exquisito hacerlo con las propias manos, no es necesario un cocinero, solo el tiempo, aquel que sin duda hay que dedicar para obtener los frutos del esfuerzo y la dedicación.

Porque hay que adornar el árbol para entender que cada adorno fue puesto con cariño y esfuerzo por cada integrante de la familia, que cada rama de árbol fue posicionada con un compromiso solidario, de armar en conjunto un gran árbol de navidad, que sea el símbolo de la fecha y que este en un lugar especial de nuestro hogar para recordar todos los brazos y manos que ayudaron a dejarlo como luce.

Porque hay que hacer el pan de pascua y el cola de mono con nuestras manos para probar el sabor del esfuerzo, la honestidad y reflexionar que todo cuesta, pero finalmente el sabor del logro es exquisito o por lo menos aceptable en el esfuerzo.

Porque hay que preparar la cena con austeridad, reuniendo a los integrantes de la familia, recordándonos que debemos estar juntos y unidos alrededor de lo único que nos mantiene vivo, la comida.

El Grinch tenía  razón, por eso es que se robó los regalos de todos aquellos hipócritas que consumieron y prepararon banquete olvidando el espíritu de la navidad. Por eso, austeridad y solidaridad en navidad son palabras que hay que tener presente a la hora de abrazar a la familia y darle el mejor regalo que tienes a mano, el afecto y la sinceridad.

Años atrás la figura potente del pesebre y el niño Jesús ya no venden, no son atractivos para el mercado del consumidor y además la iglesia no ha pasado por un buen momento y como consecuencia el árbol de pascua se ha quedado sin su nido sacro, aquella imagen plagada de símbolos de bondad, austeridad y nobleza que hoy se hacen casi escasos en el festejo y que se fueron a la basura con las figuritas quebradizas de antaño.

El Grinch tenía razón, la única forma en la que él pudo dar cuenta al final, era que la navidad y el espíritu son rescatables en su sentido puro, solo si la preocupación por festejar sea en familia y no cuando estén buscando regalos como forma avaricia ni la comida como forma de gula.

Aquel amiguito de tono verde claro entendió qué, solo alejando a las personas de las cosas superficiales y mundanas pareciera ser que es la forma en la cual les provoca volcar la mirada a lo que han olvidado y le permita así enamorarse nuevamente de lo que han enterrado poco a poco, su espíritu.

La navidad es una fecha hermosa, donde nos debemos una reflexión familiar y desde luego dejarse llevar por el amor que nos engrandece como seres humanos para así hacer de esta sociedad una más honesta, sincera y solidaria.

Feliz Navidad

El Grinch

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