Inmigrantes en Chile un guiño cultural solapado

Inmigrantes en Chile un guiño cultural solapado

Inmigrantes en Chile un guiño cultural solapado

Desde la  “Ley de inmigración selectiva” promulgada en 1845 a la fecha, los inmigrantes han dejado en nuestro país su herencia a través de tradiciones, arquitecturas, comidas, las que envueltas en un equipaje cultural han estampado sus huellas en nuestra historia.

En el siglo XIX, alemanes, austrohúngaros, británicos, franceses, holandeses, italianos y suizos se establecen gracias a la Ley de inmigración; fueron aproximadamente 6.000 familias que se asentaron en zonas de Valdivia, Osorno, Llanquihue y las actuales regiones de Los Ríos y Los Lagos, auspiciados por el gobierno de ese entonces con el fin de atraer profesionales y colonizar el sur del país.

Los colonos, al tiempo andar, lograron cambiar las condiciones económicas de las zonas sureñas con su espíritu y voluntad constructiva motivada por el compromiso de su nueva patria, desarrollando arquitectura, gastronomía y aumentando la natalidad, y provocando, entre otras cosas, que en 1953 el gobierno del presidente Carlos Ibáñez del Campo creara el Departamento de Inmigración.

Actualmente, según datos del Departamento de Extranjería y Migración (DEM), la cantidad de extranjeros alcanza aproximadamente los 442.000, donde 257.112 son parte de la comunidad Latinoamericana de peruanos (136.819), argentinos (61.563), bolivianos (24.917), ecuatorianos (19.784) y colombianos (14.029), rescatando un dato desde el DEM, donde el promedio de años de escolaridad de los inmigrantes es de 12,3 mientras que en el chileno promedio es de 10,5.

Hoy en la actualidad estamos viendo una nueva familia de inmigrantes, donde el origen mayormente latino ha predominado en los últimos 10 años.

El aburguesamiento de cada país, y el aumento de carreras univertarias, ha provocado que los trabajos de menor remuneración en relación a un sueldo mínimo, se conviertan en oportunidad de empleo para algunos inmigrantes.

En el caso de los peruanos, se hace cada vez más frecuente que los empleos de nana estén fuertemente habitados por ellos, a la par de negocios de comida callejeras y también negocios establecidos en mercados populares agrícolas, donde incluso los productos propios de su país están siendo importados.

También ha traído consigo el sabor peruano, que dicho sea de paso puede ser uno de los más exquisitos de Latinoamérica, y se han posicionado con restaurantes peruanos como una de las buenas alternativas a la hora de ir a comer y de pasada probar otro tipo de productos que el cotidiano de la comida chilena no atiende.

El fenómeno de los restaurantes de comida peruana ha sido similar a lo que pasó con los restaurante de comida china; han caído “de perilla” frente a la opaca comida chilena, y es que la diferencia radica en que la comida peruana se acerca bastante a la real del país de origen, mientras que la china es una adaptación cuasi forzada a la chilensis.

Los restaurantes colombianos y ecuatorianos también se unen a la carga; sin duda, el negocio de la comida extranjera le ha dado frutos a muchos inmigrantes para generar dividendos; los jugos naturales y comida en carritos de supermercado callejeros tampoco se han quedado atrás.

La moda también ha sabido abrirse paso; junto al reggaetón y ritmos latinos, las modas traducidas en vestimentas y el look cobran importancia, y en este sentido, los colombianos han sabido capitalizar la moda montando peluquerías y tiendas de ropa para cubrir el nicho del círculo al ritmo del reggaetón.

Tampoco, como era de esperar, los negocios oscuros de la droga y prostitución han pasado inadvertidos; hablar de drogas con un colombiano no es tema nuevo, así como hablar de transporte de drogas con peruanos o bolivianos tampoco.

Además, una parte de la población femenina joven han optado por tomar el rumbo de la prostitución como una opción viable, no es casualidad que en la capital los cafés con piernas también estén dotados con un fuerte contingente de inmigrantes peruanas, colombianas y ecuatorianas en mayor medida; no es casual tampoco, ver mujeres de color con coches con bebes blancos, dando pie a la mezcla latina para obtener nacionalidad y pisar terreno fértil.

Por otra parte, los inmigrantes asiáticos también ya hace más de una década que en silencio trabajan y trabajan, abren tiendas y hasta pueblan un barrio, siempre humildes y serenos, continúan su vida sin grandes espectáculos, importan e importan productos de la cultura de lo desechable, sacando grandes dividendos, y abriéndose paso callados y sigilosos aa la par de un ninja o samurái en misión, mostrando su cultura ancestral.

Las viviendas claramente han sido afectadas tras la inmigración; en el caso de los latinos han apostado por los barrios populares, los que a punta de cité, inician su vida y forman su trabajo, al inicio muy apretados y luego de tanto trabajo migran con más aspiraciones.

Por supuesto que sería majadero pensar que los inmigrantes no son buenos aportes para el país, pero ¿quien es el que regula? ¿el chancho o el que le da el afrecho? Ciertamente la mayor parte de los inmigrantes vienen en busca de mejores oportunidades y en ese marco, el nivel educacional y profesional es variado.

Todo lo anterior y mucho más, ocurre mientras los chilenos, mirando pasmados, aprovechan en la pasada la novedad, en ocasiones reclamando por la falta de trabajo en su simplón alegato, haciendo aspavientos que nos están quitando los trabajos, pero que hace el chileno frente a la cantidad de cultura que se nos pone en frente? y es que un país que vive su cultura en las fiestas patrias y luego se olvida, opta por costumbres extranjeras para vivir durante el año.

El chileno come en restaurantes de comida extranjera por un aire a estatus, compra productos extranjeros porque deberían ser mejores que los nuestros; sin ir mas allá, exportamos materia prima para luego ingresarla nuevamente al país elaborada y con un costo superior, consumimos productos y modas extranjeras con una rapidez y velocidad tremenda, apreciamos las culturas y hasta conocemos más de los países extranjeros que la cultura mapuche,  y es que pareciera ser que el chileno en su juventud de nación, se hace rebelde de sus orígenes.

¿Será que Chile pueda ser el mejor país que pueda acoger a distintas culturas e identidades por ser la suya tan neutra y opaca?

Porque hoy por hoy somos bueno en ello, nos hacemos parte rápidamente de culturas y costumbres extranjeras muchas veces dejando de lado la psudo cultura nuestra; nos gusta vivir lo del otro, nos gusta viajar fuera del país, nos gusta reírnos de otros, parece que nos gusta el otro y no el nuestro, porque al parecer ya casi no queda nada que nos pertenezca y parezca, nada por que luchar, y hablamos normalmente de los problemas del otro sin resolver los nuestros.

…debemos ser uno de los países donde más se quiere al amigo cuando es forastero…

 

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