La Cruzada Mediática entre Informar y Opinar

La Cruzada Mediática entre Informar y Opinar

La Cruzada Mediática entre Informar y Opinar

La necesidad de Informar, aún en términos coloquiales, se desarrolla y cobra estructura y formalidad en la medida y a la par lo hace la capacidad del hombre para comunicarse y compartir ideas y discusiones en torno a un interés común surgido al interior de la comunidad o en respuesta a una necesidad.

Opinar, por su parte, es el simple ejercicio de procesar lo que se informa en base a la propia percepción o referencia que se tenga del evento, por muy mínima que sea, y según esta valorización calificable en términos íntimos, generar la intencionalidad del discurso para darle un fondo de injerencia crítica.

Recíprocamente, la opinión debiera responder a la información que se genera, induciendo un nuevo nivel informativo, una capa superior de entendimiento que establece las primigenias bases del debate, que según la esencia del evento o la naturaleza objetiva de éste, tendrá un breve o muy extenso historial de proposiciones complementarias que tienden a unificar criterios respecto de lo expuesto.

En el contexto histórico, y en la medida de la evolución civilizadora, la escalabilidad de la información tenía un asidero temático, asociado intrínsecamente a la disposición política que adquirían y en cuanto a los grupos societales que debían tener acceso a ésta, conformándose personajes tales como los antiguos sacerdotes o consejeros, los emisarios, o los propios juglares y trovadores, que aun teniendo una participación y alcance distinto en cada una de sus actividades, de una u otra forma estaban relacionados con el proceso de informar (e interpretar) desde o hacia la ciudadanía respecto de alguna normativa por implementar, respecto de algún descontento o situación que estuviera afectando a la población, o simplemente para replicar alguna historia o suceso acontecido en alguna zona alejada.

Nace así, incipientemente, una institucionalidad informativa estructurada y jerárquica, que infiltradamente nutría a la regencia del comportamiento comunitario, y por otro lado difundía en la comunidad las actividades, éxitos y proyecciones de quienes estaban a cargo del bienestar de la sociedad, que en términos de paradigma, se ha mantenido regularmente desde las primeras civilizaciones Imperio presentes en la historia del orbe, y que claros ejemplo se tienen en cuanto estos canales que ejercen el informar comienzan a filtrar o sesgar lo que a priori pueda parecer de mayor relevancia, pero que en términos objetivos, están omitiendo reales necesidades de la población.

Así como se genera cierta injerencia en el informar, este sesgo obviamente se replica en una opinión condicionada, sujeta al ámbito circunstancial en el que se repliega la información, pudiendo orientar o canalizar la resultante opinión en cierto trasfondo que sea de interés en virtud de alguna determinación que se quiera establecer, a la suerte de un juicio en que una convincente defensa pueda replantear o al menos diluir una (aparentemente) objetiva y tajante circunstancia probatoria de delito, algo que hoy por hoy se trata de soslayar con la absoluta comparecencia de pruebas que testifiquen sin la contaminación de la interpretación subjetiva.

Visto en nuestros días, las plataformas que tomaron el rol de informar y que en algún momento ocuparon puestos de avanzada solemne, con un posicionamiento absoluto en términos del interés nacional, actualmente han cedido terreno en virtud de otras formas de contacto, que transmiten y retransmiten información, que mantienen una observación crítica, aunque pocas veces regulada en el marco teórico pero que por otro lado otorga cierta posibilidad de participación igualitaria y libertad expresiva que ha puesto en jaque en más de una ocasión a los medios un poco más formales, los que por su parte han debido integrarse a esta vorágine instantánea de la disponibilidad inmediata de la información, independiente el punto en que esta se produzca.

A la luz de esta competencia, ya los temas empiezan a zanjarse en terrenos que no radican precisamente en la génesis del evento que se pretende informar, sino que en más de una ocasión quedan presa del interés creado en términos políticos (y económicos finalmente) para acentuar cierto enfoque o punto de vista en predominancia a otro que pudiera abordar aspectos de interés social pero que pudiera no ser conveniente transparentar tan libremente, lo que implica que las tratativas informativas queden expuestas a la manipulación del direccionamiento del ejercicio de opinar, análogo a lo que sucede en encuestas en que las preguntas capciosas determinan las respuestas que se pretenden rescatar, dando una apariencia de libertad en la respuesta que dista mucho de ser tal.

Resulta entonces que los medios (y en este sentido la TV toma un sitial de preponderancia absoluta) han tomado una posesión guiada respecto del simple hecho de informar y permitir cada vez menos que los espectadores se formen una idea de lo acontecido, aun cuando esta sea vaga, lo que lleva al cada vez más esporádico ejercicio de generar una opinión que alimente la comunicación y debate al interior del seno familiar, algo que claramente fortalecería vinculaciones de expresión, análisis reflexivo y manejo de vocabulario, pero que a la luz de hechos presentados íntegramente, al final lo que queda es ser un mero replicante de informaciones opinadas y dirigidas en lograr una simpatía cómplice que asegure una estabilidad atencional de público cautivo traducida en grandes capitalizaciones y rentabilidad en lo que, a todas luces, resulta de un lucrativo negocio privado, es decir, una empresa más.

Difícil resulta entender o equilibrar el tono informativo que ha imperado en el último tiempo, sobre todo en los noticiarios de la franja llamada “Central”, y que desde se logró una cierta independencia y libertad informativa, por años duramente cercenada y reprimida, tuvo hace unos años una carga trágica sorprendente, de principio a fin, en lo que todo parecían noticias de accidentes terribles y trágicos hechos que resultaban en cantidad de muertes, y que al compás de una coreografía al estilo Broadway, lograban una irritabilidad y sentido desesperanzador en el público que atendía esta franja programática para “informarse” y estar al día respecto de la contingencia nacional.

Este escenario cambió de una forma relativamente drástica, dando paso a situaciones lúdicas y reportajes bastante simplones, que además de quemar tiempo de emisión y duración del espacio, a veces resultan de dudosa lógica editorial, en patética muestra cuando un reportaje enseña las bondades de un Centro Turístico o Recreacional de acceso restringido a un sector de élite, se da a continuación de otro que invita a una pseudo reflexión solidaria inmerso en un marco de pobreza o condición de vida extrema que raya entre lo patético y lo fenómeno, y a lo que realmente cuesta darle una fluida continuidad.

Tienen los medios que dejar de opinar sobre lo que se informa? claramente el camino no es ese, las situaciones informativas muchas veces requieren de un cierto desarrollo ilustrativo que nos ayude a comprender de mejor manera lo que se pretende informar, y es válido (e inherente, por cierto) que puedan surgir opiniones en la presentación de lo que se pretende informar, pero arroparse en el rol de informador y querer proyectarlo al de opinante, y traslaparlo con una imagen de seria confiabilidad al amparo de situaciones de mercadeo, resulta un tanto desagradable, sobre todo cuando el sesgo de la propia opinión se emite como parte del eje noticioso y que puede obstaculizar la natural percepción que el espectador pueda inferir o desarrollar de un evento informado, y esto es parte de la responsabilidad que tienen los medios en generar una ecuánime y concienzuda línea informativo, que ya encontrará en los respectivos espacios de debate, el amplio análisis o extensa discusión crítica de las temáticas contingentes, en el marco paradigmático de una cruzada idealista de la relación informar/opinar, desligando el sentido mediático a las líneas programáticas que realmente lo ameriten y requieran.

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