La dictadura del miedo en la actualidad

La dictadura del miedo en la actualidad

La dictadura del miedo en la actualidad

Han pasado 24 años desde que Chile recuperó la democracia. Desde 1973 hasta 1990, la sociedad chilena fue víctima de la violencia de Estado, una violencia que tenía por principal propósito desmovilizar, destruir al colectivo e instaurar un modelo que exacerba, hasta grados desquiciantes, el individualismo.

¿Se ha hecho lo suficiente para despojarnos del miedo? El miedo muchas veces, bien encauzado, puede ser positivo, ya que nos mantiene alertas, atentos y despiertos. Sin embargo, cuando paraliza pasa a ser una enfermedad, y cuando la padece un grupo significativo de personas, estamos frente a un problema social.

Contrario a las ilusiones de muchos, la democracia chilena ha sido particularmente incapaz a la hora de resolver un tema que nos limita como sociedad, y lo que es más grave, en muchas ocasiones se vislumbra un interés explícito por mantener elevados índices de inseguridad y preocupación en las personas.

Sí, porque cuando un Estado aplica sistemáticamente políticas que destruyen a los movimientos sociales, fomenta el miedo; aislado, el individuo se aferra al instinto de conservación básico, es decir, la supervivencia. Sobrevivir en el Chile de hoy, en la selva neoliberal, en el “Chile SA”, es toda una hazaña.

Puede sonar exagerado, y en contraposición se puede señalar que Chile es un país modelo, pero es un modelo para el dueño del capital, para el gran empresario, que en el fondo es el que dicta las normas, establece las leyes y paga por el “show democrático”. El Pentagate es un síntoma patético de lo anterior.

Poco se ha hecho para acabar con la dictadura del miedo, es más, el miedo es estimulado constantemente, reflejado por ejemplo, en los sindicatos desmovilizados, sino basta con mirar lo acontecido en Lota. El cierre de las minas de carbón no sólo se tradujo en aumento de cesantía, sino puso fin a una larga tradición de lucha por justicia social; reconvertidos en peluqueros, electricistas, soldadores, etc. Atomizados, los ahora ex mineros debieron aprender a luchar desde una perspectiva individual, fueron reconvertidos en islas, con problemas, inquietudes y desvelos absolutamente diversos.

En esa línea, Transantiago ratificó la política del miedo; sin asco, sin escrúpulos, un presidente “socialista” aplicó La Ley de Seguridad Interior del Estado a los “micreros” movilizados, y sin asco, dividió a un colectivo de trabajadores capaces de paralizar la capital. Hoy, diversas empresas controlan Transantiago, privatizando no sólo la problemática pública de transporte, sino también lo fueron los derechos de los trabajadores, que ahora pasaron a entenderse, en pequeños grupos, con un empresario.

Por eso en Chile, se vive una nueva dictadura, la dictadura del miedo, miedo a perder el trabajo, miedo a exigir una vida más digna, miedo a levantar la voz para clamar por derechos como la salud, la educación, las pensiones; y es que el miedo inmoviliza, y ante un ciudadano inmóvil,  más fácil resulta descuidar  e ignorar derechos fundamentales.

Es cierto, la revolución pingüina significó un despertar; los estudiantes de Chile dijeron “estamos aquí, y estamos aquí porque necesitamos cambios”, cambios de fondo, cambios de paradigma, cambios de sueños y de esperanzas.

Es hora de luchar por esas esperanzas, por esos cambios, es hora de materializar los anhelos de una parte mayoritaria de la población que no se siente parte del Chile, que nos dice, avanza y se desarrolla. La historia deja lecciones, y un gran historiador nacional, Gabriel Salazar, advertía a Camila Vallejo del riesgo de permanecer en una estructura partidaria; lamentablemente, como la mayoría de los líderes de la revolución estudiantil que puso contra las cuerdas al gobierno de Sebastián Piñera, ella terminó en el Congreso.

Se institucionalizó Camila, también lo hicieron Jackson y Boric. Entraron al viejo y ya deslavado juego de negociación, de falso consenso, perdiendo una oportunidad histórica para ser verdaderos líderes, capaces de encauzar a nuevas generaciones deseosas de transformaciones; pero la derrota, ésta derrota, es pasajera, siempre y cuando nos atrevamos de una vez por todas a darle un portazo a este miedo paralizante y optemos por ser verdaderos agentes del cambio social.

 

Pablo Andrés Sepúlveda Zárate

Periodista Universidad de Santiago de Chile. Por ahora alejado de los medios de comunicación porque no pretendo ser cómplice del silencio que caracteriza a nuestra sociedad. Digo y escribo lo que pienso y eso generalmente, es un problema.

Ciudad: Actualmente en Talca.

Twitter: @pablo_sepulveda

3 Responses to La dictadura del miedo en la actualidad

  1. JF.Rivas diciembre 3, 2014 at 2:32 pm

    Inspirador y muy acertado.

    Felicitaciones.

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  2. CARLOS LOPEZ DAWSON diciembre 11, 2014 at 8:40 pm

    En marzo de 1990 terminó la dictadura pero no se recuperó la democracia ya que siguió rigiendo una constitucion no democratica y un sistema binominal no democratico. Solo terminaron las torturas, las desapariciones forzadas, las ejecuciones ilegales, la negacion de los derechos humanos, el robo descarado al Estado y se logró la posibilidad de manifestarse por la democracia, pero aun nos falta recuperarla.

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  3. Carlos Alberto Masciocchi mayo 20, 2015 at 11:52 pm

    La derrota de los trabajadores , de los pobladores, campesinos y estudiantes organizado. Debía ser una derrota con un sangriento escarmiento. Desapariciones, violaciones sexuales, asesinatos de niños y mujeres embarazadas. Prisión, deportación y exilio. Campos de prisioneros y cámaras de tortura. Todos sabíamos donde se torturaba y que una puerta podía romperse en mil pedazos y la vida de sus moradores pasaría a ser un pesadilla. En los campos esta rutina fue repetida con saña.
    Los que salían de las cárceles y campos de detención y los mas débiles temblaban a ver un carro policial.
    El terror fue instalado y el los 80 esos pocos que vencieron los designios, los decretos y la misma muerte uniformada, en los 90 fueron traicionados por esta caterva de marranos del Neoliberalismo. (Concertación ahora Nueva Mayoría.) Las pocas organizaciones Sociales fueron atomizadas. El miedo es recordado a menudo por los Empresarios, quienes amenazan con su aparato armado en forma reiterada….ese es el miedo que junto a la Ideología Neo-liberal son los que deben ser exorcizados de este suelo y todos los exorcismos requieren verbo y acción.

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