La perezosa comodidad en el alimento comercial

La perezosa comodidad en el alimento comercial

La perezosa comodidad en el alimento comercial

La industria de la comida trabaja sobre el eslabón principal que sostiene la vida del ser humano; para ello, el mercado dispone de diferentes ofertas para sustentar los variados gustos de los consumidores.

Junto con ello, la familia (casi en un gesto azaroso) ha optado por seleccionar los productos más adecuados para sustentar día a día la alimentación propia, la de eventos familiares u otros.

El mercado, conforme a la distribución de los alimentos, ha dado muestras del segregado acceso a la alimentación,  donde en el proceso de abastecer los diferentes gustos quedan supeditados a los estratos sociales altos, medios y bajos, esto con la finalidad de proveer a cada sector sorteando variedad y calidad dependiendo del nivel socio-económico donde serán destinados.

Los supermercados de hoy son una muestra de aquello; sus productos enfocados a ciertos niveles socio económicos, modifican la calidad y la variedad de los productos según la orientación de las conductas alimenticias del sector al que están destinados, y aunque en precios no tengan un arrojo muy disímil, los productos si son de mejor o menor calidad.

Sin embargo, no es casual que en los diferentes sectores de la sociedad, la industria del alimento distribuya de uno u otra forma, sino que el entendimiento de cada sector familiar es distinto, y por tanto la demanda lo es también, dado a su vez por la educación proporcionada que producen ciertos sectores que en ocasiones, marcados por la estética, toman diversas conductas.

Curiosamente, en algunos estratos las comidas son reservadas, de calidad, y con un cuidado tremendo para la salud, para llevar una dieta sana, adecuada y educada; para ello, los supermercados flexibilizan sus productos conforme a vender al sector con variedades de comidas e incluso productos solo para ese sector, optando en algunas ocasiones por poca cantidad pero una mayor calidad, a diferencia de otros donde los supermercados disponen de productos con precios bajos, mala calidad y mayor cantidad de comida.

Así mismo, el mercado pone a disposición lo que el sector requiere, en otras palabras, la oferta y demanda económica de la competencia de los supermercados se autorregula, distribuyendo el producto al sector que lo solicita para su vida cotidiana.

En paralelo, los restaurantes y patios de comida ofrecen a distintos sectores la comida de interés, lo que un choripán o una cabeza de chancho pueda sonar desagradable para un sector más pudiente, para otros el caviar pudiera también serlo.

Para ello, es necesario dar cuenta que hoy en nuestro país la educación alimenticia no es un tema que tenga fuerza ni pretenda posicionarse como opción relevante para que desde niños comiencen a atender los distintos tipos de alimentación, y cuanto se vean beneficiados o perjudicados en lo que a su salud física y mental se refiere.

El estado no se ha hecho cargo de la educación alimenticia de sus ciudadanos, sólo han tocado la legislación para etiquetar alimentos, pero no educa; sólo regula en superficie, ejerce prácticamente como si el rol fuese censurar o bloquear alimentos como solución solapada, olvidando el problema de fondo.

Es imperioso tener una educación alimenticia, por ejemplo, ¿un diabético puede consumir azúcar o sal? la respuesta es sí, pero de forma educada, lo que implica que su educación conforme a su dieta alimenticia debe ser aprehendida internamente para que el cuerpo y la mente entiendan que es como tiene que vivir su cuerpo y no vivir reprimido porque no le queda otra opción bajo su enfermedad.

Pues, lo mismo es lo que necesita en general el cuerpo, quien requiere de diversos alimentos para sobrevivir, pero teniendo presente que no existe una fórmula para aquello, de lo contrario ya estaríamos tomando pastillas remplazando la comida, sin degustar y saborear como ha hecho históricamente el hombre, y por tanto, el cuerpo debe ser educado.

Los distintos sabores que se han logrado alrededor de nuestro planeta son innumerables, y si hay algo que le gusta hacer al hombre es comer, y lo curioso es que lo tiene que hacer día a día y hasta el final de sus tiempos, sino obviamente muere.

Entonces, que queda? aprender a comer, degustar los sabores más exquisitos que se pueda, y que para ello se pueden tomar dos caminos.

La primero es tener dinero, para ir al lugar donde existe ese sabor, lo cual para un alto porcentaje será muy difícil e inalcanzable en su vida, pero lo segundo puede ser mas accesible y tiene que ver con preparar con voluntad, esfuerzo, dedicación y educación los sabores que puedan estar al alcance de la mano, pero que por comodidad no sabemos y nos cuesta aprender a disfrutar.

La comodidad de las personas al momento de seleccionar está dada por la educación que ha podido obtener para seleccionar, donde el comercio ofrece (cada vez más) el producto listo en bandeja, para que el consumidor opte por lo rápido, lo preparado, lo concebido, el resultado listo para ingerir, haciéndole la vida supuestamente mas fácil y deliciosa.

Las personas hoy pasan y dejan ir una gran oportunidad, perdiendo y canjeado el sabor en sus vidas por rapidez y velocidad; los supermercados compuestos de despensas y ofertones han dado un gran zarpazo de comodidad a la ignorancia, para que le permiten zafar a la persona del apuro.

Adicionalmente, la cultura de comida en Chile tampoco ha estado a la altura de los comensales, partiendo por el rescate de los sabores de comidas originarias, que inclusive algunas recetas son rescatados por locales de comida que no están en los sectores populares de la sociedad, sino en sectores donde lo popular y originario no existe.

Pareciera ser que la vida moderna es donde se come para no morir y no para vivir y disfrutar.

Tome conciencia, plantéese cocinar con poco, barato y fresco; plante hierbas en el jardín de su casa; si está en departamento, en maceteros; pruebe las hierbas frescas, pruebe hacer su propio pan, haga jugos de fruta, haga postres con fruta fresca y compre más barato en los mercados centrales o en las ferias, o plante en su jardín, aunque no le alcance para todo el año, pero su mente y cuerpo se lo agradecerán, sentirá que todo lo que consume en supermercados es una real estafa, pero al menos, el consuelo.

Y aunque ya lo sepa, disfrute de la comida, no acostumbre a su cuerpo a la rutina del alimento a la mano, dele la oportunidad de comer con calidad y lo que hizo con sus propias manos, cómalo también de sus manos.

Recuerde, la comida es lo único que lo mantendrá con vida, por tanto viva con gusto y saboréela.

 

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