Transantiasco la carrera del estresado peatón mal oliente

Transantiasco la carrera del estresado peatón mal oliente

Transantiasco la carrera del estresado peatón mal oliente

En el Transporte urbano del gran Santiago, miles de personas vagando entre la selva de concreto, con los pies hirviendo y el sudor humedeciendo sus ropajes, emanando de entre sus calzados los nauseabundos aromas que la larga marcha está dejando.

Uno tras otro, el desfile del descontento social va creciendo a medida que las ovejas se van agregando a la procesión de incertidumbre y dolor.

Las avenidas por las cuales hace unas horas los bólidos automóviles capitalinos corrían sin control sólo optando a su detención obligada cuando una esfera roja los iluminaba desde lo alto, los peatones debían esperar al hombre verde antes de osar cruzar por delante de las veloces maquinas urbanas.

Se convirtieron en simples vías donde el flujo era inerte, donde la esperanza de la pronta llegada a destino se fue fundiendo con los temores y la angustiosa espera, el desfile de cansados y desesperados peatones se trasladó desde las veredas atestadas de respiraciones sudorosas hasta las calzadas, circulando entre los vehículos que parecían bestias dormidas, respirando fuerte su monóxido de carbono, uno que otro ciclista veloz pasó libremente como a diario, y es que eran ellos los únicos que podían cruzar la gran orbe sin problemas ni demoras.

Desde las entrañas de la tierra, por las bocas de acceso al mundo subterráneo de aquellas gigantes serpientes eléctricas, gorgoteos incontables de personas emergían como zombis si de una serie de televisión se tratara, salían desesperados casi corriendo, desorientados tras volver a la vida, a la luz, como si el planeta se hubiera arrepentido de engullirlos y los devolvía tras despreciar sus poco nutritivos cuerpos.

Las personas caminaban por las orillas de las vías férreas urbanas buscando una salida a la realidad que los esperaba, las líneas telefónicas comenzaron a colapsar miles de llamados por segundo que se efectuaban a distintos lugares, algunos sin respuesta, la redes sociales comenzaron a experimentar el peack de uso, los # eran ya tendencia, los dedos pulgares levantados afloraban como callampas en la húmeda madera, la televisión mostraba el caos citadino de esa hora “mientras los profesores aguardaban cansados que los tomaran en cuenta”,  trabajadores desesperados, preocupados, atormentados por el ciclo del reloj que no se detenía mientras ellos no podían avanzar, reuniones y explicaciones tendrían que esperar, los estudiantes aprovecharon la demora para faltar a su colegios y alguna prueba dejar de dar.

La policía en las calles trata de ordenar una descontrolada ciudad y a lo lejos se escuchaba la sirena de un carro de bomberos que intentaba acercarse a un incendio que a la distancia comenzaba a crecer libremente, sin temores, sin opresiones, sin que una lluvia artificial pudiera evitar su descontrolado crecimiento y maduración, mientras el camión seguía estancado tras unos cientos de automóviles que no despertaban de su aletargado andar, “mientras los profesores aguardaban cansados que los tomaran en cuenta”.

La promesa del transantiago a estas alturas se ha transformado en uno de los grandes errores gubernamentales de la época democrática de la nación, inversiones gigantescas y concesiones extranjeras dejaron a un sinfín de micro empresarios con las esperanzas y los sueños convertidos en deudas en que uno que otro, los más afortunados, pudieron sumarse a esta gran campaña de modernización del transporte nacional, y otros sólo debieron hacerse a un lado mirando al suelo para así dar paso a las modernas formas de transportar a las personas por la gran ciudad de Santiago.

Viajar en el tren subterráneo ya no es el placer de hace siete años, hoy tu viaje será apretado, con la axila de un obrero en tu rostro, o el vómito de una guagua que no soporta la presión y el calor, que a estas alturas está cayendo por la solapa del vestón que llevas colgando en el brazo, la señora embarazada que casi da a luz por un empujón de la señora desesperada por entrar al vagón, la puertas que te cazan como trampas mortales, el tipo de atrás que raya la pintura de una ejecutiva que no puede moverse para evitar el acoso sexual del oportunista pervertido, tu mano inmóvil entre tu mochila y el trasero de una joven que sin querer se quedó atascada con la presión de la muchedumbre con la vergüenza que carcome y te consumes en ideas tratando de quitarla sin que ella se percate que era TU mano y no vaya a pensar que querías propasarte.

En la siguiente estación una oleada  de personas desesperadas aguardan tensas el momento en que el tren abra sus puertas y entrar a las entrañas del infierno urbano buscando un espacio para llegar a su destino, mientras los otros, sus enemigos, los viajeros que desean bajar, hacen lo mismo dentro del carro pensando en que si dan un segundo de ventaja llegarán a la estación siguiente y perderán el tiempo para el trasbordo; todo se gesta en una lucha de prioridades mientras sobre ellos los buses corren raudos con sus estómagos llenos de humanos, a estas alturas ya mal olientes pasajeros, con el torniquete que no gira mientras los acróbatas vuelan sobre ellos o por debajo, las puertas al abrirse sirven de evasión para los aprovechadores del sistema y sus errores de gestación.

Ahora henos aquí, intentando viajar de un lugar a otro de Santiago en un sistema que no sirve, que es como dicen en un programa de radio, una buena idea mal ejecutada, que nos mantiene pendientes y corriendo todos los días, con la carga de estrés que eso implica, con la tensión de hoy no estar con la familia, de hoy no llegar a destino, o más simple y de moda, que hoy el parche de la solución no sirva y se les caiga el sistema de sus computadores IBM con Windows 3 y quedemos varados nuevamente en un mar de gentes vulnerables, molestas y desgraciadas, esperando a que uno de ellos, los “líderes”, sepan hacer su trabajo y solucionen el problema de todos los Santiaguinos. Pero saben que estaremos aquí nosotros aguardando la solución, atentos, inmóviles, mientras ellos no hacen nada por mejorar la experiencia de cada uno de los usuarios del gran TRANSANTIASCO.

 

J. Freddy Rivas

Poeta sin una pluma desde los 14 años, heredero de la escuela literaria de la cisterna Santiago por mi abuela poetisa, hoy incursiono en las novelas y estoy además preparando una publicación de un escrito a cuatro manos.

Santiago
Chile

Twitter: @jf_rivasm
http://gotasyletras.es.tl

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