Visión Intima del Fondo Educativo

Visión Intima del Fondo Educativo

Visión Intima del Fondo Educativo

La esencia educativa y su fondo plantea una integridad que por nuestros días cae cercenada en una ambiciosa y reducida parametrización de conocimientos como si este subproducto bastara por si sola para conformar una sociedad.

Omisiones valóricas, en las herencias culturales y costumbristas, en la concientización moral, en la convivencia cívica y ética, en el desarrollo conductual, son algunas de la temáticas que hoy deambulan en la penumbra de la frontera responsable de impartir y fundir esta esencia en la educación.

Reconocidos slogan de Centros Educacionales plantean que en sus mallas curriculares, nuestros jóvenes van a surgir cual fénix con la clave exacta del profesional o técnico “que el país necesita”, pero es que realmente este país necesita profesionales y técnicos “solamente”? es suficiente, en términos de sociedad, abastecernos al tope con especialistas que por muy expertos que sean en su área de desarrollo, son especialistas con una clara misión de integrarse cual engranaje o repuesto mecánico, en esta vorágine productiva de la que sólo vemos pasar ajenos resultados o nos enteramos de sus egoístas capitalizaciones a través de los medios (por lo menos los que se atrevan a informar)?

El individuo, individual por naturaleza pero paradójicamente arraigado en lo comunitario y social, requiere de una integridad educativa que no viene dada sólo desde el ámbito formal, sino como en todo orden de cosas, necesita su complemento que equipare y asegure un desarrollo cognitivo de amplio espectro, no sesgado en la fatal y absoluta teorización, sino que avance de la mano en el pragmatismo del entorno al que estamos adscritos.

Nace como un paradigma de nuestros días “evolucionados”, asociar a las personas en un símil de herramienta productiva, sujeta a las variables de reemplazo obviamente, en la que poco y nada se marca el énfasis en el fondo personal del individuo, su savia cultural, su médula de conductas, ritos y herencias que más de algo tienen que aportar, y es porque de un modo cegador, hoy hacemos foco en una forma de educar carente de alma y equilibrio, sin un fondo valórico, que alimente la persona con la que queremos construir sociedad, más que el zombie esclavizado y atestado en un ambiente cada vez más alienado de la realidad social que compartimos día a día, desde el despertar en el seno familiar, al cruzar el umbral al dirigirnos a nuestras actividades, al interactuar con quien se cruce en nuestro camino, y atender de amable y empáticamente, transparente y sinceramente, y es que acaso esto no es parte integral del ser? y de tan importante, nada ni nadie le da peso en el plano del fondo educativo?

Antes incluso de nacer, el fondo educativo ya es parte íntegra del entendimiento del nuevo ser, y es de responsabilidad absoluta del entorno familiar en el que se nace, una responsabilidad educativa que no tiene fecha de vencimiento, que requiere de nuestro esfuerzo diario, que exige lo mejor de cada uno (porque si pretendemos exigir mañana, empecemos por exigirnos hoy), una labor de entrega y abnegación de por vida, manteniendo el eje cultural como referente de conducta y aprecio social.

Visto y expuesto entonces, es que la formalidad educativa, algo que hoy suena y resuena con eco eterno y ensordecedor cual salvación milagrosa de una sociedad obnubilada en el enriquecimiento a toda costa, requiere de un fondo equilibrado, consciente y estrechamente vinculado al entorno del que somos parte, en términos de familia, comunidad, sociedad.

A la luz de la propia experiencia educativa, el seno familiar dictó las sólidas bases del entendimiento y comprensión no ajeno a la participación y compromiso comunitario que se requiere, muy por el contrario, fortaleciendo y defendiendo las bases valóricas esenciales en la fraternización social a la que como latinos estamos llamados, y que por cierto, en el marco de la educación formal de un colegio abrazado y gestado desde el seno del arzobispado, que dista mucho de lo que hoy por hoy conforman corporativamente la concepción de colegio, es en ese entorno donde la preocupación por el individuo social, por el individuo vivo en una comunidad activa, está enfocada en lograr y devolver a la comunidad una persona íntegra, con férreos valores éticos, de respeto y enmarcado en una conciencia tanto de urbe como de orbe, y que claramente, con una forma y fondo educativo aparejado, dará un mejor lineamiento, o por lo menos un apoyo mucho más contextualizado, para orientar de mejor manera nuestros legítimos intereses y canalizar el que será nuestro aporte social.

Reconocer situaciones “apocalípticas” y de oscuro futuro, no basta ni puede quedar sólo en la mera indicación, y tampoco podemos permitirnos quedar a la espera de una señal de arranque para inferir que debemos actuar, en algún grado será como estado, en otro será como sociedad, probablemente hasta comunitario, pero sin duda familiar, porque somos nosotros hoy los responsables del fondo educativo del mañana, porque si no bajamos el concepto “calidad” desde el pedestal de la adoración, y empezamos hoy a generar una practicidad al respecto, si vamos a esperar que otros decidan ponerse de acuerdo para recién predecir una mejora conductual, es que entonces estamos pensando en abdicar a favor del tiempo que no tenemos.

Dedicación y nobleza es nuestra obligación en el fondo educativo que debe imperar en nuestro seno familiar, una situación que no resiste mayor análisis ni dilatación, algo que no puede quedar supeditado a la “formalidad” de dejar a nuestros hijos en un sistema que presenta una ventaja negativa si no lo alimentamos desde la concepción primigenia, facilitando el camino futuro que deberá recorrer para desarrollar y alimentar su propia integridad, pero siempre partiendo de un fondo, una base de participación, una percepción y ética respecto del entorno y que claramente está en nuestras manos orientar de buena manera.

El  resultado que nuestra sociedad requiere, que nuestro amado Chile anhela, es contar con personas, íntegras y correctas, justas y serviciales, en todo ámbito y estrato, que a través de su profesionalización o especialización, puedan lograr que nuestra sociedad chilena alcance un desarrollo más equitativo, más equilibrado, donde las brechas no sean inmorales, donde la soberbia y avaricia de los menos camine en la senda de lo que alguna vez fue, pero que al amparo de lo que nuestro fondo educativo cimentó en nuestro actuar, en fin, una evolución social que en términos más efectivos que efectistas, tome rumbo de real participación e integración, una tarea que pareciera monumental, y es que en realidad lo es, es el monumento que heredaremos, el que servirá de referente a nuestros futuros, el que volverá a poblar las bibliotecas habitacionales pero ya no como un mero adorno o signo de pseudo intelectualidad, sino como la natural forma en que nos relacionaremos y compartiremos nuestra culturalidad heredada, porque será el natural vuelco en el objetivo íntimo de ser una buena persona.

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