Aunque todo está podrido siempre hay esperanza

Aunque todo está podrido siempre hay esperanza

Aunque todo está podrido siempre hay esperanza

Hedor, putrefacción, podredumbre: sistema.
La inmundicia aflora, escapa, emana, ya no se puede contener: sistema.

Sí, el sistema en su totalidad deja ver su descomposición.

Prueba uno: Pentagate, sumisión de los políticos al poder económico, en particular la derecha y la UDI.

Prueba dos: Martín Larraín en un nuevo juicio lleno de vicios sale libre de polvo y paja. Justicia de clase y nula empatía con la víctima, Hernán Canales y su familia. Desconfianza hacia el poder judicial. Carabineros incluso custodiando la casa del hijo del patrón.

Prueba tres: Colusión de las empresas. Pollos más caros, fármacos más caros, repactaciones unilaterales de La Polar. Los fervientes partidarios del mercado, niegan la libre competencia, regulan todo, pero solo en su beneficio.

Prueba cuatro: Promesas incumplidas a los pescadores artesanales. Siete familias controlan ese mar que tranquilo nos baña, el resto, sálvese como pueda, querellas incluidas en su contra por el Intendente del Maule, tras una protesta.

Detectives que realizan falsos allanamientos, detenciones ilegales, apremios ilegítimos, toda una red de corrupción al descubierto. Policías a la cárcel, el mundo al revés.

Prueba cinco: Bancos que aumentan sus ganancias, y que ahora cuentan con Carabineros para proteger su capital con cajeros en sus cuarteles. Isapres que acumulan y acumulan riquezas. Una multinacional intocable que derrota a los empleados que pese a su combativo espíritu debe resignarse ante el poderío de la trasnacional.

Prueba seis, siete, ocho…

La lista suma y sigue, la crisis se siente en los bolsillos del pueblo, pero no en el de los todopoderosos, incertidumbre total. Quienes deben legislar en favor los ciudadanos, defienden los intereses corporativos de las grandes empresas. Los llamados a evitar delitos, los cometen; los adalides del mercado lo destruyen, los movimientos sociales son ahora un estorbo, un impedimento, deben detenerse. De lo contrario querella.

Desconfianza hasta en la sombra propia. Desconfianza, sí, pero sobretodo indignación y con razón. Es que el pueblo sigue siendo día a día sacrificado, humillado y vilipendiado. ¿Cuándo llegará la hora de la redención?

Diagnóstico claro pero aún insuficiente. El trabajador que pugna por llevar el pan a su hogar lo sabe, está indefenso, solitario y abandonado. Nadie vela por sus preocupaciones, sus anhelos y sus esperanzas, salvo en épocas de campaña, claro está.

Pero hace un tiempo, unos muchachos que como sociedad descalificamos en innumerables ocasiones, nos dieron el ejemplo y no hablo de las movilizaciones de 2012. Todos sabemos dónde y en qué terminaron sus “ilustres” líderes.
Se trata de la revolución pingüina.

Secundarios con una visión de país de la que carecen los políticos de hoy, preocupados solo de acumular más y más riqueza, lacayos de los dueños del capital, serviles e inmorales.

Pero el camino está trazado y la redención es posible. Voceros de los “pingüinos” que solo obedecían a sus bases, asambleas participativas, diálogo entre pares, poder para el estudiante, poder para la gente, democracia, algo que nos prometieron hace ya lejanos 25 años. Ese estudiante un ejemplo, el político un canalla nefasto.

Movilizaciones, tejido social, nuevos líderes, medios de comunicación alternativos. La sociedad despierta, porque el camino está trazado. Pero aún falta. Se agudizan las contradicciones y las reformas que son solo eso: un maquillaje para apaciguar los ánimos de una población que ya no cree en las falsas promesas del desarrollo y el progreso.

Algunos aún prefieren cerrar los ojos e ignorar esta pesadilla, pero los hechos son innegables. ¿Por qué no comenzar a darle forma a la irritación, la frustración y la desesperanza? De un modo positivo claro, llenos de optimismo, porque el futuro se puede transformar, el futuro es nuestro.

Una nueva central de trabajadores, cuya dirigencia no dependa de líderes que deban dar cuenta al gobierno de turno, sino que solo a sus bases. Líderes sindicales y gremiales limpios, intachables, e idealistas. No sumisos y vendidos como hoy.

No se detienen los procesos sociales por más fuerza y represión que puedan imponer los poderosos. El sindicalismo por otra parte debe ser reivindicado y los derechos de los trabajadores de una vez por todas respetados. La educación transformada para bien de las masas y no del capital.  El sistema está podrido, su hedor asfixia, pero hay una ruta, la ruta de la unión de los obreros, de los funcionarios públicos, de los estudiantes, de los mineros, de la dueña de casa, del Chile que debe aflorar y decir basta, porque somos mayoría y sobretodo porque la razón nos da la razón. Esperemos se entienda a tiempo, para evitar recordar la frase del escudo nacional.

 

Pablo Andrés Sepúlveda Zárate

Periodista Universidad de Santiago de Chile. Por ahora alejado de los medios de comunicación porque no pretendo ser cómplice del silencio que caracteriza a nuestra sociedad. Digo y escribo lo que pienso y eso generalmente, es un problema.

Ciudad: Actualmente en Talca.

Twitter: @pablo_sepulveda

 

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