El descontento ciudadano tras la avaricia de la clase política

El descontento ciudadano tras la avaricia de la clase política

El descontento ciudadano tras la avaricia de la clase política

¿Alguna vez, la política en nuestro país, logrará estar al servicio de las clases oprimidas, del pueblo trabajador y explotado?

La historia dice que en Chile han existido intentos. Varios. El último terminó de modo violento y derivó en una dictadura sangrienta que marcó a generaciones de compatriotas, que a punta de golpes, torturas y desapariciones, comprendieron que el patrón, el dueño de Chile, está dispuesto a recurrir a las armas si es necesario: todo con tal de proteger su capital y la tan sacralizada propiedad privada.

Se nos dice que la educación chilena es mala, que no entrega las herramientas suficientes para el progreso de los sectores más vulnerables de la población. Sin embargo, en esa premisa subyace oculto un error, un error para algunos imperceptible, para otros macabramente mal intencionado.

¿Cuál es ese fallo? Simple: el discurso oficial de nuestra clase política – Nueva Mayoría y Derecha –  apunta a vicios del sistema, es decir el sistema es mejorable, perfectible. Bastan algunos retoques y la educación dejará de ser el horror que actualmente representa y que incluso lleva hasta a los más cínicos a sonrojarse cuando los índices internacionales revelan que los estudiantes chilenos entienden poco o nada de lo que leen o que su capacidad para resolver problemas matemáticos está a años luz de un estudiante japonés, alemán o finlandés.

Los traidores de siempre siguen actuando bajo esa  lógica. Y además tienen los medios de comunicación y el poder del aparato estatal para convencernos de que bastan algunos cambios y se abrirán las puertas para un nuevo sistema educativo, que deje de mirar al hombre como una herramienta al servicio del capital y del enriquecimiento, todavía mayor, de las castas privilegiadas.

Lo que ocultan, lo que niegan, lo que evitan reconocer, no por decencia si no que por conveniencia, es que el sistema es perfecto tal y como fue pensado y posteriormente implementado. ¿Por qué lo niegan, si su obra es brillante? Porque es perfecto para ellos, porque les permite mantener incólume, el sustento y la base de su poder. Idiotizada, condena a la ignorancia sublime, la masa no comprende su nivel de esclavitud,  incluso se traga las mentiras, esas que dicen que tu esfuerzo personal, independiente de la cuna, te llevarán a alcanzar el éxito. Un éxito que por lo demás, tiene que ver con la adquisición de bienes de consumo, pobreza espiritual de por medio.

Pero estás y estamos condenados desde la cuna. El estudiante, que debe endeudarse para ir a una universidad estatal, comprenderá cuando ingrese al sistema laboral, tal vez antes, que no basta con su esfuerzo: las redes, los tejidos sociales construidos por los privilegiados, lo colocarán varios pasos adelante y seguramente comenzará la carrera – porque la competencia es uno de los pilares del sistema – con varios cuerpos de ventaja. Así, mientras un hijo de obrero que con todo sacrificio culminó una carrera, puede aspirar, tras una vida de trabajo, a una gerencia, verá como el hijo de un patrón de Chile, parte de subgerente o derechamente como gerente de la empresa. No importa la capacidad, lo que vale es tu cuna. Para los privilegiados su punto de partida, representa el punto de llegada, la meta, de los siempre desposeídos.

Así, generación tras generación, el poder permanece en manos de los mismos de siempre. Y somos los mismos de siempre, los que les trabajamos y de paso los enriquecemos. Revisemos los medios: con toda su banalidad, entregan datos a veces útiles. Por ejemplo, nos enteramos que el hijo del senador X fue beneficiado con la beca X. Simple, con plata de todos los chilenos, la casta política se asegura que su hijo, su familia, su estirpe, su linaje, acceda, generalmente en el extranjero, al conocimiento que día a día nos niegan y que les asegura el poder para someternos.

La Nueva Mayoría, que de mayoría tiene solo el nombre, trabaja en aras de ese ideal. Son los nuevos acomodados del sistema, los nuevos millonarios, incluso su sigla los define así NM. ¿Traicionaron al pueblo o derechamente siguen un curso de acción ideado por las mentes que controlan este sistema?

Si se unen datos, antecedentes, informaciones, se vislumbra que el ideario fue trazado por otros y que estos políticos solo obedecen, son lacayos que vendieron su alma al mejor postor. Si incluso hoy el PC comparte y come en la misma mesa. Luis Emilio Recabarren o la propia Gladys Marín, deben estar revolcándose en su tumba, al ver el servilismo de aquellos en cuyo ideario, se supone, está la defensa del pueblo que tantas derrotas ha debido soportar a lo largo de su abnegada historia.

Lo tienen todo, pero quieren más. Su codicia no conoce límites. Su ambición tampoco. En la derecha, en los sectores más conservadores de Chile, incluso se aferran a consideraciones de carácter teológico para justificar una inmoralidad que sobrepasa cualquier atisbo de humanidad, de decencia y de empatía hacia el prójimo que sufre.

Por eso vemos poblaciones y poblaciones en dónde la lucha diaria es la supervivencia. Sí, existen, el en Chile de hoy, en el Chile del siglo XXI, existen. No cierre los ojos, hacerlo equivale a ser cómplice y a negarnos ese pequeño pero relevante espacio de libertad que aún poseemos: nuestra conciencia.

Trabajan para que día a día tu pobreza sea aún mayor, para que la deuda crezca, porque la deuda es la trampa que configura tu esclavitud y la certeza, para ellos, de que deberás caminar agachado, resignado y silente, sin siquiera cuestionar su autoridad, pues el sistema te llevó a un camino sin salida posible, pues el sistema fue pensado por y para ellos, solo para ellos.

Los proles son masa y tal vez son esperanza. Pero por ahora no tienen conciencia política, pues su lucha diaria es comer, sobrevivir. Se aferran a eso y el sistema solo les otorga esa pequeña vía de escape. En Chile se condena con todo el rigor de la ley, a un ladrón en un supermercado, incluso a Boric – no defiendo a Boric solo hago el punto –  lo trataron de mechero, pero debemos soportar que los desvergonzados de siempre, tengan incluso el descaro de decirnos y de paso casi exigirnos, que los disculpemos, porque lo que no tiene otro nombre más que robo o estafa,  se dan el lujo de calificarlo como “error involuntario”. El lenguaje genera realidades, lo saben y por eso repiten hasta el cansancio sus mentiras, sabiendo que una mentira repetida mil veces, seguramente se convertirá en verdad.

El panorama es desolador, pero al final del túnel, siempre hay una luz. Al menos en Chile, aún no pasamos por lo que se vive en México con la tragedia de los estudiantes desaparecidos, o en Argentina, donde un fiscal, murió en circunstancias más que extrañas. Existe además, una masa que con toda dificultad, accedió a la universidad y algo entiende del sistema, es esa masa la que debe comenzar a actuar. Ellos crecieron sin miedo, o al menos con menos miedo que nuestros padres que padecieron en carne propia la violencia política. Necesitamos sindicatos fuertes, necesitamos la unión del pueblo trabajador, necesitamos la repolitización de nuestra clase media. Pero también necesitamos que, una vez alcanzado el éxito, arrebatado el poder a los que por siglos nos han humillado, no nos olvidemos de nuestros hermanos desamparados, de aquellos que solo conocen la lucha del día a día, porque no debemos ni podemos permitirnos el crimen de convertirnos en lo que hoy aborrecemos. Solo así, vale la pena intentar semejante hazaña.

Colaborador Urbano

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