La estela tras la rutina tragicómica de Edo Caroe

La estela tras la rutina tragicómica de Edo Caroe

La estela tras la rutina tragicómica de Edo Caroe

Qué duda cabe. Chile es un país reprimido y en el que las voces disidentes, suelen ser silenciadas.

El control de los medios es ejercido férreamente por los dueños del país, que manejan la agenda a su gusto y antojo, censurando temas que puedan complicarlos.

Por eso se agradece que de vez en cuando, se escuche alguna voz de denuncia. Por eso se agradecen rutinas como la que ofreció en Olmué, el cómico Edo Caroe. Con una mirada irónica de nuestra sociedad, puso el dedo en la llaga y expuso, a través del canal de “todos los chilenos”, una realidad cruda por su sinceridad: Chile es un país vendido al capital y en el que los ricos hacen y deshacen.

Acusó al sistema judicial, a las Isapres, a las AFPs y a los bancos. Apuntó el gatillo contra el silencio mediático y puso en tela de juicio a quienes, detentando el poder político, trabajan para la clase económica privilegiada. Llegado el momento, no rehusó arremeter contra quienes hoy están en el gobierno, poniendo en el tapete su acomodado nuevo estatus y la traición a la clase trabajadora que eso significa. La Iglesia, otro sector eternamente favorecido, tampoco quedó al margen de sus descargos.

Levantó una voz y eso se agradece. Es inusual que en rutinas cómicas, el público clame consignas. Pero en el Patagual se escuchó “no a las torres”, una queja que más allá de ser puntual, reveló también que los asistentes se sintieron identificados con el trasfondo de la rutina, tal como nos sentimos los miles de televidentes que presenciamos la actuación del oriundo de Temuco.

Pensando ya en el futuro, Caroe ha abierto una puerta que debe ser cruzada con sumo cuidado y tino. Es cierto que contó con el espacio para decir verdades sobre el abuso y despojo del que es víctima hoy el pueblo de Chile. Pero es cierto también, que el hedor ya escapa por todos los rincones del sistema y que negar lo innegable resultaría todavía más perjudicial para quienes están envueltos en la telaraña de fraudes, corrupción, estafas y arreglines de todo tipo.

Por eso, para lograr que esa puerta se mantenga abierta, debe existir cautela. Insisto, se agradece lo de Caroe porque pudo hablar, pero también es cierto que no dijo nada que sea incuestionable. La defensa de la élite por lo tanto, vendrá desde otras aristas. Silenciar una rutina como la expuesta en Olmué solo aumentaría la irritación de un pueblo que cada día está más ofuscado por la sucesión de eventos que revelan que existe una casta dedicada solo al enriquecimiento de los de su propia clase.

Seguramente comenzarán los ofertones para Caroe. Según revela la prensa, ya trabaja en un programa para TVN. Seguramente lo tentarán con escenarios más grandes, pero he ahí el peligro. A mayor masa, mayor control sobre el contenido. La disyuntiva del cómico es muy similar a la que vive cualquier ciudadano que sueña con la revolución, pero que aún no se convence que esta es total y absolutamente indispensable.

Puede que en su fuero interno Caroe lo tenga claro. La materialización de su rutina requiere una  reflexión profunda que incluso analice los escenarios futuros. Dependerá entonces ahora del objetivo que pretenda dar a su carrera: trascender y convertirse en una voz de denuncia que supere sus propios límites o languidecer como tantos, con una carrera llena de éxitos económicos, pero irrelevante desde un punto de vista social.

Ejemplos en el mundo hay. Son caminos complejos, pero el camino para quien trabaja por el pueblo, históricamente ha sido intransitable y solo la fortaleza propia de aquellos que realmente creyeron en sus ideales, superando esa barrera que los sitúa solo como consignas, les permitió a atravesar la senda y arribar a buen puerto.

La obra de Bill Hicks, comediante estadounidense reconocido principalmente a inicios de los 90, aún hoy tiene vigencia. Su mensaje es actual y por eso, en su momento sufrió la censura en su país, debiendo emigrar a otros sitios como Inglaterra, donde tuvo el espacio suficiente para disparar dardos de denuncia contra el sistema totalitario que pretende Estados Unidos.

Caroe tiene la llave, puede convertirse en un juguete más de la oligarquía y vivir una vida placentera, materialmente exitosa –potencial tiene- o puede apostar por una tarea diametralmente opuesta: desde la comedia, desde el humor, desde la sátira y la ironía ser una voz de denuncia, pero también de redención y dignidad para el que sufre. Ya lo vimos con el movimiento estudiantil, Caroe tiene la opción de pasarse al “Congreso” – los grandes escenarios y ser cooptado por los poderes fácticos – o de la consigna avanzar al ideal y atreverse a recorrer un sendero lleno de espinas, pero que al final entrega una recompensa mucho mayor: el respeto y la admiración de los de su clase.

Colaborador Urbano

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