El derecho a morir administrado por el Estado

El derecho a morir administrado por el Estado

El derecho a morir administrado por el Estado

Valentina Maureira está en la boca de muchos de nosotros en estos últimos días, está pidiendo a gritos la dejen morir, más aun está escribiendo entre lagrimas una carta solicitando le den una inyección para dormir eternamente.

La lucha ya ha sido durante catorce años, una pelea sin tregua contra la fibrosis quística, una batalla que ya sabemos quien será el vencedor pero lamentablemente las cartas están ya sobre la mesa y su suerte echada, Valentina puede dar la pelea que quiera y jamás rendirse, pero la muerte ganará en esta pasada ineludiblemente.

Ahora bien  ¿Quienes tienen derecho a elegir sobre nuestra vida y o muerte? Cuando una vida esta pendiendo de un hilo y se balancea entre la salud y la “mejoría” -lo coloco entre comillas, entenderán que mejoría en una enfermedad grave no existe- la lucha de un enfermo que sabe que está condenado a una muerte lenta y dolorosa es siempre una lucha que se sabe perdida, pero es él quien está sufriendo día tras día una tortura interna y natural que se hace cada vez mas difícil de sostener y aguantar, son verdaderos puñales calientes los efectos del padecimiento sobre aquel cuerpo que ya a estas alturas es débil y no tiene las fuerzas de antes para sostenerse.

No se quienes tienen el derecho a decidir si vivimos con esta tortura diaria o nos libramos de ella, dejándonos morir de forma asistida, dándonos ese empujón que necesitamos para tomar la decisión, o más simple, ayudarnos a morir en paz.

Algunos enfermos saben que sus días no serán muchos más y necesitan esa ayuda humanitaria que los libere y a su vez libere a sus familias del sufrimiento diario que les dan, sin contar la carga financiera que estan generando día a día.

Ya está mencionado que la salud en este país tiene altísimos costos y no siempre está bien aplicada por los profesionales sin contar los servicios de salud que no tendrán miramientos alguno cuando les digan que es porque su familiar estaba muriendo, les refregarán la factura en la cara y no les darán prorroga -perdón me desvié esta es agua turbia de otro pantano-

Ahora me pregunto ¿Porque no podremos tener una ley de eutanasia si mal que mal la vida es nuestra? no estamos atentando contra nadie, solo estamos pidiendo un salva dignidad, los enfermos que están en sus últimos días -que a veces pueden ser muchos años- solo necesitan ser escuchados, las grandes cargas de medicamentos, las bolsas de suero que cuelgan de atriles, las bandejas con comida de enfermos -¿Por que deben ser tan malas si el moribundo no vivirá más tiempo si come desabrido, que coma rico, que coma sal, que se tome su vino o fume un cigarro, se va a morir igual?- los médicos y enfermeras que pasan todos los días mirando la tablilla a sus pies y colocando cifras que no aportan nada para ellos, necesitan ser escuchados y tener una muerte digna -necesitan morir a voluntad-

La aterradora amiga de todas las familias, aquella amiga que no nos abandona por mucho tiempo y siempre sabemos de ella en algún momento, la amiga muerte que está esperando en la puerta de la sala y que se sienta a los pies de la cama cada noche luego de hacerles cariño con su azadón en la cabeza, los mira y les sonríe mientras ellos se revuelcan en las sabanas, a estas alturas muchas veces sucias y ensangrentadas, la visitante está con ellos todos los días y todos la ven, menos los ministros de estado y los doctores, que creen en la esperanza de vida de una persona que ya no tiene sus órganos funcionando y lo conectan a sistemas electrónicos de mantención, que no son más que la justificación de sus sueldos y la utilización de maquinarias para engrosar la larga lista en la boleta del deudo y así crezcan sus arcas institucionales y poder hacerse más ricos mientras los enfermos mueren tras largos días de sufrimiento y los suyos pagaran por este sufrir durante muchos años sin poder prontamente aliviar el dolor de la partida.

Señores necesitamos ayuda, si yo tuviera el infortunio de sufrir una enfermedad que me limitara, me amarrara una manguera o me postrara en una silla o una cama sin saber cuándo voy a morir o cuanto será la deuda que le dejaré a los míos, preferiría tener la ayuda y dejar de existir sin un llanto más.

Cuando vemos algún ser amado y ya nos hemos liberado de nuestros apegos humanos que nos hacen sufrir y retener a ese ser a como dé lugar, en ese momento, deseamos que la persona que esta postrada en la cama viendo como se le pasa la vida día a día sin poder disfrutar de ella, o entre espasmos y torsiones de dolor, entre las lagrimas y el sudor frío de la frecuente muerte rodante, es en ese momento, cuando deseamos que ya no esté, que se vaya lejos donde el dolor no la alcance, y pueda por fin dormir en paz.

Es ella quien quiere morir, es ella quien no desea sufrir más, es ella quien está tomando la decisión de dejar a la humanidad seguir su camino, démosle esa oportunidad.

 

J. Freddy Rivas

Poeta sin una pluma desde los 14 años, heredero de la escuela literaria de la cisterna Santiago por mi abuela poetisa, hoy incursiono en las novelas y estoy además preparando una publicación de un escrito a cuatro manos.

Santiago
Chile

Twitter: @jf_rivasm
http://gotasyletras.es.tl

2 Responses to El derecho a morir administrado por el Estado

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