Johnny Blues y el Blues Ciego del centro de Santiago

Johnny Blues y el Blues Ciego del centro de Santiago

Johnny Blues y el Blues Ciego del centro de Santiago

Durante su trayectoria, Johnny, un caminante callejero del Blues, se ha ganado muchos apodos, los cuales lo han posicionado en el pedestal de aquellos bluseros de antaño, esos patiperros que hoy ya casi extintos, entran en la categoría de míticos.

Johnny Cárdenas, apodado como Johnny Blues, BluesMan o El Yoni, nace en San Bernardo. A su corta edad de 5 años descubrió la armónica y la guitarra, comenzando sus primeras incursiones de forma autodidacta. En el colegio no dejaba su armónica ni un solo momento, por miedo a perder alguna nota nueva que aprender, para la guitarra la misma cosa, sus dos compañeras presentes a la hora de construir melodías.

Su tío y sus amigos les enseñaron grupos y artistas de la talla de Robert Johnson o Blind Boy Fuller, aquellos personajes que brindaron a Jonny las bases para desarrollarse musicalmente.

La historia del Blues es extensa, tiene sus orígenes africanos, por allá a fines del siglo XVIII, compuesto de sufrimiento azul o así, por eso lo llamaban el Blues Devils, diablos azules o espíritus caídos, hasta el Memphis Blues con toques de Country en el siglo XX, donde vino a sacarse el estigma del estado de ánimo depresivo, agregando el uso de instrumentos como la armónica para darle al Blues una personalidad emancipada, para convertirse hasta la actualidad como un acompañante de la vida callejera.

El Blues es Ciego y Johnny asiente de esa manera, a pesar de sus impedimento cognitivo, decide independizarse y optar por ser un Blusero de antaño, aquellos que viven el blues en la calles -como la historia clásica del perro vagabundo-  acompañado de su talento especial que sorprende al oír, emprende su camino de busca vida, doblándole la mano al destino y abriéndose paso con la música que soslaya entre guitarra y armónica.

La ceguera que presento desde su nacimiento, no fue un impedimento y quizás, la naturaleza con sabiduría le entrego un gran talento para que Johnny desarrollara, la agudeza en su forma autodidacta, adherida a su autonomía, que se acopla con sus instrumentos, caracterizan un conjunto equilibrado de talento y habilidad, una muestra de la impresionante sabiduría y agudeza de la naturaleza humana.

A falta de uno de sus sentidos que, para algunos puede ser el más perjudicial en la vida, para Johnny es el desarrollo de otros, ejemplificándolo con el potencial que ha logrado exprimir con su voz, su armónica y su guitarra, logra un uso del oído envidiable.

Johnny se vale de su talento, de la música, del ambiente callejero, aceptándose en lo espiritual, dado a las usanzas de la vida, desprendido de todo material y agarrado a todo sentimiento.

Sus fieles escuderas la armónica y la guitarra, acompañantes inherentes en su osadía e hidalguía callejera, que sin tapujos sale a encumbrar las notas de sus fieles instrumentos para luchar contra los misteriosos gigantes de cemento que envuelven y asedian la capital, reportándose con una banquita baja, desprende sus primeras melodías alejando el estrés, la vorágine cotidiana y la vehemencia del transeúnte, transportándolo por allá lejos, al lugar del blues de la vieja escuela.

En algunos parajes de la Capital, se le puede apreciar, sentado en una banquita se le escuchar tocar, en ocasiones en Plaza de Armas, Huérfanos al lado de la Casa Amarilla, Providencia, el Persa Bio-Bio  hasta en Valparaíso, ha estado en algunos programas de televisión, Pubs, restaurant, sucuchos, en fin y quién sabe dónde y en qué lugar ha ido a parar con su Blues y su melódica humildad.

De los paseos y viajes, Jhonny está en constante gira, si lo ve tocando en algún ocasión cerca de usted, deténgase y escuche, se dará cuenta de su impresionante talento, que quizás no tendrá la oportunidad de degustar nuevamente y si está a la mano cómprele sus discos que anda trayendo o déjele un cariño económico, que si bien no paga el talento podrá hacer más discos para que todos puedan escucharlo.

De ir y venir, luego de cada jornada de tocar su armónica y su guitarra, y dejar en el viento las melodías espontáneas y originarias del blues, se retira caminando, a lo lejos con el blues a su espalda, a sus anchas, dejando la estela de lo legendario, de lo que rompe con lo convencional de lo vivido, de lo solidario, con lo humilde, dejando atrás en cada rincón callejero la leyenda del mítico Jhonny Blues.

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