Relato veraniego: La cara que no se ve en Las Compañías – La Serena

Relato veraniego: La cara que no se ve en Las Compañías - La Serena

Relato veraniego: La cara que no se ve en Las Compañías - La Serena

Llevamos cuatro días en el sector bien llamado Las Compañías Altas, barrio humilde.

De primera impresión uno siente cierto temor por el ambiente social, pero a medida que pasan los días uno ve gente trabajadora, obreros, gente humilde, que antes que aparezcan los primeros rayos del sol, las personas ya caminan por sus angostas calles a laborar para poder ganar el diario sustento familiar.

Para mi sorpresa, los negocios abren sus puertas a las 7 a.m. sin temor, el día empieza a caminar, se siente la música típica de barrio, una buena cumbia y una buena canción romántica para cortarse las venas, los más enamorados escuchan a Camilo Sesto.

Pero aquí estoy, sólo, escribiendo en la penuria y el silencio que el comedor me puede brindar, mi familia duerme, descansa luego del desvelo de ver televisión -esa televisión que a mí no me gusta y que atrae a miles, esos reality’s donde se discrimina en forma desproporcionada al ser humano, donde uno ve lo peor de nosotros mismos y mas encima eso nos atrae, ya que por esencia somos morbosos, nos gusta saber y ver qué hacen los demás, sin preocuparnos por nuestro propio entorno-

Vuelvo a Las Compañías, vuelvo a la casa que hoy por hoy me cobija, una casa humilde, construida de madera, pequeña, sencilla, pero muy acogedora. Todo queda en silencio, por ahí se escuchan los gatos en el techo buscando comida, a lo lejos se oyen los perros ladrar y aquí siento el buen dormir de mis hijos, de mi señora y yo sigo igual, escribiendo, sólo con ustedes, con mi teclado, mi amigo fiel.

Se enciende el refrigerador, ruido molesto, contante y perturbador, sirenas a lo lejos, ladridos de perros que no cesan, se siente un avión llegar.

Antes de venir no sabía que existían Las Compañías, pequé de ignorante por ello, pero feliz porque hoy vivo en ellas, un lugar privilegiado, con una vista de ensueño, maravillosa, donde puedo ver parte del valle, ver los aviones al despegar, el puente nuevo que une el casco antiguo de la serena con su gente, las verdaderas, aquellas personas que viven y trabajan diariamente con esfuerzo y sacrificio.

Mi afán es escribir y escribir por medio de mi escritura describir mi sentir, poder dar rienda suelta a mis sentimientos, mi vivir, que me ha hecho dar cuenta de lo feliz que soy escribiendo, sacando mis vivencias y plasmándolas en letras, que se vuelven frases y frases que se vuelven textos, que se convierten en columnas, historias y mágicamente un día salen a la luz en un hermoso libro –la biblia de todo buen escritor

En mis recuerdos, se vienen a mi mente todos esos lugares en los cuales he vivido, que he visitado, lugares hermosos, paradisíacos, como también lugares humildes, pero con calor humano, propios de la esencia de una hermosa familia chilena y doy cuenta que no hay lugares feos, la fealdad es cuando uno quiere ver de esa manera las cosas, con maldad o con egoísmo.

Y curiosamente donde mejor me he sentido es en aquellos lugares donde te entregan amor, calor humano, donde te reciben con los brazos abiertos, sin pedir nada a cambio y que sólo tu recibes de tú conciencia y tú corazón.

Ya se sienten los niños jugar, gritos, risas, una pelota botar
y así tal cual empecé mi relato, en silencio estar,
en Las Compañías, un lugar hermoso de La Serena,
llena de gente humilde con un sueño en común de poder progresar.

Luis Gastón Mora Obregón

Ñuñoa, Santiago

Chile

 

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