Abuelos trabajando el desahucio del descanso

Abuelos trabajando el desahucio del descanso

Abuelos trabajando el desahucio del descanso

Mientras la ciudadanía aumenta y la vida moderna posterga la maternidad, el aumento de la población de tercera edad se hace más evidente.

El esperado día donde el adulto mayor deja su trabajo para dedicarse a esa actividad que nunca pudo hacer en su vida, que tuvo que postergar, que a la hora de decir presente, dijo -cuando me jubile- (esbozando una sonrisa). Ahora llegó ese día, será finalmente el desahucio del trabajo, aquel trabajo que le ha puesto el hombro durante años, aquel trabajo que le permitió subsistir. Aunque al final, ese adulto mayor caerá en cuenta tras la sorpresiva realidad donde su anhelado descanso no será por mucho tiempo.

No es un descubrimiento que los montos de las pensiones son un chiste, un verdadero desastre para aquellos que han trabajado toda su vida por el resto de sus compatriotas y que al final, en su último tramo, su vivir se convierta prácticamente en una limosna, una bofetada en el rostro y desprecio por parte de su país.

Porque mayoritariamente, las miserables pensiones que recibe el adulto mayor no alcanzan para disfrutar tranquilamente los últimos años de vida, tomando en cuenta que el cuerpo no es el mismo y requiere a estas alturas de la ayuda farmacológica para pasar más amena la vejez.

La farmacología y la asistencia medica se vuelven uno de los temas relevantes a esa edad, aunque se considere en el intertanto una actividad física y psicológica como un aditivo para ayudar, es claro que el cuerpo ya está desgastado y no pasan desapercibidas las posibles afecciones ambientales o psicosociales, considerando que los abuelos en este país han caído al grupo de los bultos, los que son un cacho para la familia, los que hay que cuidar por obligación y no por el respeto ganado, pues estos son los abuelos, aquellos que en es su último tramo quedan en el abandono.

Mientras tanto, los jóvenes solo quieren disfrutar de la vida y sus fervientes corazones no darán los espacios ni el tiempo para cuidar vejestorios o por lo demás, así están las cosas.

Hay quienes fehacientemente sostienen que las personas deberían trabajar hasta los 100 años e inclusiva más y luego descansar solo cuando se pongan el piyama de palo, pero lo cierto es que después de una larga vida trabajando, al menos por cortesía dedicar los últimos tiempos a observar y disfrutar los últimos años que quedan sería por lo menos sano.

En la práctica la enajenación de trabajo ha logrado que las personas hasta vean la posibilidad de seguir trabajando como un deber y no el descanso como un derecho ganado, e inclusive hasta se sienten murmullos que los que no quieren trabajar a esa edad, son flojos.

Hoy, los abuelos son aquellos que no aprovechamos, desperdiciamos su sabiduría de años de experiencia, no nos interesa ver como su vida se va acortando cada vez más hasta extinguirse, cuasi se utilizan como herramientas para dejar a los nietos y salir arrancando a trabajar.

Los abuelos quedan destinados a ser nanas, madres y padres nuevamente, esto también se ha dado por las condiciones actuales del trabajo y brechas sociales, los abuelos son metidos en el saco de los lateros, de los que hablan con letargo, los lastres que les cuesta caminar, los medios sordos y orejones, pero cuando se les requiere, ahí están para seguir colaborando mientras se pueda.

Tras el abandono y su paupérrima pensión, malestares y sin actividades por realizar, la opción se reduce a tener que integrarse nuevamente al mundo del trabajo.

Las empresas como un acto casi altruista y pecho inflado, están dando trabajos a ancianos, con el discurso que aún son empléables y se pueden mantener con actividad para retardar y alegrar su vejez.

El gobierno por su parte hace alarde de este fenómeno ensalzando la integración que permite el estado, orientando el discurso sobre las buenas condiciones del país, para que el adulto mayor aún siga activo dentro del mundo laboral.

Graso error, no es una buena idea que tengamos que trabajar toda la vida. ¿Cuál es el fin? ¿Que ocurrirá cuando los jóvenes de hoy con el mismo sistema de pensiones y en mayor número lleguen a su vejez?

Sin duda que es un problema país y no hemos hecho lo suficiente para que esto no ocurra -si es que nada-  no es posible que los abuelos después de una larga estadía sean resignados a que su descanso sea desahuciado.

La ciudadanía no se puede permitir seguir creyendo y sosteniendo el discurso que es bueno que los abuelos trabajen, ni menos que es para subsistir, no es digno.

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