El maestro chasquilla un Ingeniero casero

El maestro chasquilla un Ingeniero casero

El maestro chasquilla un Ingeniero casero

En la cultura y el lenguaje popular, aparece este singular personaje que con disimulo y arrojo, viene a solucionar las problemáticas domesticas y cotidianas de cada hogar

Se instala en la idiosincrasia típica chilena del osado y aperrao’ , con el ojo puesto en la oportunidad y el otro en el ingenio para salir al paso mientras planifica y lleva a cabo la ejecución de la actividad.

El maestro chasquilla en el sentido romántico es parte de la cultura, aquel personaje que está dispuesto a recorrer un amplio espectro de posibilidades al momento de solucionar el problema que tiene en frente, como el más ingenioso de los individuos se desarrolla en su actividad.

Normalmente en actividades de gasfitería, obra menor y mantención de electrodomésticos, todas aquellas peguitas que requieren de mantención en el hogar o se requieren reparar por algún desperfecto

El clásico maestro chasquilla tiene una figura noble dedicada y seria, no es un trabajo industrializado, es su oficio, de la vieja escuela, aquella que aprendió de su padre, y a la vez su padre de su abuelo, también la experiencia de años, con materiales menos sofisticados de los que hoy existen para reparaciones.

Estamos hablando de aquel maestro que trabaja solo, aperrao’, aquel que solo se ubica a través de conocidos, solo por el dato para que el arreglo salga barato, aquel maestro que aun sabe del oficio y lleva años, aquel que tiene un trato humilde, de confianza y garantizado, lo más importante, limpio.

Ese maestro que ya casi no se encuentra, aquel que tiene ropa para trabajar, tiene todas sus herramientas adecuadas, herramientas de verdad, de fierro, de las antiguas, aquellas que prácticamente están los museos por la incomodidad, esas son las herramientas que ocupa son problema, con habilidad callado, contemplativo, reposado, admirando la solución a su problema y visualizando que será para toda la vida.

Porque antes los artefactos y arreglos eran para toda la vida y no precisamente apelaban a las condiciones actuales donde prima lo desechable, que invadidos por la versatilidad de lo plástico condicionan la vida útil de los objetos.

Pero ese tiempo ya paso, son como el eslabón perdido de la construcción, ya casi son piezas del museo, prácticamente extinto.

Por supuesto que los tiempos han cambiado y con ello el maestro chasquilla también.

Bajo el crecimiento habitacional y junto a ello la adquisición de electrodomésticos, el negocio de los maestros era un nicho creciente y que podía dejar abundantes sumas de dinero, esto produjo que bajo la demanda, la calidad de los maestros decayera, supeditando al maestro a la duda respecto a sus verdaderas habilidades para realizar la labor encomendada.

Trabajos mal terminados, inconclusos, con problemas recurrentes, estafas, mala atención, etc. La imagen del maestro clásico ha muerto y deja como legado su nombre memorable apodo donde alguna vez fue de verdad.

Esta segunda generación de maestros fue la que timbro su actuar en el consiente colectivo y dejo en la retina sus características y perfil, con un lenguaje paupérrimo, con intensiones económicas fuertes y fraudulentas escapando al paso del arreglo verídico, aprovechando el desconocimiento técnico del cliente en los temas que ellos supuestamente manejan, alterando el lenguaje técnico llevándolo a un tono comercial manipulador y hasta abusivo.

Incrementada la demanda y la desbarajustada imagen del clásico y nombre maestro chasquilla, vista la oportunidad se crearon empresas que centralizaron la cantidad de maestros administrando su trabajo, categorizándolo e instalando el concepto de servicio, en algunos casos profesionalizándolo, donde las empresas apelaron a una propuesta contra la desgastada y alicaída imagen del maestro por un discurso de la confianza, la garantía por el trabajo y la responsabilidad de la empresa que esta atrás de la organización y el reclutamiento.

También las empresas intentaron capturar a ese viejo maestro  chasquilla, aquel valioso y generoso en sabiduría y experiencia, pero él no se vendió, es fiel a su viejo oficio, porque conoce su negocio, él sabe cómo tratar a la dueña de casa cuando llega a arreglar un producto, es el clásico maestro chasquilla.

Es curioso, porque el clásico maestro chasquilla fue criado en la vieja escuela, que operaba bajo el ingenio, los materiales eran escasos e incómodos, sus prácticas eran meticulosas y cuidadosas, con métodos adquiridos de la experiencia, donde las precauciones para llevar a cabo la tarea eran tomadas en serio y con cautela, también el trato y la sociabilización al momento de realizar el negocio eran transparentes, aspectos claramente del oficio, donde a la falta de conocimiento técnico el pensar era importante para no cometer errores, todas estas características, originarias para la educación de un ingeniero que hoy se imparten en los establecimientos .

Por otra parte, los ingenieros profesionalizados en la actualidad pecan de toda la escuela anterior del clásico maestro chasquilla, tienen mas conocimientos científicos, aplican métodos, obedecen a paradigmas, pero carecen precisamente de ingenio, es curioso, pero la especialización también ha provocado que los ingenieros de hoy actúen como maestros chasquillas mala reputación, con debilidad en el lenguaje, con arribismos y pergaminos que no aportan en lo mas mínimo a la formación última.

Al fin de cuentas, todos los chilenos tenemos un poco de maestros chasquilla, como poner el parche donde corresponda para salir del paso, afirmar una casa con palos de fósforos, entramos a picar cuando no sabemos que hacer, le ponemos la tapita de bebida bajo la mesa coja, nos tienta la cuchufleta, a veces la tiramos chueca, y nos gusta el webeo, y cuando es necesario nos sacamos el pillo, es parte de la identidad cultural de nuestro país que hemos formado.

 

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