El país ¿está en buenas manos?

El país ¿está en buenas manos?

El país ¿está en buenas manos?

Existe una cultura nacional que es mezcla de “laissez faire” y “dolce far niente”, que trae como consecuencia que cada cual hace lo que quiere y nadie hace nada por corregirlo o impedírselo. La èlite empresarial y la clase política han potenciado esta situación en provecho propio. Estamos muy equivocados al tildar de “chantas” a esos personajes; al contrario, son unos aprovechadores y pillos que están “a la pesca” de las oportunidades que les permitimos tomar.

El texto que antecede es un comentario que hice en redes sociales a raíz de la cantidad de epítetos que se leen a cada rato, dedicados a los principales actores de la política y la economía nacional.

En nuestro país se ha establecido una actitud ciudadana de indiferencia respecto de los que le ocurre “a los demás”, que hace recordar la canción de Alberto Cortez de igual título. En mi opinión, el mayor “logro” de los Chicago Boys fue convencer a la población chilena que lo único importante es uno mismo (y –tal vez- la familia y los amigos). Tras la prédica de “los frutos del propio esfuerzo”, se implantó un carácter colectivo individualista al extremo –casi rayano en el egoísmo- que sólo deja espacio a la solidaridad frente a las desgracias o eventos tipo “Teletón”.

La prédica, sin embargo, no logró introducir valores como el respeto a la palabra empeñada, la responsabilidad individual ni el interés por trabajar más y mejor (a pesar de la monserga de la “productividad”); probablemente en esto hay un factor muy importante que desincentiva el “hacer bien las cosas”: las remuneraciones. Los trabajadores que hacen labores menores ven que sus superiores o patrones obtienen enormes ganancias aparentemente sin esforzarse, mientras ellos se desloman por 4 chauchas. Evidentemente “el Modelo” pareciera haberse estructurado ex-profeso para ello, al no contemplar educación ciudadana y rechazar de plano a las organizaciones de trabajadores.

Los gobiernos, por su parte, han entregado muy malas señales respecto del progreso social al ofrecer casi indiscriminadamente subsidios y bonos a los grupos sociales “vulnerables” –repitiendo aquello de entregar el pescado en vez de enseñar a pescar– convirtiéndolos en verdaderos mendigos del Estado, acarreando con ello –además- un clientelismo político de marca mayor.

Los empresarios (o “emprendedores”, como gustan llamarse) también reciben ingentes recursos provenientes de las arcas fiscales, sea en forma de “incentivos tributarios”, devolución de impuestos o rebaja de los mismos y derechamente “subsidios”, algunos explícitos y otros ocultos. La “policía” sanitaria aduanera es un subsidio oculto que se entrega a agricultores y ganaderos por protección contra plagas y pestes, ya que ese sector tributa por “renta presunta”, es decir no pagan por el servicio que se les presta. También hay subsidios explícitos, como el de “contratación de mano de obra joven” (¿no es, acaso, un aporte estatal a las empresas que les permite ahorrarse parte del salario que deben pagar para contratar trabajadores? Hasta lo que sé, ninguna empresa contrata ni un solo trabajador más de los que necesita). Encima, se ha hecho un vicio la “tercerización” o subcontratación de servicios, siempre peor pagados que los trabajadores “titulares”; vicio que se ha extendido también a los servicios públicos. A riesgo de ser tildado de xenófobo, las empresas de “seguridad” están llenas de extranjeros, sin embargo tengo entendido que para ser “guardia” se debe tener “servicio militar efectivamente realizado” (¿cambiaron la Ley o existen convenios de “convalidación” al respecto?).

Un amigo –cuyo nombre guardaré en reserva- siempre dice “Chile, país de oportunidades”. En efecto, cual más cual menos de nuestros compatriotas saca provecho de las ocasiones que se les presentan: los grandes señorones hacen pingües negocios en la Banca, las Isapre, las AFP, las Cajas de Compensación (¿acaso la gente cree que les hacen un favor prestándoles plata a intereses usurarios?), el Retail, la Minería y las exportaciones de productos provenientes del sector silvoagropecuario. La Industria manufacturera prácticamente no existe, con lo cual la estratificación económica se hace muy fuerte: un sector primario de pequeños productores en el campo y grandes empresas mineras, un sector terciario dominado por grandes operadores de centros comerciales, y un sector financiero y de servicios absolutamente hipertrofiado. Eso asegura grandes flujos de dinero hacia los magnates y salarios muy menores para los trabajadores.

La ciudadanía se ha entregado a su “suerte” y la elite político-empresarial hace y deshace a su antojo, en una suerte de pacto de no agresión y ayuda mutua.

 

Alejandro Vial Latorre

Geógrafo. Profesor Universitario. Diplomado en Docencia Universitaria y en Gestión Cultural y Territorio. Funcionario público por más de 40 años.

Usach

Santiago, Chile

Facebook: Alejandro Augusto Vial Latorre
Twitter: @alejandrovial
Blog: alejandrovial.blogspot.com

One Response to El país ¿está en buenas manos?

  1. Heraclio Agosto 4, 2015 at 11:06 am

    DEMOCRACIA Y LIBERTAD.
    La libertad y la democracia, que nos regalaron en la medida de lo posible, por y ante el avance de fuerzas que ponían en jaque al estado militar, de las que hasta ahora hemos “disfrutado”, aun siendo en realidad muy precarias, se están muriendo delante de todo el mundo.
    Son valores, que han perdido su peso específico y son ya una entelequia. El individualismo con toda su carga de egoísmo es cada vez más ciega arrogante y agresiva. La corrupción ha entrado como una peste de la cual pocos se salvan.
    Y esto no es solo aquí, lo vemos en Alemania, España, China, Ucrania, Medio Oriente, etc. etc., y nos acercamos con paso decidido hacia una dictadura global de los gobiernos, los grandes bancos y las multinacionales, gestionada por grupos de tecnócratas…pero increíblemente, ¡aún hay gente que no lo ve! y juegan a ser tontos útiles y lo peor que se creen héroes.
    En otros tiempos fueron los milicos los tontos útiles, hoy los creyentes religiosos del duopolio y muy en especial de la Nueva Mayoría, que se reduce a la minoría de menos del 20%. LOS PODERES FÁCTICOS MANDAN con el 0,01 %.

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