Apología a la rabia contenida

Apología a la rabia contenida

Apología a la rabia contenida

Los ojos tras la capucha, una mirada tras la barricada.

Un paseo por las calles de las poblaciones emblemáticas, las promesas rotas, la desconexión con los movimientos sociales.La traición de la clase política

Aquel día de octubre creímos memorable, cantábamos al unísono “Chile, la Alegría ya viene”. Ciertamente eran los nuevos tiempos que tanto esperamos, poder vivir lo que habíamos perdido: el estado de derecho y la democracia.

Crecimos en Dictadura escuchando a nuestros padres y abuelos hablar y conspirar para derrocar al Tirano. Vimos las poblaciones pisoteadas, las casas allanadas, las tanquetas con milicos con sus caras pintadas, los toques de queda y los balazos.

Fue una guerra macabra contra un pueblo indefenso, contra pobladoras de la Olla Común, contra trabajadores del PEM y el POJH, mataron profesores, estudiantes, periodistas, obreros y sindicalistas. La crueldad máxima, la peor de las crueldades escrita en tinta “exterminados como ratones”[1].

Pero la Alegría nunca llegó. Pero, no importaba. Estábamos en democracia y felices de ejercer el orgullo republicano; en manada fuimos a votar por aquellos que prometieron Verdad y Justicia, que juraron ni Perdón ni Olvido. Pero se dieron por vencidos. Dejaron las calles polvorientas de la población, sólo venían cada cierto tiempo a recolectar votos para mantener lejos a la derecha golpista del gobierno. Para que “Nunca más”.

Les creímos y nos dimos por vencidos. Estábamos tan acostumbrados a odiar al Tirano y a sus cómplices que no nos dimos cuenta que comenzamos a justificar las excusas, a perdonar la indiferencia, a tragarnos las mentiras.

Ya no hay tanquetas en la Población, ahora hay pasta base. Ya no hay olla común, ahora hay vecinos que desconfían unos de otros. Ya no hay orgullo poblacional, ahora nadie se reconoce pueblo. Ya nadie empuña su mano, nos quitaron hasta la fuerza para luchar, para exigir lo prometido.

Ahora sólo balas locas, casas enrejadas, basurales por cualquier parte, lugares con una mínima densidad de áreas verdes disponibles. Lugares ingratos, sin planificación Sólo una plaza inaugurada con autoridades y pompas, para luego ser olvidada porque no se consideraron los costos de mantención.

Recuerdo a un ex miembro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez quién me advirtió en 1991: La Concertación olvidará a todos estos cabros que se arriesgaron luchando, recordará de vez en cuando a los caídos sólo para refrescarle la memoria al pueblo desmemoriado para que no cometa el error de votar por la derecha.

Olvidará a las poblaciones, a La Legua, a La Pintana, a la Pincoya… Serán todas las poblas abandonadas, dejarán que la paste base haga lo suyo, que los neutralice para evitar que se vuelvan a organizar contra la injusticia. Dejarán que el estigma de ser pobre los avergüence. Fue una profecía.

La Alegría nunca llegó, porque era sólo un distractor. Fue una alegría de consensos, de oscuros acuerdos y negocios entre la Concertación y la Derecha. Nunca fueron enemigas, fingían ante nosotros su antagonismo que bien escondía sus sucios juegos de poder y financiamiento.

Todo fue acordado, con un brindis, con una sonrisa de negociación. Se repartían las ganancias, mientras estrujaban el aparataje estatal, mientras la banca y la empresa privada ofrecían sobornos y pagaban por leyes convenientes. Todo era una fachada cuidadosamente mimetizada tras las estructuras y normativa.

La izquierda se quedó dormida, se hizo cómplice, le encantó vestirse de Armani y pasearse conduciendo un Lexus sobre la ciudad. Ellos estudiaron gratis pero no dudaron en acordar con la Banca créditos universitarios usureros con la excusa de “hacer universal el acceso a la universidad”.

Hoy miles de morosos con o sin título deambulan por oportunidades laborales en un mercado saturado de carreras universitarias que crecieron sin control. Todo ha sido cuidadosamente planificado a través de políticas públicas destinadas a exprimir cada día al ciudadano común, somos los nuevos esclavos que sostenemos el juego de poder entre los mismos de siempre y beneficiarlos a ellos.

Pareciera ser que cada frase de igualdad o justicia social de la Concertación (o Nueva Mayoría, ahora con el Partido Comunista incluido) no es otra cosa que un panfleto anacrónico repetido hasta el cansancio. Las palabras igualdad y justicia están tan manoseadas, han sido tan abusadas, que ya perdieron su otrora sentido.

Ahora  ellos los de antes (tan empoderados) son vistos como traidores, como parásitos fiscales, como las golfas de las corporaciones. Nunca fue una democracia aquella ganada, fue una Plutocracia que enmascara algo peor, una corporocracia.

Pero al lumpen ya no les importa por qué se protesta, si es por una nueva ley, si es por la educación, por las chancherías o porque la selección ganó o perdió. No importa la excusa, no importa la razón. Los políticos bajaron los puños, esta masa de antisociales ahora se levanta con cualquier pretexto.

Se vuelven un maremoto, un aluvión, un temporal que arrasa todo a su paso. Son los marginales, los invisibles, los que se endeudan o roban para conseguir el éxito que sienten que para otros fue más fácil, pese a ser igualmente deshonesto. Son los sin rostro, los mechas de clavos, el delincuente común, el pastero zombi, el mechero habitual, el jornalero de sueldo mínimo, el flojo, el hincha fanático, el moroso, el allegado, el flaite, el roto, el picante, el guacho del SENAME.

Ese que apenas balbucea un coa ininteligible. Ese que espera bajo la lluvia el transantiago a 10 cuadras de su casa porque un burrócrata quiso ahorrarle combustible al operador. Esos a los que ya no les importa la institucionalidad, que no les importa el sufragio ni la tradición republicana, que no entienden, que no quieren más promesas, más estafas. Ese que no es nadie, que carece de frases de buena crianza, que quiere ganarlo todo, que ya no se arriesga.

Todos ellos se esconden tras la barricada, ya no hay tirano, ahora tu lindo barrio, tu linda vida, tu preventa del celular de moda, tu concierto, un informado, lo que sea puede ser suficiente para esconderse tras la capucha.

Para reventar contra quién se cruce toda la rabia contenida. Es el Día del Joven Combatiente, puede ser el día de la Madre, el 11 de septiembre o el Triunfo del No o la Copa América. Ya no importa, tras la barricada ya nada importa.

Mandrágora

Hereje, desfachatada, libertina, anatema con grados académicos varios y concupiscente.

Santiago, Chile

Twitter: @Mandragggora
www.historiasdeunangelcaido.blogspot.com

Bibliografía

[1] Titular del Diario La Segunda del 24 de junio de 1975, Santiago de Chile

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