Ferias de barrio: refugio de la esquiva identidad posmoderna

Ferias de barrio: refugio de la esquiva identidad posmoderna

Ferias de barrio: refugio de la esquiva identidad posmoderna

La identidad en posmodernidad o alta modernidad,  según se prefiera, se ha visualizado y conceptualizado por autores como esquiva, difícil de construir y una vez construida; dificultosa de sostener.

Lo anterior le genera gran incertidumbre y falta de gravedad al sujeto actual.

El sujeto al no poder mantener una identidad constante flota en un espacio de múltiples posibilidades identitarias, pero cada vez que se quiere aferrar a una, esta se escabulle entre sus dedos Bauman definiría el problema con una analogía “El vagabundo no sabe cuánto tiempo permanecerá donde se encuentra hoy, y generalmente no depende de él cuándo terminará su estancia.

Nuevamente en movimiento, fija el destino conforme y va leyendo las señalizaciones del camino, mas ni siquiera entonces está seguro si se detendrá, y cuánto tiempo, en la siguiente parada”[1]

Mi hipótesis es que la identidad producto del dinamismo de la sociedad, la hiperconectividad y la posibilidad de ser todo y en todo momento, no debe construirse bajo los mismos parámetros que años atrás, como por ejemplo: La identidad alemana de 1933, la identidad polarizada de la guerra fría, la idea de una derecha y una izquierda en materia política etc.

En materia política podemos ver el cambio en la mutación de los Movimientos Sociales. Pedro Ibarra los definiría como “Son organizaciones que funcionan jerárquicamente, respetan los sistemas de protesta establecidos y tienden a estar representados en el poder a través de partidos políticos interpuesto .Y lo de la globalidad les resulta un asunto muy alejado de sus reales preocupaciones”[2]

Mientras que para Alain Touraine, el cambio en un elemento identitario como la política se ve reflejado en los Nuevos Movimientos Sociales “El activista de un nuevo movimiento social es alguien que pretende reivindicar su soberanía individual frente a cualquier imposición exterior.

Entiende que Estados, Partidos, Gobiernos, y demás”[3]. En definitiva la identidad política es vista como “los partidos no son ya otra cosa que empresas políticas puestas al servicio de un candidato  más que de un programa o de los intereses sociales de sus  mandantes”[4]

Compleja realidad para el sujeto, pero utilizando la misma complejidad de crear identidad, podemos desprender la solución al dilema.

Hagamos identidad simple, aprendamos a surfear en la alta modernidad y en el mar de posibilidades de ser. Enfoquemos la identidad como se enfocan los roles. Según esta todos desempeñamos distintos roles que son compatibles entre sí, ejemplo: Un padre, es a la vez hijo, a la vez marido, a la vez hermano, a la vez trabajador, a la vez tío etc. En todas ellas podemos anclarnos, porque la realidad identitaria cambió y es hora de que asumamos ese cambio.

En materia de identidad, ahora cualquier actividad que se realice por un periodo sostenido de tiempo puede constituirse en identidad, no es necesario una carga ideológica pesada, un credo religioso impositivo o una capacidad monetaria abultada.

Frente a este mar de posibilidades cambiantes y posibles, se erige como un rompe olas la feria de barrio.

La burbuja en el cual viven los feriantes los ha mantenido aislado de los constantes cambios de la alta modernidad. Sus patrones de comportamiento se han mantenido incólumes, el argot con  el que se relacionan no ha sufrido mayores cambios y tampoco es objeto de burlas por parte de la cultura dominante. No les ha tocado vivir la angustia del proceso multicultural.

La alta modernidad no ha logrado penetrar una identidad monolítica como la del feriante chileno. La feria maneja códigos lingüísticos propios y una kinésica propia, un ejemplo: “me volví loco, me volví loco, me volví loco” no reza un autodiagnóstico de una patología psicológica, el feriante nos dice que bajo tanto sus precios que parece que perdió la razón.

Se preocupan uno por el otro. Cuándo un feriante necesita levantar su puesto, su vecino que vende lo mismo, ósea, son competencia le presta presuroso su apoyo y no sólo para levantar el puesto, también, para ordenar la verduras y poner la balanza, eso es bajar el concepto moral a la cotidianeidad.

Primeramente, me atrevo a enmarcar una moral del verbo, no un amoral escrita sobre papeles exóticos, avalada por grandes instituciones o una moral detentada por elites económica, más bien una moral humana “El llamado moral es absolutamente personal, se deriva de mi responsabilidad, y la necesidad de hacer el bien así surgida no puede suscitarse ni paliarse por la conciencia de que los demás lo hagan por mí, o de que ya he cumplido con mi parte al seguir al pie de la letra lo que los demás hacían”[5]

Segundo, el feriante desarrolla una relación simbiótica no sólo con su compañero de rubro, además lo hace con el cliente “casero”, saben de sus vidas, penas y alegrías y muchas veces funcionan como trámite catártico, donde al caminar y hablar se liberan la psicotoxina del “casero”. Y, por último, la tradición del feriante hace que este oficio se transmita de generación en generación, con una historia personal, sus propios hitos e inclusive su propia asimilación de la religión.

Nos decían que la posmodernidad o alta modernidad lo permeaba todo, es mentira. Si no me cree piense en un martes, jueves, sábado o miércoles, viernes o domingo cualquiera. Asista a la feria de su comuna, recuerde mis palabras y realice el ejercicio de ver cada patrón desarrollarse en una danza frenética y alegre que sólo puede entregar la creencia en lo imperecedero.

 

Mauricio González Seguel
Twitter: @gmauricio554
Periodista. U.ARCIS
Diplomado Comunicación Interna U. Mayor

 

Bibliografía

[1] Bauman,Zygmunt. “La sociedad sitiada”. Editorial Fondo de cultura económica. Buenos Aires. Pág.273.
[2] Ibarra, Pedro. ¿Qué son los movimientos sociales? http://ctinobar.webs.ull.es/1docencia/Movimientos/PEDRO.pdf. (07 de abril del 2015)
[3] Op.cit. http://ctinobar.webs.ull.es/1docencia/Movimientos/PEDRO.pdf. (07 de abril del 2015)
[4]Alain Touraine: ¿Podremos vivir juntos? México DF 1997, tercera reimpresión 2006. Editorial Progreso. Santiago de Chile. Universidad Arcis P 244
[5] Bauman, Zigmunt. “Ética posmoderna: en busca de una moralidad en el mundo contemporáneo” Pág. 72

2 Responses to Ferias de barrio: refugio de la esquiva identidad posmoderna

  1. ESTER GODOY Julio 14, 2016 at 1:21 pm

    muy bueno ,me gusto ,la feria es algo genial y como escribe ,usted me gusto mucho,gracias por este articulo,es verdad ,que las ferias es lo unico que no ha perdido su identidad ,y es verdad que entre ellos son solidarios y sus gritos especiales y chistosos para vender sus productos ,muy genial.

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