La ensalada política chilena: ¿Es la AC la solución a nuestra crisis?

La ensalada política chilena: ¿Es la AC la solución a nuestra crisis?

La ensalada política chilena: ¿Es la AC la solución a nuestra crisis?

Dentro del restaurant político chilensis existe una crisis donde la figura de la Asamblea Constituyente ha surgido como la opción más atractiva para dar nuevos sabores a nuestra realidad política.

Ahora bien, ¿Están los comensales listos para cocinarla?

Las ensaladas, por lo general, son un símbolo de la comida fresca y saludable. Cuando una ensalada tiene una identidad definida nos ayuda a entender sus sabores y cómo estos se proyectan en nuestras papilas gustativas.

Hay ensaladas de todo tipo: la chilena, la césar, la rusa, entre otras. Cada una de ellas nos permite degustar los horizontes culinarios que se distancian del rococó gastronómico.

Ahora bien, cuando “queda la ensalada” podemos ver que hay señales de desórdenes sistémicos que no siempre son fáciles de solucionar. En otras palabras, cuando vemos que queda la ensalada, inexorablemente apreciamos una real cagada.

Después del caso #Caval y #Penta claramente quedó de manifiesto la ensalada política chilensis. Por un lado, los sabores que entregaba la #NuevaMayoría quedaron sin un norte ya que todo el discurso histórico de la meritocracia, igualdad de oportunidades y transparencia democrática ni si quiera se fueron al basurero sino más bien, “se les fue a las pailas”.

Parece que el hijo de la Señora (o en su defecto el esposo de la Señora) abrió un abismo político culinario sin precedentes en nuestro restaurant político.

Por su parte, la desarticulada #Alianza también quedó a la deriva ya que sus cuchillos mellados oxidaron las verduras a utilizar en la receta nacional. Errores involuntarios por aquí, investigaciones ideológicamente falsas por allá, reflejaron la falta de compromiso con los mismos ciudadanos que entregan su voto.

Algo de lechugas había que agregar para dar volumen, una buena cantidad de tomates para dar color, mucho choclo (y ya sabemos que no siempre lo digerimos bien), cebollas sin amortiguar y hasta un  gran pepino nos han metido en esta ensalada que no tiene nombre.

Luego, vamos siendo testigos de que la búsqueda de una receta convincente, proactiva y gustosa es la respuesta para nuestra crisis de identidad culinaria. Una de las propuestas más atractivas es revisar nuestra base gastronómica. Vale decir, es nuestra Constitución Política la madre de nuestros males contemporáneos. Sus sabores y aromas nos hacen recordar el período del dicta-chef Pinochet y los comensales no gustan de ello.

En consecuencia, una de las vías para encaminar nuestra ensalada, es llamar a una Asamblea Constituyente (AC) con el objeto de que se establezca una receta popular y democrática que logre instituir los nexos entre los comensales civiles y los cocineros políticos.

Es en este punto donde cabe plantear al interrogante acerca de que si ¿Es la AC  la solución más viable para esta ensalada política, institucional y gastronómica? ¿Tenemos una sociedad cívicamente preparada para hacerse cargo de su propia cocina? Sin lugar a dudas, el poder constituyente recae en el pueblo y éste debería tener un grado de injerencia respecto de los asuntos de interés culinario nacional.

“Espero llevar a cabo las reformas necesarias para desentrampar los nudos que no permiten incluir a la ciudadanía a plasmar sus intereses, me parece un poco osado”

¿Cómo hacer cocinar a los comensales si estos no saben cocinar? Ese es el punto clave en nuestra discusión contingente. Ojo, no pretendo afirmar que la AC no sea el camino para darle un sentido a nuestra ensalada. Muy por el contrario, tener una Carta Fundamental que represente los intereses de nuestra sociedad resulta necesario.

Ahora bien, creo que antes de hacer cambios tan radicales, resulta más importante aún enseñarle al pueblo cómo se cocina, qué elementos están implícitos en los procesos, qué herramientas son utilizadas y cómo ordenarse en el modelo político.

Las aspiraciones refundacionales son seductoras y conllevan una carga emocional potente cuando se busca un mejor estadio político-culinario. Sin perjuicio de que estas mismas aspiraciones nos pueden hacer caer.

Por ello, para realizar un cambio estructural dentro del modelo político, los cambios no deben realizarse tan drásticamente ya que las soluciones, eventualmente, pueden pasar a acrecentar el problema.

Para arreglar la ensalada nacional hay que ir por partes: eliminar los componentes podridos que nos tienen con una colitis de antología. Trasparentar los lazos entre la política y la economía; vale decir dejar de manifiesto quienes son los proveedores de insumos para que los chefs lleguen pertinentemente a nuestra cocina política.

Ir capacitando a los comensales para que sus demandas y apoyos se vayan estructurando con el objeto de transformarlos en una receta inclusiva, fresca y saneada.

Hoy por hoy estamos degustando la ensalada de nuestros políticos que, por mucho que quieran tomar distancia de la dictadura, todos son hijos de ésta y de su mala interpretación neoliberal.

 

Philippe WERNER-WILDNER LABADIE

Chef profesional, Cientista Político y Master en Relaciones Internacionales.

Santiago, Chile

Twitter: @PhilippeWWL
Blog: www.politikpunto.bligoo.cl

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