No hemos aprendido nada una memoria perezosa

No hemos aprendido nada una memoria perezosa

No hemos aprendido nada una memoria perezosa

Somos un país de volcanes, incendios, terremotos, tsunamis, aluviones, sequías, con un clima cada vez más polarizado y brechas sociales en aumento.

La naturaleza siempre seguirá su curso, es inevitable, porque la expansión del ser humano en su mayoría es desordenada e irrespetuosa, eso no dice que no podamos convivir con la naturaleza, dice que debemos respetarla y aprender a ser parte del medio como lo hicieron las culturas originarias, porque la revancha hostil del medio ambiente más temprano que tarde nos da una bofetada al mal comportamiento miserable que lleva el hombre.

Por otra parte, los discursos de la clase política y gobierno de turno le bajan el perfil a los sucesos ambientales que han sido parte de la historia de nuestro país, aprovechando la ensimismada y pávida opinión del ciudadano ensalzándolo con su capacidad de levantarse después de una catástrofe, cuando precisamente estos hechos son los que nos hacen aprender para no cometer errores en el futuro, para proteger a los ciudadanos, para el desarrollo tecnológico del país, para el desarrollo de centros de investigación y nuevos profesionales que puedan hacer un país bastante más seguro reduciendo los riesgos en su mayor grado.

Hay que dejar atrás preguntas como: ¿Estos sucesos naturales han pasado antes? ¿Seguirán sucediendo? porque la respuesta es más que obvia.

Los modelos científicos operan bajo la experiencia, para actuar de forma predictiva, de modo tal que sean una ayuda a la calidad de vida del ser humano, no podemos permitirnos como país no aprovechar los mismos fenómenos que nos asechan para sacar partido en el desarrollo de tecnología.

Tampoco se puede permitir que las ciencias sociales sean usadas a merced de la clase política para ocultar la torpeza y responsabilidad humana con el fin de legitimar posturas políticas solo por capricho o para defender lo indefendible.

Es imperioso que se haga uso de las ciencias sociales para que actúen a favor de la construcción del país, con el fin de entregarle al ciudadano las herramientas y la posibilidad de ampliar su pensamiento y su conducta para mejorar su calidad de vida y desarrollo personal.

Lamentablemente, luego de años de hacer nada y los gobiernos manipulando desastres para aprovechar a la pasada el negocio políticos no se ha avanzado en áreas de investigación en áreas de catástrofes naturales, nos encontramos con un panorama técnico, táctico y estratégico por parte del estado bastante desolador, deficitario y parasitario.

El país ha crecido desordenadamente, los planos reguladores no han dado el ancho para una adecuada planificación de viviendas a lo largo de todo el país, las tecnologías para monitoreo y acción en catástrofes escasean, los estudio de energías sustentables y la aplicación de las mismas no han sido tema, la educación no ha dado el ancho para profesiones y especializaciones que faciliten el estudios de volcanes, terremotos u otros fenómenos naturales, la coordinación con los equipos de emergencia y los instrumentos para accionar frente a un hecho tampoco son los mas idóneos.

Lo anterior no es un misterio, sabemos que no se ha hecho nada, de lo contrario no pasaría lo que acontece en la actualidad, como un cliché las catástrofe no dejaran de ocurrir pero por lo menos hacerle frente con protocolos de alta calidad, siquiera pensar en que con la variedad de sucesos naturales debiéramos ser uno de los países con los mejores especialistas en catástrofes, emergencias, reconstrucción, etc., solo por el hecho de vivir en nuestro querido larga y angosta faja de tierra.

Luego de haber tenido un feroz terremoto, se sigue confiando en sensores de organizaciones externas, luego de haber tenido incendios perdiendo patrimonio histórico por la poca contención de infraestructura para controlar el fuego, se sigue actuando a punta de voluntarismos, luego de haber tenido aluviones, no se planifica el desarrollo habitacional, luego tenido erupciones volcánicas aun tirata el indicador de evacuación.

Pero no, no se ha aprendido nada, la misión fundamental del organismo a cargo es el monitoreo preventivo y la organización, cuyo operativo no ha funcionado en el momento que se le es requerido, aquí es donde aparecen los porqués, hablando de autonomía de la institución en fin, lo cierto es que nadie ha hecho absolutamente nada en la materia, no se han creado centros de investigación ni está aún la tecnología para afrontar un hecho con una comunicación fluida, el monitoreo y la conectividad en todo el país, no se ha tenido la inversión suficiente ni la calidad de expertos que a merita una dirección de este tipo, faltando la claridad en los protocolos para actuar con independencia para que la coordinación de las fuerzas armadas, áreas de emergencias en su conjunto funcionen de forma integral.

En términos de planificación el organismo centrar debe actuar como un centro de inteligencia, con un comité experimentado y dedicado para que la toma de decisiones sea más adecuadas y acorde a la experiencia país, es cierto se pueden equivocar, pero lo que no puede ocurrir es que se queden mirando de brazos cruzados sin hacer nada, sobre todo a sabiendas que está en juego la vida de un cuantioso número de compatriotas.

Lamentablemente, cada vez que ocurre algún hecho es la ciudadanía en gran parte la que termina haciéndose cargo de su propia reconstrucción apostando al voluntariado de los jóvenes, grupos sociales, fundaciones y filántropos, mientras que las grandes empresas terminan haciendo caso omiso de su responsabilidad social y los políticos a cargo de los distritos brillan por su ausencia y planifican la oportunidad del shock.

Es necesario e imperioso mejorar exponencialmente para no tener que lamentar más muertes y destrucción, pudiendo haberlas podido evitar, si tan solo se tomaran las medidas organizativas pertinentes por parte del poder ejecutivo y legislativo, la ciudadanía podría avanzar en muchísimas mas áreas de investigación y desarrollo y no terminaría mirando el desastre y seguir pensando en que se sigue sin hacer nada.

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