Comunismo y Capitalismo: A quemar las viejas banderas de lata

Comunismo y Capitalismo: A quemar las viejas banderas de lata

Comunismo y Capitalismo: A quemar las viejas banderas de lata

Nuestra cabeza ha sido siempre territorio codiciado por las ideologías políticas. Ha sido un lugar donde la batalla por el posicionamiento es descarnada y alimentada por todos los medios de comunicación, los que, dicho sea de paso, funcionan como administradores de la verdad en función de los intereses de los dueños de Chile.

Intentaré entregar un marco referencial desde mi subjetividad, para luego desarrollar una hipótesis. De momento no olvidar la siguiente frase a lo largo del artículo: “En la comunicación se debe comunicar lo esencial, utilizando palabras claves, para así obtener un lugar en la mente del posible cliente” (considerando que en esta idea no juegan ni la ética ni mucho menos la moral).

Un breve y objetivo recuento

En la primera escena de la película “Odisea del Espacio 2001”, aparece un primate recogiendo un hueso que azota contra el piso y lo lanza al aire. Finalmente, el hueso, en su ascenso, se transforma en una estación espacial. La escena es un resumen de la historia de la humanidad: esta visión progresista da cuenta del desarrollo de la técnica que, a diferencia de otras dimensiones, no se ve de forma tan evidente.

Primeramente mencionar que el ser humano se gestionó en dos dimensiones: la primera es la concreta, la vida misma (Hume y Sartre); la otra, la espiritual (dogmatismo y metafísica). Posteriormente, en el Renacimiento, Da Vinci nos muestra el hombre tridimensional, con lo que entra a jugar el Universo. Luego, en la Revolución Industrial, período violento para el ser humano y maravilloso para la tecnología, se produce una reducción a una sola dimensión (trabajo alienado) a partir de la influencia de la técnica, temática que Marcuse aborda en su texto “El hombre unidimensional”.

¿Cómo funciona lo anterior? Pensemos en la Alemania de 1933, un régimen totalitario que buscaba impedir, a través del espionaje, la gestión de la vida privada del ciudadano alemán. No existe lo privado en un sistema totalitario, cuyo discurso dialéctico era: “o estás con nosotros o en contra de nosotros”, y en el cual desempeñó un importante papel Joseph Goebbels con la propaganda Nazi.

Al término de la Segunda Guerra Mundial y con Europa ya dividida (doble dialéctica negativa), nuevamente el riesgo de un florecimiento del ser humano se impuso una nueva dialéctica. Este nuevo maniqueísmo se llamó “Guerra Fría”. Esta bipolarización del mundo nos ofrecía el capitalismo o comunismo (burguesía o proletariado) como la alternativa de vida; lo demás era negado o tranzado. Lo anterior volvió a dividir no solo lo público del ser humano, sino también lo privado. Algunos se politizaron y vivieron un movimiento revolucionario pacífico (hippies) y otros se dejaron embriagar por el consumo de cocaína, la pornografía (triple X) y la música disco.

En resumen, mientras más les simplifiques los mensajes al ser humano más fácil es obtener un lugar en su cabeza. En Chile, hoy el mensaje es simple, está en la Constitución política del país y se llama sistema binominal, sin embargo, esta gestión polarizada no solo existe en ese nivel, sino también a nivel discursivo. El éxito de los sistemas se basa en la simplificación de las posibilidades, en la reducción de lo probable y en la deslegitimación de lo improbable (técnica).

Clases o Campos: más allá del discurso práctico del proletario y burgués

Entonces, el mensaje que más suena y es regresivo en materia de historia es la lucha entre el proletariado y la burguesía, aquella lucha histórica. Esa dialéctica opera en un discurso reduccionista que pretende hacernos creer que solo existen explotados y explotadores y que niega tajantemente y sin una argumentación la existencia de la clase media. Se cumple a raja tabla la frase que les dije no debían olvidar, un mensaje simple, una verdad absoluta y una bicromía.

El blanco y negro nunca ha sido una opción, porque lo único que puede producir esta mirada reduccionista es pseudo seres humanos, porque reduce su capacidad intelectual, creativa, reflexiva y evolutiva. El hombre y la mujer no pueden creer que desde 1845 solo existan dos clases sociales, las que no solo responden a la economía (condiciones materiales), sino a una posición determinada en la escala social que auspicia las relaciones con las demás clases. Por lo tanto, las clases no solo se constituyen por lo material (medios de producción, propiedades, dinero, etc.), sino también por sus relaciones simbólicas. Desde ahí podemos tener distintas esferas o clases. Por ejemplo, pensemos en un convento: no existe la relación de capital dentro de él, mas sí una simbólica; pensemos en una cárcel: claustro de disciplinamiento o tipo de convento donde se dan la relaciones simbólicas y de capital.

Espero que los marxistas no se enojen conmigo, pero si acepto su modelo compuesto por estructura y superestructura, entendiendo que la superestructura está compuesta por quienes tienen los medios de producción y la estructura la componen quienes venden su fuerza de trabajo, ¿qué serían las fuerzas armadas? (campos o clases). Según yo un tercer estadio. Y aun así, ver una sociedad dividida en tres me parece inmensamente reduccionista también.

Si hay algún cristiano entre los que leen les daré un ejemplo. Pensemos en las dos clases que dominaban la época en que Jesús caminó entre nosotros. En aquellos tiempos, el acceso a Dios estaba controlado por dos clases: Saduceos, preocupados por la política y por las riquezas, y Fariseos, pertenecientes a una clase media que se dedicaba a obedecer y cultivar la palabra. Ambos grupos nunca se llevaron bien, pero dividían la sociedad. Al aparecer Jesús, democratizando el acceso a Dios y a la trascendencia, fue el gestor de que estas dos ideologías se unieran para entregarlo.

Debo decir que cada vez que aparece alguien que aporta una visión distinta funcional, su discurso es crucificado. Hoy, ser rebelde no es ser de izquierda en un sistema capitalista, tampoco ser neo-liberal en una economía centralmente planificada. La verdadera rebeldía es pensar más allá del blanco y negro. En definitiva, quemar las viejas banderas de lata.

Se trata del ejercicio que hizo Edmund Husserl de aterrizar a Marx a su realidad. En la actualidad, se trata de pensar al ser humano, su identidad dinámica, la interculturalidad y la hiperconectividad (24/7) conectado a todo y con todos. Pensemos en cómo han evolucionado las colopatías con WhatsApp por ejemplo. Muchas veces los adoradores de los dogmas rezan sus postulados sin actualizarlos, solo repitiéndolos como un abogado repite un artículo, vaciado del humanismo en todas sus dimensiones.

Pensar al hombre y a la mujer gestionando solo dos dimensiones es negarles su potencial (ampliar el arco de las posibilidades de Nietzsche): verlos y verlas gestionando solo en tres dimensiones es retenerlos y retenerlas. La verdadera libertad no es elegir entre blanco y negro, La Nueva Mayoría o La Alianza, sino que dejar al ser humano fluir, debatir, reflexionar y, desde ese ejercicio hoy anárquico, construir una sociedad mejor. Olvidemos el panfletismo y el cartelismo de quienes rezan los dogmas añejos del comunismo de la mano invisible de la economía.

Al cierre

Los que discursan lo añejo, enjuician el anarquismo y ni siquiera han leído “El hombre rebelde” de Albert Camus son meros propagandistas que venden sus frases pre-construidas a través del marketing; lanzan la piedra y esconden la mano. Rehúyen el debate porque le temen al intercambio libre de ideas, a que las personas puedan ver que no todos es A o B, sino que existe C, D, E y la mezcla de éstas que les gusta a algunos A+C = Asamblea Constituyente.

Recuerden la frase del principio, pues es cierto, les digo que aparece en la Biblia del marketing: “Posicionamiento: la batalla por su mente”. La política simplista se sirve de la publicidad para asegurar la rotación de una casta en los lugares importantes de nuestra sociedad: una eterna silla musical en la que solo pueden jugar unos pocos.

Dicho de otro modo: busquemos opciones de crear algo nuevo, utilicemos la potencia creativa y aquella chispa que enciende el motor o, en definitivamente, cerremos las ventanas, subamos las sillas arriba de las mesas y bajemos las cortinas cerrando el Boliche y nos vamos para la casa a esperar que toque a nuestra puerta la muerte borracha.

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Equipo Revista Piojo.cl Autor: Equipo Revista Piojo.cl
Cristian Vásquez Diaz Edición
@PiojoChile

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