Reflexión: Ver morir a dos jóvenes estudiantes

Reflexión: Ver morir a dos jóvenes estudiantes

Reflexión: Ver morir a dos jóvenes estudiantes

Reflexión: Ver morir a dos jóvenes estudiantes

Una de las cosas más fuertes que le puede ocurrir a un ser humano, cuando es madre o padre, es ver morir a su hijo.

La naturaleza nos dice que los mayores partirán primero, pero a veces la naturaleza también se contradice.

Lo mismo aplica para las naciones: no debe haber dolor más grande para un pueblo que ver morir a sus niños y jóvenes, especialmente si se trata de una muerte evitable.

Hoy murieron dos jóvenes. Murieron en la calle, en una marcha. Se encontraban ahí porque estaban convencidos de lo injusto que es nuestro país. Por eso se levantaron hoy, porque eran dos de los tantos que realmente creemos que existen muchas cosas que deben cambiar.

Ellos, estudiantes de una universidad privada, no estaban de acuerdo con el sistema de educación que se nos impone. Tal vez se endeudaban o les resultaba difícil pagar lo que cuesta una carrera. Si estaban en la calle hoy, es porque ellos mismos debieron padecer el abuso del sistema universitario, uno de los mejores negocios en nuestro país. Y muy probablemente tampoco estaban de acuerdo con el sistema de pensiones, ni con la salud, ni la política y mucho menos la Constitución.

Resulta doloroso pensar que la muerte de estos jóvenes se da en este marco de referencia. Más allá de las responsabilidades penales que deben caer sobre quien disparó, creo que hay que revisar la responsabilidad que tienen todas aquellas personas que se han negado a generar cambios concretos al sistema impuesto en dictadura, principalmente nuestra clase política conservadora de derecha, centro e izquierda.

Aquellos que niegan la gratuidad, pero que sus hijos no deben endeudarse porque el padre da boletas falsas y recibe sueldos y comisiones y evade impuestos. Pero gratuidad o abolir el modelo de negocio que existe en la educación, nunca.

Responsabilidad también tienen todos aquellos que hoy justifican esta muerte, de las más diversas maneras. En este momento resulta incomprensible que alguien tenga argumentos contra de la necesidad de generar cambios significativos.

Hoy murieron dos jóvenes universitarios que querían ser partícipes de cambios importantes y necesarios para la construcción de una sociedad un poco más justa. Nada puede justificar estas muertes.

Muy por el contrario, debemos hacernos cargo de la situación para que realmente esto no vuelva a ocurrir. Y mínimo que cuando en Chile existan nuevas universidades públicas y gratuitas, una se llame Ezequiel Borvarán y otra, Diego Guzmán. Eso sería hacer justicia.

 

Cristian Trujillo

Profesor de lenguaje y comunicación

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