La sociedad chilena y la pelea por la trascendencia

La sociedad chilena y la pelea por la trascendencia

La sociedad chilena y la pelea por la trascendencia

Todos los días suena el reloj y el cuerpo se activa, suerte de mecánica biológica

El cuerpo es programado por un sonido -Pavlov- se lava, se viste, toma desayuno y sale a la calle para dirigirse al trabajo, todo mecánicamente.

El metro y el famoso Transantiago no son motivos para dejar la mecánica de subirse, pagar, viajar y luego bajar del transporte –hay unos más despiertos que dejan libres sus impulsos libidinosos y otros que cometen algún ilícito– pero la mayoría sigue una ruta integrada biológicamente.

Llegamos al trabajo, unos buenos días mecánicos y vaciados de emociones y sentimientos. Nos sentamos y prendemos la computadora o la computadora nos prende a nosotros y el mundo se cierra aún más.

La hora de salida, un hasta mañana con olor a condena, algunos a un after a reducir su malestar en el cultura en un exótico trago, donde estén de moda los mojitos traídos de la paradisiaca isla de Cuba. Otros, menos Inn bailarán sobre las mesas del barrio Bellavista, para terminar como el cuadro de Degas “bebedores de absenta”, borrando todo recuerdo del día, de la mecánica, del encierro y de algunos pensando en la escaza posibilidad de trascendencia que se ofrece hoy.

La trascendía no se vende por catálogo, tampoco en las grandes tiendas y no puede pedirla al extranjero por E-Bay o Amazon. Los sueños también fueron asesinados por el psicoanálisis y Dios por el positivismo. Quedamos sujetos al devenir, sujetos a tres componentes que debemos conjugar para despertar de esta realidad gris, salir del limbo, ir al infierno o al cielo.

Extraño nos parece todo, la razón, no fuimos diseñados para ésto, el sistema es impuesto a las categorías que son asignadas con artistas, trabajadores, pobres, ricos, técnicos, profesionales etc. pero nos sentimos extraños, como “El Extranjero” de Albert Camus.

Los componentes a los que hago referencia son los de la voluntad, el libre albedrío y la incertidumbre. Pongámoslo en un modelo mecanicista, nosotros seres humanos, componentes de la sociedad, potencialidad bruta y creadora, somos un 4×4 donde la voluntad es el motor, la tracción la delantera del libre albedrío y la tracción trasera la incertidumbre –el orden de los factores no altera el producto– así funcionamos, lo que hoy ocurre en este Chile 2015, es que el motor está oxidado por la mala educación, el exceso de trabajo y la cultura de masa (SQP, Doctor File, Morande con Compañía etc.) entonces, estamos acostumbrados a ser alimentados como niños, todo procesado y entregado en la boca en nuestra cómoda y segura silla. Recordar: la silla para bebés tiene un arnés que lo mantiene firmemente sujeto.

La chispa del motor llamado voluntad es el espíritu, alma o como quiera llamarle. Esa chispa enciende el motor y ese motor la tracción de nuestra vida en pos de la trascendencia o de un simple despertar.

El chileno es bueno para quejarse, pero flojo para actuar, no digo salir a quemar neumáticos, una micro u otra cosa, sino una acción simple. Asumimos que la voluntad nos impulsa a partirnos el lomo trabajando, transformándonos en seres unidimensionales.

Asumimos que el libre albedrío es la posibilidad de votar por izquierda o derecha, comprar Pepsi o Coca-Cola, Jumbo o Líder (publicidad gratis)  el sistema no da el libre albedrío como un supermercado de posibilidades, claro que todas tienen un precio y una determinada marca y son funcionales.

Ahora, la incertidumbre, como estudioso de la comunicación les puedo decir que el ser humano está pre-diseñado para buscar desesperadamente la reducción de la incertidumbre, o sea lo que no sabe lo tiende a rellenar con lo que conoce empíricamente (David Hume) o con lo que escuchó o lo que le contaron, las dos últimas las más comunes, por eso es prejuicioso.

Bien, aclaro esto, la incertidumbre que se nos da es: tendré mañana trabajo, podré pagar la cuota del auto, plasma, hipoteca, o multitienda etc. La respuesta a esta incertidumbre es: Trabaja, produce, se útil pero, todo dentro del marco regulado.

¿Qué se ha olvidado?

El piensa, comunica, comparte y difunde. Piensa lo que vives, piensa en el otro y quizás en cómo cambiarlo. Comunica lo que sabes, lo que reflexionaste, nunca sabes cuándo podrás encontrar la solución, si antes no compartes las posibilidades.

Comparte, existen distintas maneras de hacerlo, hoy los medios están, revistas como esta son portales abiertos, escribe tus pensamientos y reflexiones puntos más o puntos menos, déjale eso a los que pueden resolverlo, preocúpate de plasmar la esencia. Y, por último difunde, no sólo lo tuyo, lo que leas y le encuentres razón, respetando lo que dice el otro, elevando el dialogo y así formando seres sociales, no de sociedad de consumo, sino de una sociedad sana.

Otro ejemplo, los señores de Asamblea Constituyente, más allá de que yo crea que es la solución a todos los problemas de la sociedad chilena, los veo como una lucha concreta, una voluntad formativa, una elección libre y reducción de la incertidumbre sobre que es una Asamblea Constituyente.

Es fácil pensar que la sociedad está mal, eso salta a la vista. Pero debatir porque está mal es lo complicado, saber que la opinión distinta no es desinformar, si no tener otro punto de vista. Salir de la esa mezcla perfecta entre dolor y comodidad. Salir del sobre-estimulación hipnótica que nos ofrece el neón del libre mercado. No se logrará de un día para otro, sino que día a día. Hacer algo para apaciguar ese vacío que sentimos hoy.

Justo cuando tomaste esa importante decisión de darle una trascendencia aún no privatizada, suena el teléfono y es de la autopista central cobrándote un dinero ridículo porque nunca has tenido auto o porque nunca has usado esa autopista. O suena el timbre y son los testigos de Jehová para contarte una novedad, existe un personaje llamado Jesús, de novedad…Nada.

Sales a la calle y a la subida del transantiago alguien te mete la mano en la cartera y te roba el celular, ese que te regaló tu hijo para el día de la madre, y todo parece irse a la cresta, la pulsión asesina parece apoderarse de tus manos.

Es ahí en ese momento donde estas fuera de los 5 minutos de reflexión y eres invadido por la violencia de la sociedad que no quiere un cambio, ahí donde tu voluntad es alimentar con más fuerza el motor, es ahí donde las verdaderas mujeres y los verdaderos hombres se gradúan de seres humanos. Es ahí donde las promociones del sistema se vuelven nulas frente a la necesidad de trascender más allá del auto del año, del Led de 42 pulgadas, del último Iphone o de irse sentado en el transporte público.

Falsas esperanzas abundan, lo que faltan son quienes hagan algo para transformar nuestra potencia trascendente en realidad palpable. Y eso mis amigos, requiere el suficiente valor para a veces negarse a uno mismo.

Algo tiene que cambiar, dilema innegable. El aburrimiento no es una carga que cualquiera pueda llevar. La constante sobre-estimulación me entumece y no al tendría de ninguna otra manera. No es bastante, necesito más, Nada parece satisfacerme. No lo deseo, sólo lo necesito para sentir, respirar, saber que estoy vivo

Mauricio González Seguel

Periodista. U.ARCIS
Diplomado Comunicación Interna U. Mayor

@gmauricio554

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