Deconstrucción de la AC – Primera Parte

Deconstrucción de la AC - Primera Parte

Deconstrucción de la AC - Primera Parte

Vivimos una época donde la ciudadanía busca frenéticamente algo donde aferrarse. Marcados por la Posmodernidad [1], los ciudadanos desconfiados de la política clásica y el razonamiento científico flotan como corcho a la deriva esperando poder encontrar una isla.

La casta política ha dejado al descubierto su falta de ética y moral, casos como Penta, ley pesquera, SQM han derribado la fe en los políticos. La romántica visión griega ha sido reemplazada por la visión neo-liberal, hoy el capital es fin, es medio y se ha transformado en ideología.

En este cambio paradigmático del capital es donde el sujeto se siente atrapado, aún la población de mayor edad cree en la democracia y en el ejercicio de votar, mientras que los de mediana edad no creen en votar y tampoco en poder cambiar las cosas (bilis negra). Y por último, los más jóvenes se rebelan frente a este panorama y contra toda autoridad, aunque lo hacen aferrándose a las antiguas lecturas del anarquismo, que hoy  atendiendo a Freud son difíciles de aplicar por lo negativo de las pulsiones del ser humano.

El Estado es una figura desgastada, donde la única transformación a la que ha tendido es a privatizar sus responsabilidades, solo funciona como protector del orden a través del uso de la fuerza, con el único fin de promover una estabilidad que permita seguir creciendo en materia económica. El Estado garantiza el orden en base de palos para que la gente pueda llegar a sus trabajos a producir.

La trascendencia ha quedado como un relato religioso y la religión a su vez, ha sido utilizada como justificación para la ortopedia de los cuerpos, las costumbres, la moral y la producción. El psicoanálisis elimino la valides premonitoria de los sueños, la mitología fue abordada como un relato hollywoodense que muestra a los héroes como figuras lejanas y estereotipadas. La trascendencia primeramente es un lujo y segundo es inexistente en este desgastado contexto político país.

La economía del signo nos ha llevado a eliminar la doble significancia y nos hace transitar a una realidad totalmente integrada, dónde solo somos operadores en ella. Los vínculos emocionales son desechables como quien cambia de calcetines. La información es desbocada y los medios son tributarios a los grupos económicos.

Frente a esto disciplinas como la publicidad han adquirido gran preponderancia, por su capacidad de entregar mensajes claros que apuntan a posicionarse en  la mente del ser humano de manera rápida pero, firme. Dentro de lo anterior y tomando mucha fuerza se encuentra el marketing que nace para hacer que el cliente se decida por un determinado producto en vez de otro.

El marketing en la política existe, y trabaja sobre la figura de los candidatos según al sector dónde ellos apuntan. Podremos ver mujeres rubias de ojos claros estrechando manos de mujeres trabajadoras que de no ser por la política. O bien, ver al patrón de fundo abrazado con el campesino y por último, los cambios de looks de algunos candidatos como por ejemplo el de Eduardo Frei cuando perdió la elección con Sebastián Piñera. El marketing como brazo armado de la publicidad es cruel, impositivo, manipulador, no respeta la convención de Ginebra[2] y llegó para quedarse.

En el abandono total de la ciudadanía, desesperanza y desilusión del sistema democrático chileno, ha tomado fuerza una corriente que pretende llenar este vacío.  La llamada Asamblea Constituyente, devenida en #AC, a través de las redes sociales se ha autoproclamado como la salvadora de la sociedad. Estaríamos presenciando la segunda venida de Cristo, ya que está haría milagros en la sociedad chilena, rescataría los justos y juzgaría  a los corruptos.

La #AC  es otro producto del marketing, busca llenar un vacío u océano azul para ser preferida por la ciudadanía. Pensemos en ella como un producto, se resaltan sus virtudes y se ocultan sus deficiencias, tiene un mensaje claro y pegajoso y además, tiene un rostro conocido y mediático. El señor Alberto Mayol es como Diana Bolocco del yogurt Danone. Y la @AC es el yogurt. La necesidad es: volver a creer en la política, mientras que el yogurt acelera el transito digestivo.

La AC, tiene un carácter de reivindicación, que hace levantar la voz del pueblo tras los hechos históricos que constituyen a nuestro país, injusticias y brechas sociales que ha desenmascarado la crisis que vive el país en la actualidad, crisis de la élite por cierto, producto de un desgatado modelo del Estado, cuyos acuerdos para poder tapujar el ejercicio del nepotismo y clientelismo de los gobiernos de turno no dio abasto para seguir con el plan histórico de la oligarquía.

Los procesos constitucionales del país han funcionado en forma de embudo donde la boca ancha ha sido parte de las ideas de la élite y el otro lado para el funcionamiento del sistema neo-liberal.

Esto ha traído como consecuencia, las brechas estructurales del país, la mantención y segregación han tomado ribetes dramáticos, esto ha impactado en ares de salud, educación, trabajo, pegándole a la calidad de vida individual y colectiva, permitiendo solo desarrollarse a los que tienen la economía y el sistema neo-liberal a su favor.

Porque una democracia sin responsabilidad es dictadura, los principios de solidaridad, universalidad y participación han sido trastocados y enviados a la basura, ni si quiera se respetan los tratados internacionales del derecho a excepción del discurso político lo cual se desvanece en el aire. El Estado no se ha hecho cargo respecto de la distribución de la riqueza en su forma horizontal y vertical, porque está desgastado, los límites geográficos ya no atienden la realidad país.

La centralización que se ha producido en el país es un juego sucio para mantener cautivo el poder, precisamente por el ejercicio del poder centralizado que ejercen las autoridades y el posicionamiento de las operaciones de la industrial a nivel central.

Los riesgos geográficos que están a lo largo del país no son tomados en cuenta, son solo herramientas fácticas de la industrialización centralizada, por tanto, la recuperación de estas no va en vías del progreso, sino en vías de la fuerza de trabajo o producción, tomando en cuenta que las zonas donde más recursos hay no obedecen ni reflejan la riqueza obtenida a nivel central.

Este proceder económico obedece a la flexibilidad y movimiento del capital, que no requiere de fronteras o lugar físico para mover su economía, sino, la banca y soporte tecnológico a nivel central para realizar transacciones y comandar las zonas de producción.

El Estado Chileno no debe obedecer ni supeditarse a los límites geográficos internos, debe entender la sociedad en su conjunto, para no discriminar y nivelar para arriba las localidades con más pobreza y mejorar las condiciones de las fuentes de riqueza del país, porque los recursos del país son del pueblo y no de unos pocos ni de los extranjeros, primero hay que ordenar la casa mientras nos permite convivir con nuestros vecinos.

La unidad del Estado por el bien común no ha sida traspasada a la ciudadanía porque la solidaridad solo funciona de forma organiza y represiva de la mano del derecho y no de forma mecánica y reconstitutiva con el fin de mediar con los derechos y demandas de la ciudadania.

La participación de la ciudadanía por parte del Estado y a lo largo toda la historia del país ha sido nula, demás esta mencionar la manipulación de los procesos constitucionales, donde los gobiernos se han mantenido ausentes y al margen de la ciudadanía, ya que un rol solidario seria soltar poder político, por esto es que discursar democracia bajo los términos estructurales de votación que ha propiciado la misma élite no son sino la forma de perpetuar el poder.

Por otra parte, ejemplo son las discusiones de sexo y género que aún son un problema a resolver, ya que el conservadurismo de la élite no ha permitido avanzar en las distintas formas de la sociedad actual, donde las brechas culturales y el debate biopolitico han sido reprimidos, estancados haciendo uso del marketing del terror.

Los discurso de equidad e igualdad que sostienen los políticos son también una herramienta para mantener viva la esperanza del pueblo, sin embargo ambos conceptos ya están desgatados y atrofiados tanto manoseo, han sido violentados y violados por los operadores del poder, es imperativo entender que la no discriminación es lo que conduce al avance, vale decir, una negatividad de la igualdad y equidad permitiría ejercer la no discriminación para terminar con las brechas económicas y culturales.

La AC no es para salir de la dominación histórica de la élite ni para quedarse en ella, es para guiar a nuestra sociedad por el camino de la garantía de los derechos que hoy no son ejercidos en educación, salud, trabajo, etc, ni menos atienden las esferas de protección y seguridad social, para que el individuo pueda desarrollase en sus diversas dimensiones sin discriminación de oportunidades.

La AC, va a ser una revolución, ya que va poner a los que estaban abajo arriba y no será una evolución política ni social porque solo van a cambiar los nombres de los dueños de la verdad. Francia pasó del rey a Robespierre y luego a Napoleón.

Por último, y dicho lo anterior, lo primero es romper con todo el tótem que ha mantenido capturada a la sociedad desde la élite, mirar desde fuera del bosque, ir en busca de las nuevas formas a través de las ciencias sociales para transformar los convencionalismos y dar cuenta de los discursos de las instituciones y gobiernos de turno, entender que el poder constituyente no es de ningún partido político ni militancia, porque la militancia es del mismo pueblo, aquella de la sociedad y por tanto no obedece ni a colores ni banderas.

 

Texto producido por el equipo de Revista Piojo Chile

 

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Mauricio Gonzalez Seguel @gmauricio554
Cristian Vásquez Diaz Edición
@PiojoChile
Bibliografía

[1] Definimos posmodernidad en materia política según Alain Touraine, el auto francés plantea el divorcio de los partidos políticos con las causas que hoy importan a los ciudadanos. El ciudadano se desmarca de los movimientos sociales clásicos para unirse a reivindicaciones subjetivas y transitorias en relación a medio ambiente, sexo, edad, étnicas, etc. En materia social, definimos posmodernidad en el paradigma del filósofo polaca Zymun Bauman, él nos señala una posmodernidad de vínculos líquidos, identidades dinámicas y un ser humano que flota como un corcho en un mar de posibilidades y termina siendo ninguna. Existe una desconfianza por la razón positivista y un auge de la emocionalidad.
[2] Firmada en 1864 en Ginebra, Suiza. Regula el tratamiento humanitario que se les debe dar a los combatientes de un conflicto armado en materia de asistencia médica y tratamiento de prisioneros. Última modificación fue hecha en 1949 y entró en vigencia el 21 de octubre de 1950 y versa sobre la protección a civiles en tiempos de guerra.

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