La Retórica del Aforismo Político

La Retórica del Aforismo Político

La Retórica del Aforismo Político

La inserción doctrinal y dogmática de una idea, en términos de parafraseo o simple conjetura potenciada en una base empírica, eleva la percepción a un aparente trasfondo sólido e imbatible, estableciéndose así el aforismo como un referente o cimiento de discusión.

Obvio es, entonces, respaldar y proyectar esta sentencia establecida, aun cuando la subjetividad disimulada en la retórica nos merma del cuestionamiento valórico, más que nada porque es muy complejo el escenario de percibir cómo y cuánto éstos se pudieren trastocar en un muy breve plazo de asimilación.

Resultante de miradas convenidamente políticas, en pos de esplendores y desarrollos progresistas que buscan alimentar y saciar a la brevedad, las infatigables necesidades elitistas que se escudan y excusan en las mismas ideas de base, pero que esta vez, a la suerte de axiomas o verdades absolutas, se corrompen en el alimento social que nivela, asevera o fortalece al aforismo de base.

En lo fundamental, la referencia es la carestía del espíritu, la poca o nula significancia que se da al escenario valórico, lo poco sustancioso de un discurso que pareciera quedarse sólo en el enunciado, apelando a una ejecución sobre la marcha, y quedando expuesto sólo el interés demagógico, lo que claramente atenta no sólo a la sabiduría popular, sino a la credibilidad y confianza en los que se supone luchan por aplacar las brechas y desigualdades sociales que tan gravemente nos aquejan.

No es el aforismo político per se el que incide o decide sobre determinada mirada o forma de establecer tal o cual regulación social o forma de relacionarnos, claramente el contexto histórico genera un marco de acción o parametrización doctrinal del que el aforismo fluye y consolida cierta mirada que a la luz de la implementación da una resultante adecuada para las relaciones que se establecen al interior de nuestra sociedad, ya sea en el ámbito económico, educativo o de la salud individual y comunitaria.

Advertido está que esta mirada y construcción va de la mano con el contexto, lo que sin mayor preámbulo  desnuda una imperiosa necesidad de revisión y perfeccionamiento de los aforismos concebidos y establecidos, para quizá plantear otros, o quizá sólo bastará reformar los existentes, y si así fuere, en base a que develamos si tomar una alternativa o la otra?

Vista primigenia nos la va a entregar nuestra sociedad, en el sentido del cómo esta implementación afecta el bienestar y desarrollo social, del cómo se van limpiando e igualando las participaciones ciudadanas y el respectivo nivel involucramiento cívico que nace y deambula inherentemente en el inconsciente colectivo social, es decir, un camino recto y seguro de involucramiento y coherencia entre lo que debiera ser y lo que es, en términos de solidaridad social.

A esta fundamentación, en uso retrospectivo, y apelando al contexto histórico que pudiera forzar una decisión política tomada en algún momento particular, siempre resulta necesario establecer un trasfondo ético y moral que sustente los aforismos como único reflejo de un sostenido crecimiento social, y que no resulte el fondo como una radicalización establecida vía la imposición tajante de una legislatura orgánica que desconozca los principios básicos del comportamiento natural que toda sociedad debiera atesorar a fuego en el alma popular.

Resulta paradójico que sea la vía legal la que pretenda establecer la solidaridad, por ejemplo, como una imposición del actuar comunitario y, por cierto, dirigencial, cuando es el Estado quien debe anclarse en valores éticos para formalizar lineamientos traducidos en el Manual Orgánico Constitutivo de la Nación, y no apelar a una solidaridad cívica impuesta, cómo si la valorización social fuera producto de una legislación más o menos, aun cuando esta sea fruto de una mirada reformada, finalmente siempre será cautiva de un fondo magno vacío.

Discutir sobre el mecanismo acertado, o sobre la tipografía del manuscrito, no hace más que desatender la real implicancia de la carestía de un trasfondo rico y elevado en valores, que sin mayor análisis, y con todo el abrazo legislativo que debiera contener en términos de espíritu, el resto de los vicios legales que han proliferado como una plaga indeseada entre nuestra población, poco a poco y sin mayor esfuerzo se irán desvaneciendo presa de una férrea conciencia social que nivelaría, afinaría y reivindicaría una tan necesaria paz social, a la suerte de la antigua Pax Romana, pero esta paz, nuestra paz, si tendría el fondo solidario y social que tanto nos merecemos como pueblo en particular y como actores de una región cada vez más globalizada y que tan fácilmente cae presa del mareo de altura del “desarrollo y crecimiento”.

Es claro que nuestra Carta Magna cumplió y satisfizo los egoístas e interesados requerimientos que en una época nos subyugaron e ilusionaron artificialmente con valorizaciones que no son las que habitaban nuestro espíritu originario, y quizá por esa inercia hoy nos duela rectificar hacia el alma de lo que en realidad somos, pero este dolor es hoy un mero rasguño en la balanza del bienestar al que estamos invitados día a día, en el claro ejercicio de “distender al máximo el arco de nuestras posibilidades”, pero no como un esfuerzo personal para nuestro bienestar individual, sino para nuestro bienestar social, porque estamos todos llamados, somos todos los involucrados.

Zardoz por Revista Piojo.cl

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Revista Piojo.cl

Acerca de…

Revista PiojoChile está compuesta por una red de colaboradores con opinión, orientada a generar Conciencia Social a través de escritos urbanos.


Sitio Principal Piojo.cl
Twitter @PiojoChile
Pagina Facebook
Grupo en Facebook
Pagina en Google+
Canal de Youtube