Yo sé que como individuo no tengo el control de mi vida

Yo sé que como individuo no tengo el control de mi vida

Yo sé que como individuo no tengo el control de mi vida

Al parecer he dormido durante un largo tiempo y tengo la sensación de haber extraviado el supuesto control de mi vida.

Este extravío, pudo haber nublado mis pulsiones de deseo y voluntad de aquella anhelada y temporal felicidad, cuyo camino de la vida, entre la diversidad de interacciones simbólicas han obstaculizado mi andar.

Me he visto inmerso en el empedrado camino, que sin tener piedad parecen haber creado un constructo que sin pedirme opinión alguna se ha constituido y hecho parte mí habitar.

El sentir anómico que percibo, se ensaña con desenfreno y sin mediar misericordia con mis pulsiones que se revolucionan con un hipotético despertar, además, no solo intuyo que la estructura social y su escala de estratos me han proporcionado este sentir, sino mi familia impuesta, aquella que viene dada, que provista de un tótem impone la figura de la autoridad, que se extrapola y proyecta en liderazgo societal respecto de mi fuerza productiva y mis capacidades.

Pareciera ser que la esclavitud que convivo y me corroe en el cotidiano se ve representa conforme a mi aspiración económica y que sin dudar alguno este sistema económico media y se impone como cuestión de validez y se legitima, autorregulándose en mi contra.

No obstante, esta revelación especulativa cuasi alucinógena, que algunos pueden llamar reflexión, condiciona mi conciencia, conciencia que su ves hace un llamado al cuestionamiento con dejos de incertidumbre o miedo a lo desconocido, dicho lo anterior, ante una venenosa comodidad de la vida cotidiana que me sugiere permanecer dormido.

Pero, continúo explorando en esta divagación, sumergido en una trampa, trampa de aquel juego jugado por el yo mismo, que podría hacerme llegar fácilmente al mismo punto de partida y que concluyo me podría llevar inconscientemente al montón de durmientes que me rodean y no dan cuenta.

Si bien, soy un actor de esta sociedad, que forma parte de esta gran obra teatral llamada vida, el exterior reduce mi cuestionamiento, mis defectos y además me integra sin importarle, no cabe duda que es menester impulsar la imperiosa necesidad de comenzar una vez más a conocerse, pero la enorme muralla de la comodidad se agarra de mi como yo me agarro de nada para evitarlo.

Por otra parte, puedo ver que la racionalización en su sentido clásico catapulta al humano despojándolo de todo sentir situado en un campo tecnológico actual, sin dar cuenta se estira cada vez más por la mediación entre el yo y los ellos y que ante la posibilidad de evolucionar, los ellos cautivados siguen con el medio tecnificado en busca de la verdad, como si fuese la solución a la liberación de nuestra carga histórica de la culpa y la miseria.

Viene a mi mente la secuencia lógica del nacer, crecer, reproducirse y morir como una especie destinada al dormir eterno, donde en una época embebida por la cosificación, el fetichismo y el consumo solo me sugiere y deja como inquietud la acción de “negarse a si mismo, cargar la culpa y sacrificarse”.

Asiento motivadamente que, la atracción por seguir indagando que la dirección del desarrollo de mí verdad, es inalcanzable e incesante, aunque, un sacrificio por despertar de un sueño profundo fuera un estado de pensar inconsciente, donde quizás podría asimilar un abrir de ojos por primera vez.

Apronto qué, despertar no atiende ni al más o al menos docto, ni a un nivel de alienación, ni menos al materialismo histórico, sino, solo a la esencialidad humana natural,  la cual es conocerse o más bien tomar conciencia.

Entonces, si esta toma de conciencia me inspira despertar, despertaré y sea bienvenido toda aquel desarrollo social e intersubjetivo que se hace presente y junto con ello, todos los candidatos para una acción comunitaria que devienen en sus diversas subjetividades de aquellos yoes que se acercan a mi yo y que por ende, se aproximan como si me estuvieran vigilando y que yo, con un sentir paranoico, asiento.

Por tanto, dudo como aquel que lo engañaban sus sentidos, pero aun así estoy dispuesto con voluntad al sacrificio y volver a la búsqueda de mi verdad, que quizás sin saberlo, esa verdad que me ha buscado durante mucho tiempo no se ha cruzado con la mía para enterarse.

Este malestar me agobia y entre mis formas de cognición entiendo que tampoco doy cuenta del ahogo inconsciente como un malestar enajenado que me oprime, sujeta y provoca con ganas de liberarse, como pretendiendo liberar a un desatado, que va a parar a una locura que estaba presa y tensionada entre el que hacer de la vida cotidiana y la otra vida por conocer.

Todo este resonar de identidad e incertidumbre ha sido un largo y extraño proceso descontracturante de la vida cotidiana, que seguramente debo haber racionalizado durante mucho tiempo junto a los constructos culturales de mi ajeno entorno.

Por último, no puedo evitar sentir que me he reencarnado una y otra vez realizando este mismo trabajo de reflexión, aunque corto me quedo de resolver y pienso apriori enfrentar un nuevo camino de comprensión hermenéutica para aceptar mi esclavitud, con el fin de intentar liberarme.

Al menos, para el consuelo de poder entender y ser compasivo con las múltiples realidades del porvenir y que sin ir más allá, espero que el yo que dejo atrás y los yoes que dejo atrás no terminen convertidos en una batería energética al servicio de la inteligencia de la ciencia, como un producto de un pensar perfectiblemente racionalizante, que en un futuro espera por la revolución de la sociedad en el discurso de la llamada al espíritu, que en la práctica nunca podría llegar si no esta en juego la voluntad y miedo al sacrificio.

Relato por equipo de Revista PiojoChile

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