El entusiasmo como pandemia

El entusiasmo como pandemia

El entusiasmo como pandemia

Para Lyotard, filósofo francés, la sociedad ha tenido dos claras muestras de entusiasmo[1]: la primera en julio de 1789, inicio de la Revolución francesa, proceso que llevó a la decapitación –textual– de la monarquía de Luis XVI; la segunda en mayo de 1968, proceso que sacó a la calle a miles de estudiantes de izquierda que se manifestaron contra la idea de “sociedad de consumo” (más tarde a ellos se les unirían los sindicatos de trabajadores, el partido comunista y los obreros industriales, lo que se tradujo en la mayor huelga que Europa hubiera conocido hasta entonces).

Algo similar al mayo francés está viviendo Chile hoy. Una masa que se ha vuelto a magnetizar, un reencantamiento con ser sociedad, lejos de la política y las ganas de hacer girar el paradigma.

Mas no pretendo hacer alusión a temas políticos, prefiero hablar desde una perspectiva más existencialista[2]. Sé que el sistema neo-liberal ha triunfado… duele reconocerlo. Sé que la sociedad de consumo se enraizó en el gobierno y luego estos la bajaron a los gobernados. Y, por último, sé que se me exige ser un operador en esta realidad integrada sin brechas de disentimiento y ventanas emocionales.

Aceptando esta derrota escribo; aceptando esta derrota vivo y aceptando está derrota pretendo volver a entusiasmarme para pelear mi propio mayo francés o decapitar a los demonios que bailan sobre la lápida de las promesas que me hizo el neo-liberalismo. Opciones he tenido y muchas he desechado; ya Freud hablaba del “malestar en la cultura” y la sociedad promueve algunas de sus salidas: muchas botillerías y farmacias por metro cuadrado; en contra partida, el arte ha quedado reducido a una expresión subjetiva y emocional, en una época donde el paradigma científico corre con colores propios, una dictadura de la técnica y los técnicos, personas que saben reparar la máquina y hacerla más eficiente. Véalo usted en su empresa; un ejemplo son las normas ISO, las 5s o círculo Deaming (planificar-hacer-verificar-actuar). Esto nos indica la importancia de la calidad del producto y de que usted sea productivo… Me parece que nos están viendo como máquinas. Nunca he visto una máquina entusiasmarse.

La idea del progreso indefinido es una falacia, al igual que el desarrollo económico indefinido y hoy estos se han edificado como verdaderos fundamentalismos que rezan en dirección a Wall Street, la bolsa de valores de Tokio y la de Sao Paulo. Mientras yo, como Daniel en Babilonia, mantengo una carta de navegación propia.

No es fácil navegar en los intensos mares de la posmodernidad, hay divorcios grandes entre padres, el más cercano entre el padre privacidad y la madre pública, el padre político y la madre sociedad, y el que quieren imponer entre significante y significado. A pesar de lo anterior y de la facilidad de naufragar, lo mío es la constancia. A veces, los brazos se cansan de remar y las costas de cualquier playa llaman a descansar, pero sabiendo que quizás sus embrujos, como cantos de sirenas, terminen perdiéndome como a Odiseo.

Sé que el barco es frágil y la velocidad es lenta. Los vientos de la posmodernidad y el neo-liberalismo son escasos para un marinero con poca experiencia y que no quiere ser ni pirata ni corsario. Otro que no me ha ayudado mucho es Poseidón (nepotismo); creo que es mejor: suele cobrar muy caro sus favores. Hay gente que dice que uno tiene cierta gracia al escribir, mas ¿qué es la gracia? Decirte lo que quieres escuchar, decirte lo que no quieres escuchar lo suficientemente adornado para transmutarlo en una verdad a medias o, de plano, decir algo que todos saben, pero nadie dice. Estética más estética menos, decida usted; yo, como de tantas cosas, no me hago cargo. Sin embargo, al igual que usted, debo rendirle cuentas a alguien y ese alguien no es fácil de satisfacer.

Algunas veces por las noches mi jefe me llama a su oficina y me hace reclamos bastante descabellados. En oportunidades reclama por mi falta de funcionalidad traducida en poca productividad reflejada en una anorexia bancaria. Otras veces, me refriega en la cara la lentitud de mi vida: “no has plantado un árbol, no has escrito un libro y estás lejos del hijo”. Pero también sé que si estuviera cumpliendo con lo anterior, el jefe del lado izquierdo reclamaría por entregarle mi trascendencia a un árbol, un libro o un hijo. Y, lo que sería peor, expresarme a través de la cartola del banco.

Enfermo, destetado por fuerza a los nueve meses, la fiebre y el entontecimiento impidieron que sintiera el último tijeretazo que corta los lazos de la madre y del hijo; me sumergí en un mundo confuso, poblado por alucinaciones simples e ídolos groseros. Al morir mi padre, Anne-Marie y yo nos despertamos de una pesadilla común; yo me curé. Pero éramos las víctimas de un malentendido: ella volvía a encontrar con amor a un hijo que realmente nunca había dejado; yo recobraba el sentido en las rodillas de una extraña.[3]

Lo mío es muchas veces escribir cosas tan básicas como reseñas de productos o restaurantes, pero lo hago de corazón, ya que el dinero que se paga no da para hacerlo por ambición. Se me viene a la mente la imagen de Ben-Hur remando en la galera. De todas formas todas las imágenes se enlazan con el mar, supongo que es donde pertenezco o quizás donde todos y todas pertenecemos.

Hay días en que creo divisar las costas de Ítaca y veo a su reina tejiendo y destejiendo su telar, y a su hijo, Telémaco, corriendo hacia el muelle en busca de su padre. La vida misma: existencia a la espera de lo que viene, sea dulce o de agraz. Sin embargo, a diferencia de las máquinas en que quieren convertirnos, logro entusiasmarme, porque lo único que es posible lograr, después de la debacle, es el entusiasmo. Hoy me anima creer que el falso ídolo del éxito puede caer, que ese héroe llamado linealidad puede tener un agujero de gusano y que un humilde mortal puede lograr rozar el cielo. Hoy vuelvo a confiar en la creatividad puesta al servicio de la sociedad: un individualismo colectivo que nos haga una falange hoplita, dura y cohesionada.

Personas Rol
Mauricio Gonzalez Seguel Periodista
@gmauricio554

Cristian Vásquez Diaz
Edición
@PiojoChile

Bibliografía

[1] Lyotard, Jean-Francoise.”El Entusiasmo” Critica kantiana de la historia. Barcelona España. Editorial Gedisa. 2º reimpresión. 1997
[2] Corriente filosófica que centra sus reflexiones en materias como la libertad, la responsabilidad, la condición humana y el significado de la vida. Su origen es en el siglo XIX y se extiende hasta la segunda mitad del siglo XX. Algunos de sus exponentes son Kierkegaard, Sartre, Camus entre otros.
[3] Sartre, Jean-Paul. ”Las Palabras”. Buenos Aires, Argentina. Editorial Losada. Pág. 14.

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