El contrato del Estado con la muerte del ciudadano

El contrato del Estado con la muerte del ciudadano

El contrato del Estado con la muerte del ciudadano

El ciudadano como parte del Estado, abre sus brazos y se somete a la muerte para rendir tributo a quien le permitió vivir.

Cada hombre nacido en el Estado debe su vida. Soberanos todos y dentro den un Estado libre y con poder soberano, el cual debe estar dispuesto a dar la vida por los demás cuando sea necesario.

El Estado es una extrapolación de la figura de la familia, toma la estructura padre e hijos en el entendido mismo, como Estado y pueblo, y constituye el derecho respecto de la conquista, esto con el fin de legitimar sus acciones y generar la usurpación del poder soberano, transformando al pueblo como su esclavo.

Esta figura emancipadora respecto de la construcción del Estado, se genera porque la justificación de la muerte debe ser legitimada ante el accionar del Estado. Donde el ciudadano es convertido en esclavo, no con el fin claro de matarlo, pero para atar su vida, su libertadad y ser entregarla a la administración del Estado.

Por tanto, el ciudadano debe apegarse a la ley para conservar su vida y de ser necesario debe disponerla ante los demás cuando sea preciso, aunque el ciudadano no sepa el peligro al cual se precipita, debe obedecer. Cuando el soberano dice “Es conveniente para Estado que tú mueras”, entonces debe morir, de otro modo pasaría a ser un enemigo del Estado, un rebelde, un remiso, el cual debe ser sometido a las penas de la ley por desobediencia.

De este modo, el Estado tiene el derechos de ocupar las leyes a su favor y según estime conveniente, a su antojo y con todos los beneficios, mientras que el hombre o el ciudadano tiene el derecho a entregar su vida a cualquier costo para poder conservarla, e ahí la paradoja.

Dicho lo anterior, es claro que el intento de suicidio es un delito, ya que lo que está en juego es la desobediencia, es retomar el poder nuevamente como hombre y hacerlo valer, hacer caso omiso del planteamiento del derecho apegado al Estado y conforme a ello recuperar para si el derecho a la tierra y a la sangre ( ius solis, ius sanguinis )

En la contradicciones del Estado también aparecen estos casos: cuando un hombre expone su vida en un incendio, salva a alguien en el mar u otro ciudadano en definitiva expone su vida e ignora el peligro del intento de suicidio, parece que el Estado y la ley solo lo ven pasar como un acto que no hace ruido en lo absoluto. ¿Porque?

Porque el Estado necesita que cada ciudadano exponga su vida por el otro, como lo es en el caso de la guerra y los soldados, cuando los hombre dan su vida para los demás, ciertamente es un intento de suicidio por su condición de peligro y riesgo, pero no necesariamente puede morir y por lo tanto la capacidad de autogobierno y la libertad de tomar decisiones en la guerra es administración propia y no del Estado. -Nuevamente los beneficios y los antojos de la ley trabajan para el Estado-

La pena de muerte por otra parte es infligida a los delincuentes o criminales, para que no atente contra la vida de otro ciudadano, de otro modo el criminal pasa a ser el Estado, quien esclaviza y quien decide por la muerte o no de otro ciudadano y por supuesto nadie puede estar a la altura de quien impone las reglas del juego y por ende debe morir por ser incompatible. Uno de los dos debe morir.

El juicio al criminal es claro, pues ha violado las leyes del Estado, ha roto el pacto con el Estado y por tanto debe dejar de ser miembro o parte de él, siendo desterrado, tratado como un enemigo público o en estricto rigor aplicar la pena máxima si el derecho lo permite.

¿Qué Estado puede esperar existir perpetuamente?

Si queremos fundar algo durable, no pensemos hacerlo eterno. Para que el éxito corone nuestros esfuerzos es preciso no intentar empresas imposibles ni lisonjearse de poder dar a las obras humanas una solidez que no está en los límites de la inteligencia del hombre.

La constitución humana es obra de la naturaleza, pero el organismo del Estado es obra del arte. [1]

En el caso de las fuerzas armadas del Estado, cumplen un rol fundamental, el cual precisa del resguardo de la desobediencia. En este punto la desobediencia es imperativo que sea regulada ya que la muerte del Estado estaría dada por esta característica, ya que al no obedecer a las leyes se cae la verticalidad de la administración Estatal y pasa a convertirse e una anaraquía.

Por tanto, el control de la población, proteger al mismo Estado de otros Estados, para no convertirse en esclavo, se ampara en las las fuerzas armadas, quienes deben ser intachables y todo problema o conflicto con la población debe permanecer oculto, o debe ser dilatado cuanto sea necesario, para no afectar la imagen de altruismo del personal militar cuyo fin es entregar la vida por el Estado.

Para terminar, el Estado con tal de sobrevivir puede apoyar, ocultar o dejar pasar las propias paradojas de su concepción, sin embargo, ningún sistema puede subsistir eternamente y por tanto su desmoronamiento dada las condiciones epocales traen consigo una serie de cuestionamientos que debilitan la carcasa subsidiaria de la vida en la cual hoy se ha convertido el Estado.

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Bibliografía

[1] Juan Jacobo Rousseau – El Contrato Social o Principios del derecho polítco

 

2 Responses to El contrato del Estado con la muerte del ciudadano

  1. josé reinaldo godoy castillo agosto 10, 2015 at 9:53 pm

    Muy clara explicación para un tema poco conocido y de suma importancia.

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