Aylan Kurdi: Indagaciones profundas sobre el significado de la muerte

Aylan Kurdi: Indagaciones profundas sobre el significado de la muerte

Aylan Kurdi: Indagaciones profundas sobre el significado de la muerte

¿Quién puede permanecer impertérrito frente a la muerte de un niño? Nadie. Es así como todos nos conmovimos con las crudas imágenes del niño sirio Aylan Kurdi que conocimos la semana pasada.

Como es costumbre los lamentos se multiplicaron exponencialmente en las redes sociales. En twitter fue trending topic, en Facebook se llenó de imágenes y frases de condolencias y en YouTube, el video tuvo una gran cantidad de reproducciones.

Nadie puede negar que el ser humano sea una de las especies más crueles que habita en este planeta. Nadie puede creer que estas imágenes no se volverán a repetir, ya que son imágenes que ya hemos visto muchas veces. Desde el nacimiento de la fotografía, televisión y posterior hiperconectividad. Nuestro ojo no puede escapar a las más crudas imágenes. La dictadura de la imagen y la imposición de tener que saber, hoy es una firme atadura que nos sostiene como sociedad.

Recordemos las imágenes de niños en Japón luego de que cayera la bomba atómica, la imagen de niños corriendo el Vietnam quemados con Napalm, las imágenes de niños muertos por hambre en África y los niños que murieron calcinados en la carretera del medio Oriente producto de los daños colaterales de la guerra del Golfo pérsico. Claras víctimas inocentes de conflictos que quienes deberían velar por su bienestar y seguridad han enarbolado como cruzada, ya sea por territorio, dinero, petróleo o simple limpieza étnica.

La tragedia de Aylan Kurdi se inscribe en el fenómeno de los movilizados por conflictos bélicos, un hecho que escucharemos por largo tiempo. Arranca en la zona de conflicto que se ha transformado en la única esperanza para miles de familias, ya sea en Siria, Palestina o los Balcanes. Para dejar atrás todo y arriesgarse a perder lo único que les queda, bien vale el riesgo para no vivir en el infierno de los músculos tensos, la respiración rápida, el olor a pólvora y la muerte tocando a la puerta.

Pero, ¿porque nos horroriza tanto la muerte de un niño, más allá de lo terrible que es?. A continuación intentaré graficar a través de dos ejemplos la razón.

  1. El Muselmann[1]: Podemos asistir a la odiosa, pero necesaria comparación de la figura muerta del pequeño sirio y compararla con la posición física de los muertos en campos de concentración y exterminio nazi. Es este Muselmann quién nos recuerda nuestro compromiso con el prójimo de virtud judío/cristiano. Es el Muselmann quien nos saca de nuestra vida acelerada de la producción y el desarrollo constante, es él quien nos mueve de la trivialidad del cómodo sofá y el partido de fútbol, es la figura del Muselmann la que nos indica que debemos reflexionar más allá de nuestro ombligo.

    Sin embargo, en este punto volvemos a enfrentar le dilema clave: ¿Qué pasa si es precisamente bajo el aspecto del rostro –sin rostro- de un Muselmann como encontramos el llamado del Otro en su forma más pura y radical? ¿Qué pasa si, enfrentados a un Muselmann, damos con nuestra responsabilidad hacia el Otro de la forma más traumática?”[2]

    Ya bajados a la realidad más allá del espiral de nuestra ciudad, los ciudadanos entramos en un cierto estado desconocido, un espacio que nos lleva al molesto ejercicio de reflexionar, ya que una vez vista la imagen del Muselmann sirio o Aylan Kurdi, no podremos sacarla de nuestra cabeza. Los medios de comunicación nos recordarán constantemente la imagen, las redes sociales harán lo mismo y nuestro círculo cercano traerá el tema a colación muchas veces ¿Podemos escapar de la dictadura de la imagen? No ¿Podemos escapar del Muselmann? No

  2. Odradek[3]: Aquella criatura imaginaria o no que habita en el universo kafkiano ¿Cómo me tomo la libertad de comparar la vida de un niño con Odradek? Pues bien, lo hago para graficar los significados más profundos de los terrores que evocan la muerte de un niño.La imagen del niño muerto en la playa tiene similitudes con Odradek, ya que al igual que él está incompleto; le falta la vida. El Odradek, es un objeto inútil, al igual que Aylan Kurdi, antes de morir era un número en una inmensa lista de personas que huían de un conflicto bélico. Al igual que Odradek, Aylan Kurdi no tuvo domicilio fijo, ya que murió en las playas.Pero, ¿que es lo más aterrador de la tragedia?, en cierto punto un sentimiento de miedo egoísta que nos señala que: El Odradek/Aylan estarán vivos aún después de nuestra muerte; Aylan Kurdi vivirá por siempre inmortalizado en una imagen que puede vaciar de significado su muerte.

    No se le hacen preguntas difíciles, desde luego, porque, como es tan pequeño, uno lo trata como si fuera un niño.

    -¿Cómo te llamas? -le pregunto.
    -Odradek -me contesta.
    -¿Y dónde vives?
    -Domicilio indeterminado -dice y se ríe.

Es una risa como la que se podría producir si no se tuvieran pulmones. Suena como el crujido de hojas secas, y con ella suele concluir la conversación. A veces ni siquiera contesta y permanece tan callado como la madera de la que parece hecho.

En vano me pregunto qué será de él. ¿Acaso puede morir? Todo lo que muere debe haber tenido alguna razón de ser, alguna clase de actividad que lo ha desgastado. Y éste no es el caso de Odradek. ¿Acaso rodará algún día por la escalera, arrastrando unos hilos ante los pies de mis hijos y de los hijos de mis hijos? No parece que haga mal a nadie; pero casi me resulta dolorosa la idea de que pueda sobrevivir.

Y, por último, la tragedia de Aylan Kurdi refleja la manera de escribir de Kafka, aquella que nunca llega a su destino: Una herida que no cierra, pero tampoco nos mata. Una carta que se logra enviar, pero que no llega a su destino. Un niño que logró escapar de la guerra, pero no logró sobrevivir y que tampoco dejará de existir, porque vivirá en los constantes vaivenes del inconsciente colectivo, recuentos de catástrofes, registros en redes sociales, videos en YouTube y recortes de prensa.

Personas Rol
Mauricio González Seguel Autor
Periodista
@gmauricio554
Cristian Vásquez Diaz Edición
@PiojoChile

Referencias

[1] Musulmann: Los cadáveres ambulantes Los prisioneros que llegaban a creer en las repetidas afirmaciones de los carceleros (que no había esperanza, que jamás abandonarían el campo de concentración, excepto como cadáveres) y que creían que no podían ejercer influencia sobre su medio ambiente, se convertían, en un sentido literal en cadáveres ambulantes, en los campos de concentración los llamaban “musulmanes” (Musulmänner), debido a que se consideraba un sometimiento fatalista al medio ambiente, como se supone que los mahometanos aceptan su suerte.

[2] Zizek,Slavoj. “El prójimo: tres indagaciones en teología política”.Amorrartu Editores. Buenos Aires, Argentina. Año 2010.Pág. 217

[3] Odradek: Criatura imaginaria que aparece en el cuento corto Las Preocupaciones de un Padre de Familia de Franz Kafka. La descripción física del Odradek lo muestra como un carrete de hilo plano y con forma de estrella, añadiéndole además algunos otros apéndices.

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