Crónicas del abandono – Recuerdos de infancia – Cap.03

Crónicas del abandono – Recuerdos de infancia – Cap.03

Crónicas del abandono – Recuerdos de infancia – Cap.03

Desde 1972 a 1975, llegan recuerdos imborrables que se remontan a Calama y Antofagasta. Aquí van esos flechazos cuando tenía entre 5 a 7 años.

Arrastrando un pie en una caja de zapato, jugando con tierra por todas partes, una niña con un cintillo blanco en su cabeza estaba cerca mio, nos acostabamos juntas, me ponía mucha ropa, esa niña me abrazaba en las noches, yo tenía unas botas de charol rojo, me gustaban mucho. ¿Pero, quién es esa niña? Esa niña, era mi hermana mayor que años después me enteraría.

Recuerdo que jugaba en un auto viejo, rodeada de niños, con mi chupete (tete) colgando, en un columpio, mientras mi vestido flameaba sucio y roto como bandera de batalla, derrepente, corro fuerte para que no nos pillen, muchos gritos por todos lados, se escucha entre el ruido -los milicos! había que llegar a la casa y esconderse debajo de las camas.

Luego de eso, recuerdo gritos, golpes, bulla en mis oídos, voces, oscuridad, miedo, llanto…

Despierto en el hospital de Calama llorando, preguntando por mi mamá lloraba y pedía a mi mamá, mi brazo estaba con una venda y tenía un trapo blanco en la cabeza, una pareja de enfermeros del hospital de Calama, me dicen que todo estará bien y que estarán a cargo de mis cuidados, que mamá ya vendría y que estaba prohibido recordar lo que había ocurrido.

En ese lapso de tiempo ya no me encuentro en el hospital, esta pareja de enfermeros me llevan a un lugar, pero no se que pasó con ellos después, que no estoy con ellos, tengo flashes de un edificio en donde me pongo a saltar en la entrada entre la escalera y la calzada con mi tete que lo veía saltar de mi cuello.

Me veo en una casa donde habitaba una familia, la familia Esperanza; primera familia que el Estado me asignó. Habían varios niños de los cuales yo era la más pequeña, recuerdo que siempre esperaba a mi mamá. Un día jugando me prepararon porque iba de visita el enfermero, yo estaba en un garaje, me llaman para saludarlo, el venía con un amigo.

Lo reconocí, corro hacia él, me sienta en sus rodillas, de pronto estaban hablando con la familia Esperanza sobre mi, yo sentada en un sillón mirando hacia una ventana chica y una puerta que apenas veía luz, de repente me agarra fuerte y se para, saca algo amenazando a la familia. Me fui con ellos, el enfermero me iba consolando, recuerdo que me decía que me callara, que mejor me portara bien. Nos subimos a un auto, arrancó y yo veía cómo me alejaba de ese lugar.

El cuarto donde me llevo Roberto (el enfermero) era feo, se encontraba en una casa con muchas habitaciones con gente por todas partes, había un patio grande con mucho ripio, había unas niñas que las llamaban la perlinas, yo me uní a ellas no las recuerdo bien, pero eran de ese lugar, habían muchos cuyis, animalitos simpáticos y que me hacían compañía.

Me trataban como un perro, los malos momentos ya estaban ahí, sentía que la mujer de la toca blanca, pareja de Roberto, siempre estaba enojada, me trataba muy mal, me jalaba el pelo muy fuerte para peinarme, lloraba y me hacía callar pegándome fuertes cachetadas en mi cara, ya que yo no era muy obediente y lo único que hacia era llamar a mi mamá y nombrar a la niña de cintillo blanco.

El enfermero empezó a castigarme crudamente porque no hacía caso, yo seguía preguntando por lo mismo, por mi mamá y la niña del cintillo blanco, me pegaba mucho y me hacía acostar sin comida, sentía mucho miedo, no lo olvidaré nunca, le pegaba a su mujer, escuchaba sus gritos a diario, sentía mucho miedo.

Yo estaba en el cuarto encerrada y ellos en el hospital, yo quedaba casi todo el día sin comer y con mucho frío, hacían lavar mi ropa y calcetines de él, recuerdo que el agua era color chocolate y buscaba algo para calentar mis manos que me dolían mucho.El hambre ya dolía, quería salir a jugar a la calle, pero seguía ahí, en ese cuarto.

Un día paso algo, me recuerdo pasar muy temprano tapada a otra casa, desde la mamá de la toca blanca, hacia la que yo le decía la abuela cuba, ahí veía tele, habia un señor con anteojos cuadrados que todo el mundo adoraba (Allende), jugaba con unas niñas grandes que me cuidaron mucho, hijas de la abuela cuba, ellas me protegían de los abusos de Roberto.

Recuerdo que barría grandes partes del patio, sentí que la tierra lavaba mi ropa, había un señor que le decían el Tata era el vecino, a él se lo llevaron los milicos, fue impactante ver tanto militar, él era el ekeko de la abuela cuba, la acompañaba en su complicidad en abundancia, le ponía un cigarro y yo me reía, era distante y claro no era nada mío, pero simpatizamos, de momentos sentía que nadie me quería, que me tenían ahí no se porque razón, tal vez era porque yo solo quería a mi mama y la niña.

Hubo días que Roberto llegaba borracho, se enojaba con todas en casa y terminaba golpeando todo muy fuerte, porque yo lloraba al extrañar mi mamá, ellas las hermanas de la mujer de Roberto, tenían mucho miedo, todavía siento aquellos sonidos de fuertes golpes como timbres en mis oídos.

Con los días aparece en Calama una señora anciana, era la mamá de crianza del enfermero, cuando me vio simpatizamos, empezó a visitarnos más seguido y ella me llevaba ropa y comida, yo le decía mi abuelita Berta, y cuando la veía llegar de Antofagasta le decía ahí viene mi abuelita! me aferraba a sus rodillas gruesas y firmes como el refugio para salvarme.

Ella en una ocasión me pilló lavando ropa en una batea, estaba completamente desnuda, ella me abrigo, se molesto mucho porque hacia mucho frío, y le dijo a Roberto que ¿porque la niña esta lavando? Que como se le ocurría hacer esto con una niña tan pequeña, si no es tu hija con mayor razón cuídala, a lo que el le responde que no se meta mejor y que si nos viene a ver que sea por la paz.

Yo me acuerdo de las manos tan suaves y arrugadas de la abuelita Berta, luego de discutir con Roberto, saco algo de la bolsa, me abrigo y ella terminó de hacer mi trabajo, dentro de la familia de la mamá de la toca blanca, había gente que me quería, pero el enfermero no dejaba que se metieran a ayudarme, ellos me llevaban a pasear, e inclusive recuerdo que fui mascota de un equipo de fútbol, donde jugaba el tío, hermano de la mamá de la mujer de toca blanca.

Un día, Roberto toma unas tijeras y se acerca con ellas, sentí miedo, él se caracterizaba por ser violento, pero para mi suerte solo quería cortarme el pelo, me compraron ropa, recuerdo que me gustaba mucho, era flaquita, de pelo largo y rubio, las personas que visitaban a Roberto eran amigos, un paramédico que era de Antofagasta y una mujer de ojos azules con un portafolio. Una vez por casualidad escuché una conversación que me angustió ,escuche algo ”no se la voy a dar, mejor me la llevo, total nadie sabe que me traje a esta niña”. Después de oír eso, mi mecanismo de defensa se activó hasta que un día un hecho rompió la monotonía:

Me veo en unos buses rosados Arancibia, donde me llevaba a ver a mi abuelita Berta a Antofagasta, había muchos militares por todas partes, nos revisaban los bolsos, sentía terror de parte de Roberto con su mirada. llegamos de noche a casa de mi abuelita, aquí llegué a la población Oriente, estando allí Roberto me dijo que ya me durmiera, me dio unos escudos(dinero) para que comprara dulces y luego me fuera a acostar, porque mañana iríamos a muchos lados con la abuela Berta.

Cuando desperté ya no estaba, buscaba mis botas empecé a llorar sentí que estaba perdida nuevamente, le dije a la abuelita que tenía mucho miedo, ella me arrulló en sus brazos y me dijo que vendrían pronto, que ero era lo que a ella le había dicho.

Mientras pasaba el tiempo 73′ al 75′, mi abuelita Berta pasaba mucho tiempo en cama, ella pensaba y pensaba, sentí siempre miedo que se me muriera y al mismo tiempo me preguntaba ¿que haría yo sola?, ella vivía sola en una casita de abuelita, una casa humilde de dos pisos, pero pequeña.

Tenía un perra llamada Yarla, con ella jugaba le ponía batas y le pintaba el hocico con rush, la abuelita no tenia televisor, refrigerardor y cosas sofesticadas que estaban saliendo en esa época. Mientras pasaba el tiempo comencé a llamarle mamá berta, me regaló una ollita para que hiciera mis caldos, me compro un lavatorio para lavarme por las mañanas y un cepillo de dientes.

Un día sentí que estaba angustiada, dijo que yo tenía que ir a la escuela, pero no tenía ningún papel mio. (Año 75), me pregunto si me acordaba de mi nombre completo, al ver que no sabía, fue al registro civil y me inscribió como su hija y de su marido ya fallecido y me bautizó en la iglesia de san Francisco de Antofagasta, la madrina fue ella con el padre Mario recuerdo, con esos papeles entré a la escuela con 7 años a segundo básico, fue todo a la vez: números y letras, era aprender rápidamente todo lo más básico, hace pocos años atrás me recordaron que había aprendido a leer en una semana correctamente.

En la escuela era muy traviesa y tenía condiciones en rama artística, mi primer baile fue uno moderno, Rock the boat de Hues Corporation, para los niños de octavo en una despedida (año 1975), fui popular como a todos los de mi grupo de artistas cada año que participa en bailes y también en coro. En mi consciente yo buscaba algo para mitigar mi dolor y mi falta de familia, mi pobreza, además de que me nacía del alma hacer cosas.

Era tiempo de dictadura y se sentía en las escuela la presencia militar, canciones como la de Nino Bravo, “libre”, la cantaban mucho los milicos, frustrante fue ver que en la población y la escuela sentía que muchos se reían de mi condición, pobre y sin familia, tuve problemas de concentración todo el tiempo, era revoltosa, la maestra a cargo realmente nunca supo bien qué es lo que pasaba conmigo, además yo tenía prohibido hablar de mis condiciones, Roberto me señaló drásticamente que no tenía permiso para hablar con nadie y llegar puntual a la casa después de clases, de no ser así, me golpearía y encerraría en un cuarto hasta cuando considere pertinente. Cuando estaba lejos de nosotros yo recordaba sus amenazas y no hablaba a nadie por miedo, era como una rehén.

Así que pase a ser una alumna regular con ganas de aprender, pero tenía muchas cosas en mi mente, preocupaciones que no sabía como solucionar. Se hablaba mucho de Pinochet por todas partes y mi mamá (Abuelita Berta) siempre me decía que yo me quedara callada si me preguntaban por mis papas, tenía que decir que estaban de viaje y ya, el enfermero no se presentaba y llegaban cartas que yo le leía a mi mamá Berta.

Todos le preguntaban de donde había sacado a esta niña tan bonita, acaso era su nieta, porque les decía mamá, porque los ojos parecen ser marrones con el contraste de su pelo, si les contestaba, es de ojos marrones. Y así pasaron otros años más las dos solitas ella criandome y yo conociéndola.

Continuará – “Crónicas del abandono – ?????? – Cap.04”

Personas Rol
Ojos Marrones Autor
Cristian Vásquez Diaz Editor 
@PiojoChile

One Response to Crónicas del abandono – Recuerdos de infancia – Cap.03

  1. lilian esquivel septiembre 2, 2015 at 10:23 pm

    …..tengo mil sensaciones, un escalofrio recorre mi cuerpo, estoy muda….tengo que “digerir” muchas cosas……siento mucha pena pero a la vez ..no puedo decir alegre sino agradecida que lo hayan compartido conmigo…agradecida, hay mucho que seguir aprendiendo, bueno, estremecedor, para meditar cada palabra, cada recuerdo….

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