Crónicas del abandono – Doble identidad Forzada – Cap.05

Crónicas del abandono – Doble identidad Forzada – Cap.05

Crónicas del abandono – Doble identidad Forzada – Cap.05

En muchos casos, la doble identidad ha sido ocupada por grandes personajes donde han hecho uso de ella con el fin de protegerse, junto a ello el cambio de nombres y apellidos también se ha usado para personajes ficticios en libros y novelas.

En otros casos, ha sido asidero de identidades comprometidas con algo ilegal, como es el caso de narcotraficantes, pedófilos, estafadores, etc. Pero, cambiarle el nombre y apellido a una infante y luego a una adolescente por beneficio de terceros, siento que es un crimen.

Mis gritos van letrados hacia la justicia chilena, porque me hizo pasar una experiencia denigrante, yo era una niña que se iba forjando con una identidad bifurcada. Y por lo demás, no esperaba nuevamente jugar con otro cambio en mi resiliencia. Ya habían pasado muchas cosas, y todo se volcó cuando menos lo esperaba y donde todo acontece muy rápido (en la adolescencia), donde en esos años yo caminaba frente a la sociedad aparentando tenerlo todo, pero en el fondo estaba carente y desorientada de todo lo que me rodeaba.

Es tan difícil asimilar un cambio de identidad, más aún cuando los recuerdos de los orígenes ya se están desvaneciendo y pareciera que no hay como evitar que desaparezcan por completo, eso provoca no sentirte parte de la sociedad. Además, si ya tenía apellidos ¿porque cambiármelos? si ya había costaba tanto asumir un apellido de alguien que estaba muerto y no conocí, el poder acomodar un nombre con otro fue y es difícil, mas aún cuando mi registro de identidad quedó con el apellido de una persona que realmente marcó mi vida con daños y perjuicios -Roberto-. El tener que aprender a aceptar y aparentar una vida sin tener nada propio, para salir a las calle y caminar asumiendo falsamente que lo tengo todo y que nada te falta con el fin de no levantar sospechas, es algo deprimente.

Entonces , así comienza, desde el 1979 a 1982 en Arica y Antofagasta, comienza mis cambios de identidad.

Visité a Roberto en Arica, el ya estaba casado, -cosa que me dejo perpleja porque yo había visto otras cosas en su vida sentimental-, el era mujeriego. Nuevamente en Antofagasta mamá insiste que mejor vamos a vivir con él, Roberto aceptó, yo temerosa de él y a la vez sentía mucho miedo por la salud de mamá Berta. pero de igual forma fuimos, siempre con la intención de estar más acompañadas y sin rencores, migramos por segunda vez con él en 1979, a mí me daba mucho susto su presencia, pero dentro de todo yo estaba tan confundida que yo llegue a pensar que él era mi padre.

Ya en su casa, y en los primeros intentos de convivencia, el maltrato aparece nuevamente, su trato violento llega a ser público, en la escuela no lo conocían, -yo le avergonzaba-, sus amenazas aumentaron y sus dichos vociferaban que me metería a un internado, esa palabra fue la amenaza por añadidura, siempre decía –“que si hablaba me iría mal, al internado, al internado!!”

En ese tiempo, recuerdo que las personas andaban aterrorizadas, los militares estaban por todas partes, con la onda pre-militar, los pelaos rasos en las plazas, siempre andaban esperando jugar con el miedo de alguna niña.

Los militares nos llevaban a los desfiles a alabar a Pinochet obligadamente, “el Tata”, así le pusieron las personas de mi generación criada con fríos sentimientos, yo no entendía mucho, lo trataban de héroe, llegué a escuchar que tenía que estar agradecida, porque él me había salvado de lo peor. ¿De lo peor? -me cuestionaba confundida!-

Los militares también decían -“Pinochet andaba espiando a todos los niños chilenos”, más me entró el terror, me asusté mucho, -aparentando estar muy bien-. Mientras en Arica estaba lleno de militares, yo vivía en la impotencia, de no poder decir ¡hey! oye escúchame tengo un drama horrendo, ¿como hago para encontrar mi familia?, ¡yo sé que la tengo!.

Esos días eran de mucho estrés, control y bloqueos permanentes de mi memoria. En mis recuerdos, la niña del cintillo blanco se desvanecía y yo la volvía a memorizar. Me perdía en el miedo, en el diario vivir hubo días que mostré una sonrisa delante de Roberto que se traducía en hablar estupideces, para así caerle bien y poder parar ese odio latente que tenía en contra mía. El juego de la apariencia era desgastante, vivía cansada y con miedo a mostrar algo que me metiera en problemas.

En Arica estudié en la escuela de niñas D-6 República de Francia, tuve unas compañeras inolvidables, recuerdo a la maestra Quinteros y la Directora de la escuela, a ellas nunca las olvidaré por el apoyo que me dieron en ese momento, llenaron mi vida de esperanza. En ese colegio fui candidata a reina, lo que produjo que mi estima y confianza se fortaleciera -fue algo como un respiro-. Esta escuela fue testigo de lo que viví en Arica en ese tiempo. Crecí siendo social, siempre rodeada de gente, pero jamás una palabra de lo que vivía en mi realidad.

Las cosas empeoraron tanto que en 1981 volví a Antofagasta con mamá Berta y esta vez mi madre perdió su casa y fuimos a arrendar, todo empeoró y claro, mi mamá Berta más anciana hacia que la situacion fuese mas difícil de sobrellevar. Un abrumador panorama tenía todos los días al despertar. Regresé luego a la escuela E-67, allí empecé a esforzarme lo mas que podía, una de mis amigas de la cuadra habían tenido un cambio, Sally estaba crónicamente enferma, me allegué a ella lo que más pude.

Participé en varias ocasiones en el comité de la escuela, actué en la pérgola de las flores donde yo era la Carmela, eso me ayudó a mitigar mi identidad perdida, al final iba sintiendo que me había perdido: que nunca más volvería a ese origen que recordaba siempre. Mi mamá Berta sentía impotencia de no poder apoyarme y me preguntaba el porque de mi angustia, y decía porque ellos podían tener una vida normal, y yo no!, ¿porque? que había hecho mal para yo ganarme esta situación.

Mamá Berta era muy educada, a pesar de tener solo 5to básico, trabajó en el auge de las salitreras en María Elena, en lo personal tenía valores claros, respeto y consideración. Yo absorbí todo eso, era católica y respetaba las ideologías de los demás, nunca la escuche hablar mal de nadie, me decía que ella venía de Pemuco Chillán, que su papas tenían aserraderos y muchos animales, que a ella le tocaba trabajo duro y que un día escuchó que mucha gente migraba al norte y se vino de ahí a los 17 años.

Me aclaró que a Roberto lo había recogido de muy pequeño, lo crió, creció con ella y su esposo, lo querían mucho, pero tuvieron muchos problemas con él, y aún así, le ayudaron a formarse de paramédico, se graduó y regreso con su familia biológica, me contaba que a ella los visitaba ya muy poco. A mamá Berta eso le dolió mucho por parte de Roberto, pero de igual modo lo quería. en el año 82 se cumple lo que Roberto había mencionado en algún momento, en Arica cambió sus nombres y apellidos. ¿Porque? según él decía que no podía seguir llevando el apellido de una persona muerta que después tendría muchos problemas, yo aterrada, pero simulaba entender mi situación cuando por dentro me moría. Así de grave.

En mi mente veía a niños con sus papas, para mí era tan doloroso no tenerlos. Escuché lo de cambiar el apellido, -Dios- me dije que miedo! no quiero llevar su apellido, pero la decisión ya había sido tomada, sucedió a mitad del año 82 teniendo que viajar a Arica, recuerdo que interrumpí en la sala del registro civil y le dije a Roberto que yo quería seguir llamándome igual con mis do nombres y el apellido de mi mamá Berta, lo cual produjo que cambiara solo el apellido paterno, llevando su apellido.

Lo que nadie se percató a excepción mía fue que también al hacer este cambio de nombre, Roberto recibiría una cantidad retroactiva de dinero por mí, por asignación familiar. De repente ya tenía su clínica paramédica. ¿cómo? ¿ahorró sus años y le faltaba ese poquito para su negocio?, me di cuenta que fue un beneficio para él, haciendo uso de esta asignación hasta mis 18 años, asignación que no vi en ningún momento, aunque pudo haber sido poco lo recibido, me correspondía.

No me gustaba nada de lo que vivía, pero no tenía salida por ningún lado y otra vez tenía que retornar a Antofagasta y cambiar todo en la escuela, el proceso fue agobiante, pesado y me dio vergüenza en la escuela poner mi cara y explicar a mi edad de 14 años que ya no me llamaba Juana de las Peras si no de las Manzanas. Fue terrible experiencia. Sentía horribles confusiones, fue angustioso ver a Roberto como papá y hermano, y sus rivalidaddes por la madre de crianza, esa era otra preocupación. Mientras tanto los hijos de militares -que eran muchos- me miraban sospechosamente -algo que claramente me molestaba mucho-

Varios comenzaron a rumorear cosas que no entendía, respecto del porque me habían cambiando el apellido. Ese cambio de identidad me marco para siempre, permite recordar al peor de mis agresores, Roberto, su descuido y soledad hacían de mi persona vivir las peores pesadillas.

Ya terminando la básica en esa escuela, dejé muchos recuerdos y también evidencia de lo que transmito hoy, tuve muy buenos maestros y amigos cuya amistad conservo con la mayoría de ellos hasta el día de hoy.

Mientras tanto, la enfermedad de unas de mis grandes amigas iba empeorando y yo no podía estar con ella, porque de la nada algo inesperado hace que volvamos con Roberto.

Continuará – “Crónicas del abandono – Retomando mi causa – Cap.06”

Personas Rol
Ojos Marrones Autor
Cristian Vásquez Diaz Editor 
@PiojoChile

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